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(20/07/2016) Escribí sobre la angustia que vivimos al conocer los hechos en directo sobre lo que es el hambre del pueblo. El tema de la semana pasada sigue vigente. Por lo corto del espacio, no fue suficiente para escribir todo lo que quería compartir. Se trata de que hay un sector de la población que no parece venezolano, o al menos el venezolano que conocí siempre.

Por eso, fue tan importante e impactante para mí la asistencia a la Asamblea Nacional y escuchar a las valientes diputadas y a las dirigentes femeninas de los consejos comunales y de las organizaciones no gubernamentales. También los hombres estuvieron bien, pero es que la acción y la energía femenina se despliega de manera maravillosa cuando surge de la fuente maternal y de Gaia, la Tierra, como corresponde.

Nada que ver con esas féminas, masculinas en su acción, que han olvidado la ternura maternal y la compasión, creyendo yo que eso es esencial a la femineidad, cuando veo esos comportamientos en mis congéneres, lo reconozco, me descompongo.

Escribí sobre la angustia que vivimos al conocer los hechos en directo sobre lo que es el hambre del pueblo. Estuvo también la diputada Dinorah Hernández, representante del estado Yaracuy, otra venezolana demócrata y luchadora. Es de la nueva generación. Sorprende por su claridad al hablar, su valentía, su decisión. Dinorah sabe de la manipulación que ejerce el gobierno con la repartición de las bolsas de comida, Clap, y ella anuncia con firmeza que es “un fracaso anunciado”.

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Sin embargo, contradictorios lectores, he escrito de lo que ustedes saben: la escasez, el desabastecimiento, las colas, la exclusión. Lo que me motivó a dedicar los dos espacios en este periódico al tema de la alimentación fue la toma de consciencia sobre los sentimientos que han aflorado en estos momentos dramáticos entre nosotros.

Si bien hay un grupo de venezolanos que lucha, es solidario, enfrenta toda clase de penurias, ha aparecido un ente, un espécimen: ¿será el “hombre nuevo”? Cargado de egoísmo, envidia, mal educado, prepotente, lleno de malicia, dispuesto a todo. Cuando digo que está dispuesto a todo, me refiero a transformarse en una especie de delincuente con derecho a violentar normas, principios y los sentimientos de los humanos. Me gusta comer y lo necesito, pero llegar a ese punto, en donde no nos reconocemos, nos transformamos en extraños, ¿en extranjeros, entre nosotros mismos? ¡Es patético!

Gloria Cuenca

@EditorialGloria

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