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(15/07/2016) Cada día que pasa nos sorprende la camarilla en el poder con un nuevo desvarío. No entendemos si en su obsesión de perpetuarse en el poder a cualquier costo se han enterado que la situación de fragilidad material, espiritual e institucional que vive y sufre nuestro país reclama un cambio de rumbo urgente.

Es sorprendente mirar u oír las declaraciones de múltiples voceros oficialistas que parecen vivir en otro planeta. Todos nuestros problemas, según su visión, es producto de conspiraciones internacionales o de una mala racha del mercado petrolero. No son capaces de entender que lo que estamos viviendo es el resultado de sus desatinos, de un intento de lograr resultados diferentes de ensayar las mismas fórmulas que en más de cincuenta países fracasaron. Se empeñan en lo que en otros lugares y aquí mismo ha naufragado una y otra vez. Que no se puede dirigir la economía como si fuera un cuartel. Las fuerzas del mercado requieren regulación, pero no puede ignorarse, en caso contrario no habrá la oferta suficiente para atender a la demanda.

No hay posibilidad de estimular la producción sino no se cubren los costos de producción, incluido la ganancia por ejercer la actividad. La locademia oficialista ha pretendido ignorar esta realidad. Pregúntele a alguien que se dedique a producir empanadas o ladrillos (no importa si es un artesano o una gran empresa) si puede mantener su actividad cuando un burócrata le impone un precio de venta que no cubre sus costos. El resultado ya lo sabemos: dejará de producir, el desabastecimiento es producto de la insensatez de quienes no se han enterado del ABC de la producción.

La locademia oficialista tampoco entiende la complejidad de la distribución. Ignora que todos los intentos de centralizar esa actividad en manos del Estado han resultado en enormes fracasos y han sido el nido de corruptelas de dimensiones siderales. No es por casualidad que todos los intentos en ese sentido han fracasado o tienen un impacto muy disminuido respecto a los objetivos esperados.

Tampoco en el terreno político la locademia oficialista se orienta en un sentido adecuado. No es capaz de entender que la correlación de fuerzas políticas y sociales cambió. Cree que los recursos de poder de que dispone, ahora disminuido, puede torcer la voluntad popular. Acostumbrada a una discrecionalidad sin cortapisas, ahora se encuentra retada por una fuerza emergente.

Intentar posponer cualquier cita comicial (revocatorio, elecciones regionales) pensando que su suerte cambiará es hacer más estrepitosa su caída. Más vale que busquen un escenario que les permita la retirada ordenada y le ahorre a nuestro pueblo violencia y penurias innecesarias.

La situación es lo suficientemente grave y el sufrimiento cotidiano del pueblo es cada día mayor como para que los inquilinos del poder entiendan que deben dejar espacio para que otros gobiernen, porque ya los inventos desatinados de la locademia oficialista no hacen sino empeorar la situación de la gente.

Tal Cual Digital

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