1er-genocicio-socialista

(30/06/2016) Descubrir la historia criminal del Socialismo es revelador para quienes no conocen la naturaleza de lo que pretende someterlos. Esta semana lo conversé con algunos jóvenes venezolanos que leen por primera vez a Solzhenitsyn, y a esa luz les sorprende que no esté todavía peor su Venezuela.

Mientras el continente mira esperanzado el acuerdo de paz entre el Gobierno y una parte de las narco financiadas guerrillas colombianas, algunos venezolanos descubren que lo peor no es lo que el secretario Almagro –socialista de vieja data desmarcándose del chavismo cuya debacle continental espera– describió en la OEA sobre la Venezuela cuya canciller presumió del “Estado de Derecho” con un Poder Judicial al servicio del Ejecutivo bloqueando un Legislativo de mayoría opositora.

Pudiera llegar a ser peor la escasez de alimentos y medicinas que sufre nuestra empobrecida población, mucho peor con un aparato productivo destruido y el final del reparto populista resultante de la caída del precio del crudo, e incluso la violencia criminal de récord continental puede empeorar, que todo en el socialismo puede ser peor, mucho peor, es lo que Archipiélago Gulag les reveló a mis jóvenes amigos.

El socialismo agravará lo que ya sufrimos en Venezuela, como explica Solzhenitsyn del que la relativa prosperidad en las ciudades soviéticas de 1936 salió del expolio del trigo que dejaba sin pan a las aldeas, me dice un joven venezolano que comprendió lo superficial de las recientes purgas del propio chavismo al descubrir que Vlasov pagó con su vida el burlar el espíritu, no la letra, de las normas redactadas para que los campesinos no comieran pan, creando hornos comunitarios en casas “abandonadas” de los kulaks.

¿Quiénes fueron los kulaks que menciona ahí Solzhenitsyn? Inquieren quienes soportan horas de espera en la fila del racionamiento y saben que toda la cadena de distribución –gubernamental y privada– de alimentos en Venezuela la controla un Gobierno que, de no ser por el mercado negro, decidiría quién come y quién no.

La historia de los genocidios socialistas del siglo XX comenzó al inicio del poder soviético, con el extermino de pequeños propietarios agrícolas denominados kulaks.

Como todos los crímenes del régimen soviético, objetivo y método fueron establecidos y ejecutados primero por Lenin, quien ya en 1918 ordenaba: “Es preciso dar un escarmiento. 1. Colgar, y digo colgar de manera que la gente lo vea, al menos 100 kulaks, ricos, y chupasangres conocidos. 2. Publicar sus nombres. 3. -Apoderarse de su grano. 4. Identificar a los rehenes como hemos indicado en nuestro telegrama de ayer. Haced esto de manera que en centenares de leguas a la redonda la gente vea, sepa comprenda y tiemble. Decidles que sedientos de sangre matamos y continuaremos matando a los kulaks. Telegrafiad que habéis recibido y ejecutado esas instrucciones. Vuestro, Lenin” (Orden de Lenin, telegrafiada el 10 de agosto de 1918).

Relacionados  CONTUNDENTE: Venezuela no puede seguir siendo un experimento de comunistas

Tras la muerte de Lenin, Stalin asciende cuando casi no quedan kulaks sobrevivientes en Rusia, pero llevaría a otra escala el exterminio en Ucrania, dónde en 1929 declaró a los kulaks enemigos del pueblo para requisar todas las tierras y el ganado privados afectando cerca del 80% de la población.

ukrania_lenin-1929

El “Holodomor”, cuando Rusia asesinó a 7 millones de ucranianos. Infobae

En la campaña de colectivización del campo ucraniano cerca de 10 millones de personas fueron enviadas al gulag siberiano en trenes de mercancías en que un tercio morían sin llegar a los campos de concentración. Los kulaks ucranianos se rebelaron retomando sus propiedades y ajusticiando jefes soviéticos locales, pero el ejército rojo ahogó en sangre la rebelión, mientras la policía política aplicaba un terror como el ordenado por Lenin.

En 1932, con la mayoría de las explotaciones ucranianas forzosamente colectivizadas, Stalin llevo a sus últimas consecuencias una de las ordenes de Lenin contra los kulaks: “Apoderarse de su grano”, con el aumento desmedido de cuotas a entregar por las granjas colectivas de Ucrania.

En medio de la severa escasez de comida en Ucrania, la cosecha de trigo de 1933 se exportó a bajos precios. Eventualmente la policía política inició inspecciones aleatorias de las pertenencias personales, quienes fueran sorprendidos con cualquier cantidad de comida serían declarados ladrones de comida del Estado y sufrirían aleatoriamente de diez años en el gulag al ajusticiamiento inmediato.

El Gobierno soviético creó así la hambruna que mató millones y en la que los ucranianos debieron comer perros, gatos, ratas, e incluso cadáveres humanos. El extermino por hambre logró hacia 1934 la muerte de unas 25 mil personas diarias en Ucrania, exterminando entre cinco y ocho millones de Ucranianos al tiempo que el socialismo demócrata occidental inició su sistemática negación, ocultamiento y subestimación de los crímenes soviéticos –de los que estuvieron al tanto durante las siete décadas de existencia de la URSS– y la colaboración activa de sus gobiernos con el poder soviético al alcanzar el poder en Washington el socialista moderado Franklin D. Roosevelt, quien reconoció formalmente al Gobierno de Stalin en 1933, asegurando la incorporación de la Unión Soviética en la Sociedad de Naciones en 1934.

Que el socialismo más que un error intelectual, es un dogma maligno capaz de adelantar los peores crímenes declarándose la bondad absoluta por la falacia de la redención colectiva, asombra a quién lo descubre. Cómo lograr que el resto también lo descubra bajo las infinitas capas de propaganda y falsedad es lo que intentará  responder desde ese camino de Damasco hasta el fin de sus días.

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Por Guillermo Rodríguez G. en PanamPost

¿Tienes algún comentario? Hazlo a continuación: