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(13/12/2015) En la zona de Monte Piedad del 23 de Enero hay una pequeña capilla iluminada las 24 horas del día. Es la capilla «Santo Hugo Chávez del 23». Allí han hecho una especie de altar al fallecido líder de la revolución chavista. Le encienden velas, le llevan flores, rezan delante para que «la derecha no vuelva nunca más» pero aunque durante 17 años los rezos habían sido atendidos, esa noche no fue así. El “santo” se les volteó.

En la populosa barriada 23 de Enero viven unas 100.000 personas, entre las que figuran los grupos armados que decían defender a Hugo Chávez y sus más radicales seguidores. Durante años, allí no hubo dirigente opositor que entrara sin ser expulsado violentamente, incluso con disparos. La Policía sólo llega con el permiso de los colectivos –grupos armados– y es aquí donde reposan los restos del fallecido presidente.

En un barrio con estas características, Jorge Millán, el candidato por la oposición venezolana, le ganó el pasado domingo en una reñida contienda a Zulay Aguirre, candidata oficialista y madre del diputado chavista asesinado hace un año, Robert Serra. Esto no había ocurrido nunca en 17 años de revolución chavista.

El domingo 6 de diciembre las hijas del fallecido presidente fueron a su centro de votación a animar a la gente, a recordarles lo que el Gobierno llama «el legado de Chávez». Pero allí, donde multitudes esperaban al más importante elector de cada contienda, esta vez no había más de 15 personas en la cola y las herederas del comandante se tuvieron que ir pronto. El Liceo Manuel Palacio Fajardo fue durante años el centro electoral de Chávez, un bastión ganado ahora por la oposición.

El opositor democrático, Jorge Millán, el vencedor, señala que no sólo le complace su triunfo, sino el de toda la Mesa dela Unidad Democrática (MUD), nombre de la plataforma que aglutina a los partidos opositores. «Ganar en el 23 de Enero significa la caída de una mala administración y de quienes la dirigen. La gente rechaza todo lo que se está viviendo. Más que un voto castigo, hubo un voto de esperanza». Millán dice que no dejará las calles, que seguirá recorriendo el 23 de Enero como un territorio conquistado, del lado de la gente, escuchando sus problemas. Sobre ganar en el centro donde votaba Chávez, precisa que «queda claro que los votos son de los ciudadanos y no de un proyecto político. La gente consideró que el candidato de la MUD estaba haciendo todo para representarlos y por eso le abrieron los brazos», señala.

Relatan vecinos de la populosa zona que el lunes 7 de diciembre, durante la madrugada, cuando se conocieron los resultados, no hubo amenazas ni disparos ni nada que impidiera contener su alegría. La gente, espontáneamente, celebró el número de diputados que había obtenido la oposición. «Eso sí, todo dentro de la casa, con las luces apagadas para que no se viera quiénes éramos los que celebrábamos. Fue histórico, pero al día siguiente, como si nada, para el trabajo», relata una vecina que prefirió quedar bajo anonimato.

El triunfo de la oposición es un secreto a voces del que nadie habla en el corazón del chavismo, ni siquiera en las paradas de autobús que llevan a la gente a los más de 40 bloques que siluetean uno de los barrios más temidos de Caracas.

Más información: La Razón de España

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