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(25/08/2016) Un estudio publicado en la revista ‘The New Atlantis‘ asegura que “no existen pruebas científicas” de que la identidad sexual del ser humano esté determinadas desde un punto de vista biológico, una idea que es la base de la ideología del movimiento LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y personas transgénero).

El documento elaborado por Lawrence S. Mayer, epidemiólogo, especialista en bioestadística y residente del departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Johns Hopkins (Baltimore, Maryland, Estados Unidos); y Paul R. McHugh, psiquiatra, investigador y antiguo jefe de Psiquiatría de ese centro educativo; no establece que la identidad sexual sea una opción, sino que la postura contraria, resumida en la frase ‘los gays nacen, no se hacen’, podría ser un error porque no está respaldada por datos científicos.

De este modo, los investigadores concluyen que las diferencias en las estructuras cerebrales de los heterosexuales y homosexuales que han estudiado no tienen por qué ser innatas, sino que podrían ser consecuencia de factores ambientales o psicológicos.

Mayer y McHugh detallan que, estadísticamente, las personas LGBT sufren más problemas de salud mental que los heterosexuales —”se estima que la tasa de intentos de suicidio entre las personas transgénero es de un 41 %, comparada con el 5 % del conjunto de la población de EE.UU.”— y que ese aspecto se suele explicar por el estrés y la discriminación social que sufren, aunque señalan que, por sí solos, esos factores no concretan la situación y se necesitan realizar más averiguaciones al respecto.

Finalmente, los autores de este estudio abogan por la “prudencia” a la hora de recurrir a tratamientos médicos drásticos para realizar cirugías de cambio de sexo, especialmente en menores de edad, debido a que “existe escasa evidencia científica sobre el valor terapéutico de esas intervenciones”.

Lawrence S. Mayer y Paul R. McHugh se han centrado en este tema para atraer la atención sobre los problemas mentales a los que se enfrenta la comunidad LGBT.

Precaución con los niños

El propio editor de la revista, Adam Keiper, explica la necesidad de este trabajoso estudio. “La transexualidad es una de las realidades más complejas de la sexualidad humana, se puede ver hasta como un fraude en el género humano y necesitábamos contar desde el punto de vista de la biología y la psicología qué es la transexualidad y si tienen repercusiones mentales”, señala Keiper, encargado además de dirigir un vídeo sobre este informe.

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Asimismo, estos dos expertos sostienen que la realidad biológica es una realidad que no puede ser alterada ni socialmente ni a través de la cirugía: “Aunque un niño pequeño sea considerado -incluso por él mismo- una niña, no lo convierte biológicamente en una niña. La definición científica del sexo biológico es, para casi todos los humanos, claro, binario, y estable, lo que refleja una realidad biológica subyacente que no se contradice con las excepciones a la conducta sexual habitual, y no puede ser alterada por la cirugía o condicionamientos sociales”.

Al mismo tiempo el estudio señala que la creencia de que la orientación sexual es innata y responde a una realidad biológica, es decir, “que la gente nace así”, no está apoyada por ninguna evidencia científica. Mientras que el sexo biológico es una característica innata de los seres humanos, la identidad de género es un concepto más difícil de alcanzar.

Los niños son además una parte importante del estudio. El informe sostiene que sólo una minoría de los menores que muestran pensamientos o comportamientos atípicos sobre su género continúan haciéndolo durante la adolescencia y la edad adulta. Por eso los científicos creen que no hay motivo para que todos estos niños deban ser animados a convertirse en transexuales y mucho menos a ser sometidos a un tratamiento hormonal e incluso a la cirugía.

Para Lawrence Maier y Paul McHugh nadie puede determinar la identidad de género de un niño. “Tenemos dudas acerca de que un niño tenga desarrollado el sentido de su género. Nos alarman profundamente estas terapias, tratamientos y cirugías (LGTB) porque pueden ser prematuras, ya que la mayoría de los niños que se identifican con el género opuesto a su sexo biológico no continuará haciéndolo ni durante su adolescencia ni en edad adulta. Hay una falta de estudios fiables sobre los efectos a largo plazo de estas intervenciones. Instamos enérgicamente a la precaución en este sentido”.

RT

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