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(05/06/2016) Adrián José Velásquez Figueroa y su esposa, la enfermera Claudia Patricia Díaz Guillén que llegó a ser tesorera de la nación, cayeron en desgracia luego de que sus nombres aparecieran en titulares relacionados con PanamaPapers donde se informaba que la pareja de ex funcionarios de las FANB, de orígenes humildes, había logrado encontrar un refugio en República Dominicana con un nivel de vida tan elevado que dejó boquiabiertos a propios y extraños.

Por ese motivo, el régimen chavista, poco dado a investigar a los suyos, decidió vender la imagen de que estaba luchando contra la corrupción, emprendiendo duras acciones contra la pareja, allanando varios de los apartamentos que tenían en Caracas. Se cuenta que entre las primeras diligencias de la Dirección de Contrainteligencia Militar, estuvo allanar los tres apartamentos de la pareja en las residencias Oasis de la urbanización San Bernardino en Caracas, al pie del Ávila. Dos en el primer piso y el tercero, un pent house.

De allí sacaron vehículos, cajas de diamantes, uniformes militares  y también un libro inédito llamado Claudia Patricia: mi huella, donde se cuenta la relación entre la extesorera y el presidente Hugo Chávez.

Se trata de un panegírico que encargó con la intensión de contar su vida y la relación que mantuvo con el fallecido presidente, pero el destino no quiso que las cosas fueran así. En un momento fatídico para la pareja, sus nombres aparecieron publicados en PanamaPapers y tres días después, Maduro ordenó la cacería contra ellos que terminó con el allanamiento de sus tres lujosos apartamentos, decomiso de uniformes militares, una caja de diamantes,  el libro inédito de la enfermera y  familiares detenidos. En paralelo se estaban revelando las fortunas que esta pareja de ex funcionarios de las FANB logró amasar durante su trayecto al lado de Chávez.

Algunos estratos el libro se han revelado en el Diario Tal Cual. A continuación colocamos parte de su contenido.

UN NEGOCIO, UN PANEGÍRICO

En agosto de 2006 Claudia Patricia Díaz Guillén (San Cristóbal, 25 de noviembre de 1973) quería comprar un apartamento en Caracas. Estaba cansada de la azarosa vida en habitaciones alquiladas, de las constantes mudanzas y recién empezaba su vida de casada con Arturo Fuentes.

“Ay me gusta”, dijo, apenas entró al apartamento de Camila Peña Vargas, una aspirante a escritora y poeta que deseaba vender la vivienda para mudarse a Maracaibo con sus familiares.

De esa primera cita surgió una amistad que se consolidó. Cinco años después, cuando ya Díaz Guillén había sido nombrada como jefe de la Oficina Nacional del Tesoro, le pidió a Peña Vargas que escribiera un libro sobre su vida. “A mí me parecía que esa historia de ella es interesante. Ella ha tenido que luchar mucho desde que se vino desde San Cristóbal hacia Caracas, tiene sus valores. Yo la presento como el ejemplo de la mujer venezolana”, dice Peña Vargas sobre su escrito.

El repaso de las 170 páginas revela una vida plana, pero quizá haya claves para entender cómo se ha gestionado el país durante los 17 años de la llamada revolución bolivariana.

Díaz Guillén trabajó como instrumentista en el Hospital Militar, como enfermera en el Hotel Tamanaco, como asistente médico en el Hotel Eurobuilding y como coordinadora del área de terapia intensiva de la clínica Leopoldo Aguerrevere. Pero su trabajo más relevante comenzó en junio de 2002 cuando fue asignada a la oficina de Atención al Ciudadano del Palacio de Miraflores. Era la ayudante de la directora de la Oficina de Gestión Interna, la entonces capitana y hoy diputada Carmen Meléndez. “Debíamos ayudar a los necesitados, encontrar empleo y trabajo a los solicitantes, responder a las cartas y atender las numerosas y suplicantes llamadas desde todo el país, seleccionar de entre ellos los casos más urgentes y atender a los enfermos”.

Claudia Díaz Guillén vio por primera vez a Hugo Chávez en diciembre de 2002 durante el paro petrolero de aquel año. “En aquellos días todos nos sentíamos un poco tristes. Estábamos acuartelados porque temíamos una posible caída del gobierno dada la situación política”, asegura en el texto. Y entonces lo vio: “El Presidente estaba en el patio interior observando el pesebre que se coloca detrás de la fuente del palacio en esa época. Él no se había dado cuenta de que lo estábamos observando: estaba tenso, dentro de su actitud orante, demostraba sin embargo gran preocupación, quizás por ese miedo que nosotros sentíamos que habían traído los rumores de un nuevo golpe”.

La noche anterior a esa escena Díaz Guillén había tenido un sueño donde esa escena que ahora se reproducía delante de ella culminaba con una conversación. Como ocurrió en el sueño, ella decidió interrumpir a aquel hombre que lucía ensimismado.

-Oiga, comandante. La victoria está cerca.

Chávez se volteó y escuchó todo lo que Díaz Guillén le decía.

-Tú me recuerdas a una joven que recién falleció.

Estaba ejercitándose en el remo de una barca.

“Yo sé por intuición que mi mensaje le llegó”, afirma en su libro al evocar aquella primera conversación. “Varios de otros sueños míos presagiaron mi actividad casi inmediata como enfermera al lado del Presidente: así, en el salón donde él reposaba yo le cerraba la puerta, o donde él viajaba yo estaba formando parte de la comitiva presidencial”.

Esos sueños se concretaron algunos meses después. Cuando en 2003, pasado el sofocón del paro petrolero, la oficial Carmen Meléndez fue nombrada como jefe de la Oficina Nacional del Tesoro Claudia Díaz Guillén pasó a ser su asistente. Casi de inmediato Hugo Chávez le dijo a Meléndez: yo quiero que ella trabaje al mismo tiempo para ti y para mí, una muchacha teniente de San Cristóbal”.

Un sábado en la mañana la citaron al palacio de Miraflores. Le dijeron que debía cumplir con “unas guardias de confianza en condición de enfermera del Presidente”. Ella aceptó de inmediato. El oficial que le comunicó la decisión le dijo: “Entrénate. Cumple funciones. Comienzas ya”.

UNA EXPERIENCIA DE 24 HORAS

“Fue así como yo me inicié en un ejercicio de rutina, en una experiencia de 24 horas como enfermera del presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías.

Fue un tiempo copiosísimo de hechos, de sorpresas, de actos novedosos y relevantes; también intenso de responsabilidades, de tensiones, de riquezas emotivas y sensoriales; de sacrificios y de sopor envueltas y desarrolladas todas dentro de una rutina que me obligaba diariamente a tomar su pulso, su temperatura, colocarle sus lentes y otras sencillas muestras de dedicación a su salud siguiendo un buen reglamento médico”.

La enfermera viajó por última vez con su paciente en abril de 2010. Fue a Managua, la capital de Nicaragua, la última escala de un periplo que incluyó visitas a todos los continentes.

Díaz Guillén relata con especial emoción en el libro la noche que durmió en el Kremlin. Pero en aquel momento ella se sentía preocupada. Era la primera vez que se separaba del hijo que había concebido con su segundo esposo, el capitán del Ejército Adrián José Velásquez Figueroa. Frente al presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, Chávez pidió que le colocaran en los ojos gotas de colirio balsámico. Al culminar, el entonces presidente dijo a sus anfitriones.

Con información del Diario Tal Cual

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