comunistas-secta-asesinos

(18/06/2016) Que el comunismo es una secta de asesinos, ladrones y pervertidores de menores está asaz demostrado por la historia. Stéphane Courtois, en “El libro negro del comunismo”, escribe: “La criminal es una de las dimensiones propias del sistema comunista durante todo su período de existencia”. Y Jesús Gómez, del Partido popular de Leganés, Madrid, opina: “…habría que desposeer a los padres comunistas de la tutela de sus hijos, por pertenecer a la secta más criminal que la Historia jamás haya visto y por inculcar a sus hijos una representación teórica de la realidad absolutamente falsa que les provocará en el futuro serios problemas de adaptación social y un agudo sentimiento de infelicidad; y acto seguido enviar a estos niños (y a los padres también) sin pérdida de tiempo a un “campo de reeducación”. El Código Penal polaco – país que sufrió el comunismo desde 1945 hasta finales de los ´80 – considera al comunismo como una ideología criminal, al igual que el fascismo y el nazismo. Pero el sujeto comunista, que es un creyente fundamentalista y no un ser pensante, estereotipado en aquel Samán que penalizó los inventarios de alimentos como acaparamiento, destruyendo la red natural de su distribución, aguas que, junto a las expropiaciones expresas, trajeron estos lodos, se niega a introyectar esta verdad, y suele reaccionar ofendido ante una inmensa realidad que le es consustancial, simplemente porque considera que el comunismo es la solución final a todos los problemas de la humanidad, y, por lo tanto, es justificable el asesinato, hasta masivo, de quienes se oponen al imperio de su paraíso terrenal, así que la moral y la ética son parámetros “burgueses” que frenan el avance arrollador de la felicidad colectiva que ellos encarnan. Así funciona su psiquis desviada de individuos sin filosofía ni Dios, que son las anclas de la fuerza natural destructiva del hombre, su objetivo es el poder para siempre, aunque ese “para siempre” sea en verdad la utopía y no el bienestar colectivo que pretenden otorgar a los pueblos a través de la reingeniería social que somete al hombre al control de estado por supervivencia, para lo cual necesita el inmenso aparato militar que aplasta las libertades civiles. Por esta intrínseca característica criminal del comunismo es que a Maduro y a su gobierno les importa muy poco el hambre y el sufrimiento por enfermedades del pueblo venezolano. Ya lo había anunciado el estigmático alucinado de mente maleable, en aquel discurso premonitorio, el 25 de julio de 2002, al percibir que este dislate imposible conduciría al país inexorablemente a la miseria: “No importa que andemos desnudos, no importa que no tengamos ni para comer, aquí se trata de salvar la revolución”, es decir el poder para su camarilla y familiares. Bajo esa premisa inmoral e inhumana, la dupla Lenin/Stalin, mató 40 millones de personas de hambre, enfermedades y represión, en veinte años; Mao, 65 millones; Pol.Pot en Camboya, dos millones. Y contribuyen con lo suyo: Vietnam: un millón. Corea del Norte: dos millones. Europa Oriental: un millón. África: 1,7 millones. Afganistán: 1,5 millones. América Latina: 150.000. Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder: una decena de millares de muertos. Simple daño colateral que aportan los pueblos a cambio de un dechado de bienaventuranzas idílicas conjugadas en futuro, futuro, futuro. Y aquí en Venezuela, tenemos 17 años repletando cementerios con los crímenes prohijados por el gobierno. Que se mueran por falta de tratamiento los niños y adultos con cáncer o por enfermedades crónicas de alto sufrimiento, les resbala a comunistas como Eustoquio Contreras, quien, en esa misma línea del soldado de Fidel, y certificando lo que en este texto afirmo, declara: “Nos sabe a un pito que se acabe el carácter pacífico, pero la revolución se mantendrá en el poder”. Para demostrar que se está acabando su carácter pacífico, como si ya no tuviéramos suficientes muertos, heridos, torturados, presos,  exiliados, hambrientos y desahuciados para confirmarlo, un policía comunista asesinó de un escopetazo en pleno rostro a una humilde mujer del pueblo, que hasta chavista sería, atrapada en el desorden de un saqueo por comida – matanza que se está repitiendo – que al grito “tenemos hambre” sacudió el bucolismo alelado del comunista Vielma Mora, cuya respuesta al horrendo crimen fue de un idiota subido: ¿”qué hacía esa mujer allí?”. Disparar con armas mortales para dispersar una protesta descontrolada de compatriotas humildes que solo quieren adquirir los productos básicos para su alimentación, es un acto criminal característico de mentes deformadas por la esquizofrenia. Pero eso es propio de estos criminales, en una oportunidad Allende le expresó a Fidel que había que estar  dispuesto a morir por la revolución, y la monstruosidad le respondió, “a morir no, a matar”. Y una cita del pasado reciente: el martes 12 de mayo de 2009 el diario 2001 en su primera página destaca las declaraciones impunes de un sujeto identificado como Douglas Gómez, miembro de la Comisión nacional obrero-patronal del PCV, en las cuales sostiene que “de estar en las manos del partido comunista liquidar a todo el que vaya en contra de la revolución lo haría, porque “son” el enemigo” (sic). Y El diario oficialista Vea, publica estas declaraciones del comunista Antonio Aponte: “El nivel de la lucha de clases permite anunciar que el enfrentamiento será cada vez más cruento (en Venezuela). Y por ello, nosotros nos sentimos complacidos de ser acusados de incitar a la violencia”. A confesión de parte relevo de pruebas expresa un viejo aforismo del derecho, estas palabras confirman de manera clara y concisa el carácter criminal del comunismo. Por eso el mundo romántico que nos observa se pregunta el porqué Maduro no acepta las salidas pacíficas que se le ofrecen, la respuesta es simple, porque no es ni siquiera un hombre de esta civilización y menos de este siglo, es un brazo ejecutor del comunismo cavernícola cuya obsesión es preservar el poder aunque  ello signifique asesinar a miles de ciudadanos. ¿O en verdad alguien cree que los colectivos armados con fusiles de asalto de última generación, son para amedrentar? No, vale, son para asesinar ciudadanos y líderes en nombre de la sacrosanta revolución. Toda la gendarmería usada para controlar las protestas y marchas de la oposición está integrada por sujetos indoctrinados para cometer las acciones más viles, como rociar con cáusticos o agredir salvajemente en gavilla a algún dirigente que les incomode particularmente.

Es una secta de asesinos

Así que sí, sin dudas, el  comunismo es – y así nació – una secta de asesinos, su praxis es la imposición de la esclavitud a sangre y fuego  y es además ladrón – se apropia de lo ajeno, privado y público, de las arcas venezolanas se han robado 300.000 millones de dólares, según denuncias de sus propias filas, y han despojado villanamente de sus propiedades a empresarios de la industria, del comercio y del agro. Y también corruptor de menores – es la adolescencia y primera juventud, extensiva a la aduldolescencia mental, la cantera inagotable de adeptos emocionales, bien por ingenuo deseo de justicia mal entendido, por resentida mediocridad o por instintos vesánicos. Pero existe, además, una cuarta perversión: su carácter destructivo del concepto político de ciudadanía, al imponer la fuerza militar sobre las leyes universales que garantizan los derechos del ciudadano, pues la única forma de que un hombre de verdad  resigne sus derechos es por la fuerza superior de las armas en manos de ignorantes asesinos inconscientes – obedientes hasta el asco – con poder decisorio sobre vidas y propiedades. Y si, por casualidad, algún comunista ignora esta verdad, por haber sido convocado por el discurso romántico de la igualdad por encima de la libertad, que estimuló su ingenuidad de castrati,  es imperativo revelársela en toda su magnitud, para provocar su rechazo. Porque es necesario destacar que sin la violencia y el terror masivo es imposible que una sociedad se humille y resigne sus derechos individuales. La historia recoge profusamente el atroz sufrimiento de los pueblos sometidos a la esclavitud política y a la miseria social por los regímenes comunistas, cuyo discurso de iniciación ha sido tan bien ensayado que es muy difícil desmontarlo con suaves maneras diplomáticas. Solo la visión terrorífica del drama sufrido por  millones de seres humanos destruidos por estos criminales, tiene el poder de devolver la razón a los extraviados en los vericuetos dialécticos del comunismo. Tal como el domador de leones que olvida que trata con un sanguinario animal impío que en cualquier momento recobra su instinto asesino, hasta que es devorado por la bestia, así los demócratas insisten en obviar el instintivo carácter homicida de esa secta, a pesar de los ejemplos de las FARC y del ELN en Colombia o Sendero Luminoso en Perú o los fusilamientos de Fidel y del Che en Cuba o los crímenes horrendos de los Jemeres Rojos en Camboya. Este texto intenta abrir un postigo a la verdad con toda la crudeza que amerita el caso. Durante cuarenta años los demócratas venezolanos sentaron a su mesa, colocaron en sus embajadas y consulados y les entregaron las cátedras de economía y sociología, en las universidades públicas a los comunistas que mantenían sus garras ocultas esperando el momento de saltar sobre sus cuellos. Hoy Venezuela vive el drama amenazante de un gobierno comunista que conspira contra el estado de derechos y su sistema de libertades republicanas y contra la propiedad privada, que es el pivote de la riqueza de una nación y el arma principal del combate contra la pobreza. Esto ocurre porque los liberales se encuentran atrapados en sus buenas maneras y no han enfrentado esta amenaza terrible con el verbo conjugado en la indignación, aclarando al pueblo que no existe pensamiento político en el mundo de hoy que no este convencido, hasta por egoísmo, de la necesidad imperiosa de erradicar la pobreza y la exclusión, derrotando la ignorancia que la propicia. El título de este texto es una provocación expresa para desnudar el germen homicida que anida en todo comunista cualquiera sea su condición, pues el crimen es el arma para imponer el terror para lograr sus fines de control social.

El espejo de la historia

Durante 72 años la mal llamada Unión Soviética fue el laboratorio de experimentación humana más perverso de la historia de la humanidad, y digo mal llamada porque en realidad debe llamarse “Opresión Soviética” porque la fulana “unión” fue con tanques de guerra, como en Checoslovaquia, y aquí es importante destacar para el común de nuestros lectores, que la palabra “soviet” de la cual deriva “soviético”, era el nombre de los consejos comunales rusos, organizados por el partido comunista como receptores del “poder popular”, una ficción, que bajo el lema “todo el poder para los soviet” concentraba “todo el poder” en la nomenclatura del régimen, por endoso tácito. Estos soviet, o consejos comunales constituyeron la base para el control social del régimen comunista, al principio fueron los primeros actores de las primeras matanzas y mudanzas obligatorias de pueblos enteros para desarraigarlos y dominarlos por la incertidumbre, y luego terminaron siendo víctimas de su propia estupidez, por imperativo del militarismo criminal que los sojuzgó. La voz “soviético” es decir, miembro de un consejo comunal, es un sustantivo tenebroso que remite al asesinato sistemático de millones de seres humanos en la “Unión” Soviética. ¿Cuántos serán en Venezuela, si esta estolidez se impone?

Cómo reconocer un régimen comunista

Iniciando esta cruzada contra el crimen organizado del comunismo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó una resolución en favor de “una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas”. La Asamblea pone de manifiesto en la resolución que los regímenes comunistas que hubo en Europa “estuvieron marcados, sin excepción, por violaciones masivas de los derechos humanos que incluyeron asesinatos y ejecuciones”. También señala que esos crímenes “se justificaron en nombre de la teoría de la lucha de clases y del principio de la dictadura del proletariado”, lo que “hacía legítima la ‘eliminación’ de las categorías de personas consideradas perjudiciales para la construcción de una nueva sociedad, y por tanto enemigas de los regímenes comunistas”. (…) “Los regímenes comunistas se definen por un cierto número de características, particularmente la dominación de un partido único de masas vinculado a la ideología comunista (el PSUV es el verdadero partido comunista en Venezuela, el PCV es un prescindible apéndice intrascendente). El poder se concentra en manos de un pequeño número de dirigentes del partido, que no considera necesario rendir cuentas ni respetar la primacía del derecho (ya la rendición de cuentas se considera un acto publicitario no vinculante). El partido ejerce sobre el Estado un control tal que la separación entre estas dos nociones desaparece, y este control se extiende, además, a todos los aspectos de la vida diaria de la población, a un nivel sin precedentes. El derecho de asociación no existe, el pluralismo político es abolido y toda oposición y tentativa de organización independiente, son severamente reprimidas. Por otro lado, la movilización de masas por parte del partido o de sus organizaciones satélites es impuesta. Para asegurar su imposición sobre la esfera pública y prevenir toda acción que escapa de su control, estos regímenes desarrollan las fuerzas policiales (y militares) a un punto jamás alcanzado, establecen redes de informadores y animan la delación, (en Venezuela, con sapos asquerosos a los que insuflan orgullo llamándolos “patriotas cooperantes”). Los medios de comunicación de masas son monopolizados y supervisados por el Estado (ya en Venezuela quedan muy pocos medios independientes y el acoso no se detiene). Se aplica la censura previa. En consecuencia, el derecho a la información es violado y no existe prensa libre. La nacionalización de la economía, característica permanente del comunismo directamente atado vinculado a su ideología, impone restricciones a la propiedad privada y la actividad económica individual. Debido a ello, los ciudadanos son más vulnerables frente al Estado que tiene el monopolio del empleo y representa la sola fuente posible de rentas (por eso la destrucción de la productividad empresarial privada). (…) Más de veinte países, en cuatro continentes, pueden decir haber sido comunistas o haber estado bajo régimen comunista durante un cierto periodo. Antes de 1989 el número de personas que vivía bajo régimen comunista ascendía a más de mil millones”. Y la secuela de crímenes, torturas, esclavitud laboral, división de la familia, no ha sido debidamente denunciada por los Estados liberales para alertar al mundo en desarrollo del peligro de esta secta de asesinos.

En conclusión

“Se confirma que la dimensión criminal de los regímenes comunistas no fue el fruto de las circunstancias, sino más bien la consecuencia de políticas deliberadas concebidas por los fundadores de estos regímenes hasta antes de alcanzar el poder. Los dirigentes comunistas históricos jamás escondieron sus objetivos, que eran la dictadura del proletariado y la eliminación de los opositores políticos y de las categorías de población incompatibles con el nuevo modelo de sociedad. La ideología comunista, por todas partes y en cada época cuando ha sido puesta en ejecución siempre acabó en un terrorismo masivo, crímenes y violaciones de los derechos humanos a gran escala”. La historia solamente tiene sentido si la asumimos como faro para no encallar en los mismo errores del pasado. Es la ignorancia lo que hace al hombre tropezar dos veces con la mima piedra. Hay que impedir, apelando a todas las instancias necesarias, que Venezuela caiga definitivamente en poder de esa secta de asesinos, ladrones y pervertidores de menores.

Por Rafael Marrón G.  –  @RafaelMarronG en El Columnero

¿Tienes algún comentario? Hazlo a continuación: