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(11/12/2015) Este artículo escrito el pasado mes de septiembre por la periodista y analista político, Gloria M. Bastidas, especula acerca de un hecho para entonces impensable: que Diosdado Cabello fuera nombrado vice presidente de la república y las consecuencias que se derivarían de ello. En nuestra opinión, merece una lectura porque el nombramiento de este personaje como vicepresidente pretende blindar a la revolución frente a una posible falta de Maduro a la vez que protege a Diosdado frente a posibles acusaciones de narcotráfico que medios internacionales han afirmado que EEUU hará publicas en poco tiempo.

ENROQUE: La jugada que puede salvar a Diosdado

Es tan solo un ejercicio de imaginación. No más que eso…

¿Dónde nos podemos imaginar a un Diosdado Cabello que, suponiendo que el chavismo pierda la mayoría, ya no pueda ser el factótum de la Asamblea Nacional?.

¿Qué pasaría si el capitán Diosdado Cabello pasara a la vicepresidencia de la República? Lo suelto a título especulativo: ésa es una jugada a la que podría apelar el chavismo para sortear la tempestad que le vendría encima si el 6D, tal como pronostican todas las encuestadoras (las mismas que antes daban el triunfo a Chávez), pierde el control de la Asamblea Nacional, lo que, en consecuencia, sería el preámbulo para que en Venezuela se produzca un cambio en el mapa del poder.

Una ola de cambio que puede convertirse en un tsunami para el presidente de la República, cuya cabeza podría rodar, tal vez no como rodó la del radical Robespierre de la Revolución Francesa, que fue literalmente pasada por la guillotina, sino como producto de la guillotina constitucional. La guillotina que no genera ríos de sangre. La guillotina que genera ríos de votos: elecciones anticipadas o referendo revocatorio.

Pero pensemos mal. El chavismo ha demostrado ser un excelente jugador de ajedrez. Un maestro del póker. Un buen discípulo de los cubanos.

Aunque pierda la Asamblea, el Gobierno, que por algo es gobierno, seguirá teniendo margen de maniobra. Porque seguirá manejando los hilos del poder y porque  no se sabe si el factor clave de todo esto —el fiel de la balanza—, que son las Fuerzas Armadas, seguirá actuando como guardia pretoriana del régimen o, forzada por las circunstancias, se dejará llevar por los vientos de cambio. El papel de las FANB será fundamental para lo que ocurrirá después del 6D. Para los escenarios que vienen.

Y un escenario, que, repito, no está basado en ninguna información privilegiada que yo maneje sino en el simple arte de la imaginación política, es que Diosdado Cabello pase a ocupar el cargo de vicepresidente de la República. ¿Con qué objetivo?

Veamos. ¿Dónde nos podemos imaginar a un Diosdado Cabello que, suponiendo que el chavismo pierda la mayoría, ya no pueda ser el factótum de la Asamblea Nacional? ¿En qué cargo, si acaso la oposición se alzara con el control del parlamento? Pues en la vicepresidencia. ¿Cuál sería la razón de esta jugada?

Primero: sería un cambio elegante. ¿Puede uno figurarse al capitán Cabello subordinado a un presidente de la Asamblea civil y, peor, de la oposición? Segundo: con el objetivo de que los rojos preserven el poder y de que, en caso de que Maduro, por cualquier circunstancia, sea eyectado del cargo sea él, Diosdado Cabello, el primero en la línea de sucesión. Esto es clave. Tan clave como el 6D.

Porque aquí puede venir un esquema de poder en el que haya dos actores o segmentos importantes: un parlamento dominado por la MUD, por un lado; y un ejecutivo aliado con las FANB, por el otro. En ese contexto, el actual presidente de la Asamblea Nacional sería más útil como vicepresidente de la República que como diputado. Esto, insisto, en el supuesto de que el PSUV saliera mal parado en la contienda del 6D, que es lo que presagian las encuestas.

En un mes puede pasar cualquier cosa. Durante ese mes, él sería el comandante en jefe de las FANB, por ejemplo. Y, dependiendo de cómo se alineen los militares, hasta podría quedarse con el poder. ¿O no intentó tomar el poder por las armas el 4F con su mentor Chávez?

Diosdado Cabello ha estado en el primer puesto de la línea de sucesión en dos momentos capitales para el chavismo. Los dos únicos momentos en que los rojos vivieron experiencias críticas desde el punto de vista de la pérdida real del poder o de la posibilidad de perderlo y enfrentar situaciones inesperadas que pusieran en peligro su hegemonía.

El primero: el 11 de abril de 2002, cuando Cabello se desempeñaba como vicepresidente de la República.  Se encargó por unas horas de la primera magistratura (fue juramentado por el entonces presidente de la Asamblea Nacional, Willian Lara, y por el entonces fiscal general de la República, Isaías Rodríguez)  mientras Chávez retornaba a Miraflores.

El segundo: en enero de 2013, cuando Chávez, por estar enfermo, no pudo presentarse a jurar para su nuevo mandato constitucional y a él, en su carácter de presidente de la Asamblea Nacional, le tocaba sustituirlo interinamente mientras se celebraban nuevas elecciones. Otro asunto es que el chavismo, haciendo creer que Chávez no había incurrido en falta absoluta por enfermedad, se haya saltado la Constitución y que Cabello, por acuerdo interno PSUV-Cuba, no haya tomado el timón, como le correspondía.

Lo cierto es que Cabello ha sido el heredero universal en esas dos oportunidades históricas. Y ahora viene una tercera. Esta ya no es por un golpe de Estado como el de abril de 2002 (que, ojo, comenzó con una multitudinaria marcha y luego degeneró en una diatriba militar) ni por enfermedad. Este escenario de sucesión (más que sucesión, debemos llamarlo alternancia) que se abre será por la vía de los votos (6D) y aquí, como siempre ha ocurrido en la era chavista, Cabello, no se sabe si por razones astrales o de olfato político o por mera casualidad, jugará un papel crucial.

Es probable que, de cara a este panorama tan complejo como el que le espera al chavismo (y también a la oposición), Cabello tome un vuelo directo (¿en un Sukhoi?) que lo lleve desde la Asamblea Nacional hasta la vicepresidencia de la República. Allí, el capitán puede retomar su papel de primero en la línea sucesoral en caso de que se produzca una falta absoluta del Presidente y permanecer al mando del país (si la falta se produjera en el curso de los cuatro primeros años de gobierno, como reza el artículo 233 de la Constitución) durante un mes, mientras se organizan elecciones.

Pero hay otro escenario. Y es mucho más peligroso para la oposición porque estaría blindado constitucionalmente.

Lo más preocupante, en caso de que Diosdado Cabello llegara a la vicepresidencia, sería si la falta absoluta del presidente Maduro se produjera cuando faltaran dos años para concluir su mandato. Es decir, a partir de abril de 2017. La fecha está lejos. Y no lo está. La cúpula chavista puede jugar con los tiempos. Maniobrar. Como hizo Chávez con el revocatorio, que terminó celebrándose en agosto de 2004 cuando el movimiento sísmico de la sociedad civil para que se activara este mecanismo comenzó a producirse más de un año antes. Pero Chávez le dio largas y, en el ínterin, logró reposicionarse en las encuestas con el arma magistral de las misiones.

Acá puede ocurrir algo parecido. Puede ser que la avalancha de votos que saque la MUD el 6D abone el terreno para una sustitución del presidente de la República vía referendo, pero que Cabello y la cúpula en el poder apelen a tácticas dilatorias que al final den tiempo para que Maduro renuncie en el 2017 y, por mandato constitucional (artículo 233), le corresponda terminar el período al vicepresidente, es decir, a Diosdado Cabello.

El artículo 233 es taxativo. Si la falta absoluta del presidente (por incapacidad física o mental; por muerte; por abandono del cargo; por renuncia; porque su destitución sea decretada mediante una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; porque su mandato fue revocado) se produce durante los primeros cuatro años de su gestión, deben celebrarse nuevas elecciones y quien resulte electo terminará el período constitucional. Pero si la falta absoluta se produce durante los dos últimos años, completa el período el vicepresidente de la República.

Por eso es que el salto de Cabello de la Asamblea Nacional (si el PSUV sale mal posicionado el 6D) hasta la vicepresidencia luce como un plato apetitoso para quien se ha engolosinado con el poder. Hay muchas formas de mantenerse al mando. Y no solo por la electoral. También con jugadas de ajedrez. Está bien: en abril de 2016 puede activarse el revocatorio porque ya habría transcurrido la mitad del mandato de Maduro. ¿Y las firmas? ¿Y todo el proceso engorroso que ello implica, con un CNE que, además, está al servicio del PSUV? Fácilmente puede transcurrir un año. Y en eso nos montamos en abril de 2017. Y en eso entra la jugada de la falta absoluta por renuncia de Maduro y la mesa queda servida para que Diosdado Cabello culmine el período.

Desde luego: estas son especulaciones. Nadie sabe si este país aguanta hasta llegar a abril de 2017 para que Diosdado Cabello se cuelgue la banda presidencial sin necesidad de pasar la alcabala electoral. Sin que tenga que pasar por el trance de unas elecciones. Él, que apenas tiene dos por ciento en las encuestas (Datincorp, julio 2015). Esa alcabala es exigente. Pero no olvidemos que las constituciones sirven para todo. Incluso para dar golpes de Estado. ¿O no sería un golpe de Estado que el chavismo siguiera en el poder pese a que la aplastante mayoría lo aborrece?.

*Gloria M. Bastidas. Caracas/ Periodista Mi fe es fuerte, ciega y sin ningún fundamento. (Wislawa Szymborska)… y también: I am at home wherever there is a typewriter. (George Steiner)

 

Por: Gloria M. Bastidas para Reportero24
@gloriabastidas

 

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