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(05/07/2016) La situación que vive hoy Venezuela en el tema de alimentos y medicinas es tan grave que solo se puede comparar con la de países que han vivido postguerras, pero con una diferencia: en Venezuela, al menos oficialmente, no ha habido en los últimos años un conflicto armado. Según datos de 2015, a 87 de cada 100 venezolanos no les alcanzaba el dinero para comprar sus alimentos.

La realidad actual es incluso más aterradora. Este año, ya más de 13% de los ciudadanos puede comer solo una o dos veces al día. Y según estudios que se han hecho en escuelas del estado Miranda, aledaño a Caracas, 30% de los niños y hasta la mitad de los docentes se saltan, al menos, una comida diaria, y muchos de ellos no van al colegio si en este no se le ofrecen los alimentos, porque esa es su única motivación para asistir —y en muchos casos, la única ingesta que harán ese día.

Estas son las conclusiones de un foro organizado por el Grupo Social Cesap, una organización de la Iglesia Católica Venezolana, conjuntamente con la Fundación Bengoa, una ONG de análisis nutricional, que se llamó “La Escasez y el Hambre en Venezuela como una nueva realidad”, y en el que se difundieron datos alarmantes.

Aunque todos los ponentes recalcaron que en Venezuela aún no hay una situación de hambruna, “en el segmento de la pobreza extrema sí comenzamos a ver hambre masiva”, señaló Maritza Landaeta, coordinadora general de Bengoa y principal ponente del evento.

Control social por hambre

En tanto, la psicóloga Marisol Ramírez, de Psicólogos Sin Fronteras y también participante en el evento, señaló que esta ONG ha llevado adelante estudios de cómo la población venezolana ha cambiado por la situación de escasez que se vive en el país. Esta experta no duda en señalar que, aunque el problema fundamental de Venezuela, según señalaban las encuestas, era la violencia, ahora es el hambre: “y no es que la violencia haya disminuido, es que el hambre la ha alcanzado y la está superando”.

Según señaló Ramírez, la escasez se ha constituido, junto con la violencia, en una nueva forma de control social por parte del Gobierno venezolano, pues:

  1. Debilita las capacidades resolutivas del individuo
  2. Mantiene la atención en los mecanismos de supervivencia
  3. Genera rivalidad y desconocimiento del otro, y resentimiento en relación con los otros

En tanto, Susana Rafalli, también nutricionista de la Fundación Bengoa, y quien ha estado en trabajo social en diversos países de Centroamérica, señala que del derecho a la alimentación, consagrado como tal en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU de 1999 (y del cual Venezuela es signataria), el Estado venezolano, como garante principal de este derecho, vulnera todas sus dimensiones:

  1. Disponibilidad (es violentada por la escasez)
  2. Accesibilidad (que los ingresos alcancen para comprarlo, sin presiones ni controles políticos)
  3. Adaptabilidad (que el alimento sea el que la gente acostumbra a comer y en las marcas y presentaciones en las que suele hacerlo)
  4. Aceptabilidad (en términos de su contenido nutricional, calidad, y estándares)

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