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(07/12/2015) En un artículo de Panam post, escrito por Pedro García Otero, se hace un análisis de la situación política actual después de la contundente derrota que sufriera el madurismo en las recientes elecciones del #6D.

Dice el autor que: “Sería muy fácil, en este mismo momento, (para la oposición) lanzar un discurso encendido, decir que ahora lo que viene es un referendo revocatorio, una constituyente y un cambio político acelerado. Los votos dan holgadamente para ello; se habla de que la oposición tuvo hasta 70% del favor popular. Pero además, mientras pensaba en estas cosas, hablaba Nicolás Maduro, el presidente venezolano, y decía que el “chavismo” había “recibido una bofetada”. Fue mucho más que eso.”

Los ciudadanos, hablaron muy fuerte y muy claro. Lo sucedido ayer fue un plebiscito contra Maduro y su régimen. Pero sería muy peligroso para la MUD asumir un triunfalismo vacío. Antes que a nadie, a la oposición le conviene que el Gobierno se sostenga, cuando puede caer en unas horas y dejar detrás de sí una espiral de ingobernabilidad.

Un derrumbe desordenado del Gobierno de Maduro —tras los resultados de ayer, no solo es posible, sino factible— sumiría al país en un caos. En el chavismo, los próximos días serán de confusión y pases de facturas. El “chavismo” se sostenía en base a tres creencias que tanto Hugo Chávez como su régimen, del cual Maduro es una continuación, se encargaron de grabar a fuego en la psique de todos los venezolanos y especialmente los de oposición:

  1. Que los pobres lo apoyan de forma irrestricta.
  2. Que, como consecuencia de lo anterior (los pobres son más) era siempre mayoría.
  3. Que el Ejercito era su pilar y lo apoyaría en cualquier aventura que emprendiera.

Las tres se cayeron ayer. Por esto, vienen días muy difíciles para el chavismo, pero también al resto de la sociedad a la que no debería poder arrastrar en su caída. Lo más peligroso es que el chavismo no es un movimiento político normal, y es tan poco normal que sus diferencias pueden dirimirse a balazos, como entre los malandros. A buen entendedor, pocas palabras.

Estaba claro que en un país con 300% de inflación, 70% de escasez y 76% de pobreza no iba a ganar el Gobierno. El único que no lo entendió, y sigue sin entenderlo, es Maduro; y los que están alrededor suyo.  Quizás porque de tanto privilegio, ya se les olvidó como es estar en el pueblo llano.

Para el autor, si Maduro se derrumba en estos días terminales de su gobierno, eso puede traer mas mal que bien al país por ello, considera, que deben darle “sales aromáticas”, como hacen co los boxeadores, para que tome un segundo aire pero a sabiendas que ya no tienen el poder de antes y tampoco el apoyo popular.

Teoría arriesgada para algunos y criticable para otros pero sin duda, la crisis generada por el Madurismo, debe tener un representante que asuma la responsabilidad y ese sin duda es Nicolás Maduro.

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