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(29/08/2016) El extraordinario reto que deberá enfrentar la Fuerza Armada Nacional ante la multitudinaria demostración opositora del próximo 1° de septiembre es muy exigente: mantener la paz de la República, colaborar en el mantenimiento del orden público y garantizar el derecho que tienen los ciudadanos de manifestar pacíficamente y sin armas como lo establece el artículo 68 de la Constitución Nacional.

El general Vladimir Padrino López, el Alto Mando Militar y todos los efectivos de la Fuerza Armada Nacional, antes de enfrentar tan compleja situación, deberían reflexionar profundamente sobre algunos principios de  Ética Militar y sus obligaciones institucionales, en particular, lo pautado en el artículo 328 constitucional. Venezuela vive una delicada crisis de consecuencias impredecibles. Me imagino que los organismos de planificación y análisis de la Fuerza Armada deben tener claros los orígenes de dicha crisis y las motivaciones para la protesta. Venezuela nunca sufrió durante el siglo XX una tragedia como la que está padeciendo actualmente nuestro pueblo.

Los organizadores de la marcha han declarado en distintas oportunidades que esa importante movilización tiene por objetivo demostrar al mundo y al propio gobierno que los venezolanos estamos dispuestos a luchar para conseguir, a través del referendo revocatorio o cualquier otro medio, el necesario cambio político, económico y social que requiere nuestro país. Lamentablemente, el gobierno nacional, en lugar de respetar la Constitución Nacional, está decidido a utilizar medidas represivas para impedirlo. Así lo demuestran las constantes amenazas proferidas públicamente por Nicolás Maduro y otros altos jerarcas del PSUV y del gobierno. Se requiere ser un gran irresponsable para  atreverse a decir en cadena nacional, entre otras cosas, que: “¿Ustedes vieron lo que pasó en Turquía? Endorgan se va a quedar como un niño de pecho para lo que va a hacer la revolución bolivariana si la derecha pasa la frontera del golpismo”. Esa amenaza no sólo iba dirigida a la oposición democrática, sino también a amplios sectores de la Fuerza Armada Nacional. En Venezuela, así lo indica nuestra historia, sólo puede conspirar la Institución Armada.

La trágica realidad que enfrenta Venezuela ha creado en nuestro pueblo la firme decisión de asistir masivamente a “la Toma de Caracas”. Uno de los aspectos que más se discute en cualquier reunión es la duda que existe sobre la posible actuación de la Fuerza Armada Nacional durante esa movilización. Las opiniones son muy controvertidas. Unos creen que garantizará el derecho ciudadano de marchar pacíficamente en cualquier parte del territorio nacional. Utilizan como argumento su actuación durante las elecciones parlamentarias el 6 de diciembre de 2015. Otros, sin duda la mayoría, piensan que su historia reciente es de represión y compromiso con el régimen chavista. Además, señalan los errores, las corruptelas y los abusos de poder de todos estos años. La grave caída del prestigio de la Fuerza Armada exige una inmediata rectificación. La “Toma de Caracas” podría ser una magnífica oportunidad para iniciar su recuperación institucional, el respeto y la credibilidad de los venezolanos.

Un aspecto que debería analizar la Fuerza Armada Nacional es la imprudente y provocadora convocatoria del PSUV, acompañada de una serie de violentas amenazas, a una marcha, ese mismo día, llamada “la Toma de Venezuela”. Esa convocatoria fue hecha muy a posteriori de la realizada por la MUD, con la evidente intención de generar enfrentamientos.

El general Padrino debería plantear ese delicado asunto al presidente Maduro, recomendándole la suspensión de la marcha del PSUV. Si no lo hace, y ocurre algún hecho de violencia, la responsabilidad recaería sobre su persona, su conciencia y la Fuerza Armada Nacional. Si se lo plantea a Nicolás Maduro, y este no acepta su recomendación, toda la responsabilidad recaerá sobre el Presidente y su conciencia, pero es necesario hacerlo público  En todo caso, si por negligencia, omisión o mala intención, ocurriera alguna grave alteración del orden público, la Fuerza Armada deberá intervenir para restablecerlo. Al hacerlo, tanto el general Padrino, como algunos de sus subalternos podrían tener que enfrentar responsabilidades penales.

El problema no termina aquí. La Toma de Caracas será una impresionante demostración de fuerza y de organización de la oposición democrática. Al mismo tiempo, el mundo percibirá el inmenso rechazo de nuestro pueblo al presidente Maduro y su gobierno. Si esta realidad no le hace comprender que es necesario buscar una solución pacífica y constitucional como la del referendo revocatorio o su renuncia, la situación nacional se hará inmanejable al crecer de manera incontrolable el hambre, la escasez, la inseguridad, la inflación y la violencia. Esta trágica realidad obligará a la Fuerza Armada Nacional a tomar una posición que le permita ser uno de los factores en la solución de la crisis a través de un diálogo con amplios sectores nacionales. Un delicado asunto que debe ser tomado muy en cuenta es el tiempo. La solución de la crisis política que vive nuestro país es perentoria. De no hacerse de esa manera, los graves problemas económicos y sociales que afligen a Venezuela se harán más difíciles de resolver y seguramente desembocarán en un lamentable estado de caos y violencia que nadie en su sano juicio puede desear…

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El Nacional

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