La-caricatura

(01/09/2016) El camino a la victoria, en cualquier prueba es difícil. Lograr el triunfo depende de la voluntad del competidor. Conocemos a los que han gobernado y gobiernan a Venezuela. A la Venezuela de todos los que en ella habitamos. No de un grupúsculo que al parecer piensa que les pertenece. Craso error. Esta nación, que hoy se encuentra en el último escalón de la miseria, quienes la “gobiernan” no pueden desviar la mirada. Y mire usted el abandono en que la han sumido. No se escapa ningún gobernante. Todos, absolutamente todos, han formado parte de esta perversa comparsa. Si no, tuviésemos el mejor estándar.

Echemos un vistazo a su infraestructura en general. Miremos los “elefantes blancos” en que se han convertido las diferentes entidades públicas y privadas. Observemos de cerca cómo trabajan. Y no es que Venezuela sea una nación pobre en recursos. No señor. Todo lo contrario. Revisemos los ingresos que se han logrado por concepto del “oro negro” y de las tasas impositivas. La billonada (con b) de divisas se pierde de vista. “Recrearse” la vista con los cinturones de miseria alrededor de las urbes en nuestra Venezuela, es una tragedia.

El daño a nuestra patria viene ocurrido desde hace décadas. Obvio que hoy se ha cuantificado considerablemente. En pleno siglo XXI, vemos cómo se invaden propiedades y se expropian empresas. Es una constante regresión. Es como un juego sombrío, maligno. Todos somos culpables de la debacle. Decía Winston Churchill: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Y allí estamos anotados los ciudadanos de buena fe. Lástima.

No voy abordar en esta crónica de la Venezuela de todos, lo que vemos diariamente por las calles de nuestras ciudades, con impotencia y “encabronados” (discúlpenme ustedes el término), las vicisitudes de los compatriotas venezolanos y de otras latitudes que con nosotros conviven. Tampoco me referiré a las funciones de la cúpula militar que están (rodilla en tierra) con el “proceso” y  desarrollando actividades alimentarias. Lástima.

Para nadie es un secreto que Venezuela está sumergida en una suerte de convulsión paranoica, la cual ha sido llevada de la mano por líderes que, al parecer, su inteligencia emocional no les responde (no soy psiquiatra, el psiquiatra es otro). Venezuela ha transitado por los más recónditos espacios de traición (ejemplos hay), de ingratitud, de olvido y sobre todo, de aprovechamiento de sus riquezas. La historia no miente. Ella está allí, imperturbable, para juzgar a quienes la han mancillado. La historia no es ciega. Observa las acciones perversas de los gobernantes que la han situado en el foso de la desgracia en que se encuentra. Duele decirlo. Pero no hay otra connotación.

En los últimos 60 años Venezuela ha llevado “palo parejo” (expresión popular), por sus gobernantes. Los más recientes: Luis Herrera, Carlos Andrés Pérez I y II, Jaime Lusinchi, Rafael Caldera I y II, Hugo Chávez I y II, y finalmente, Nicolás Maduro. En todos ellos Venezuela ha caminado con tropiezos. Casos como “El viernes negro”, “El caracazo”, “El Sierra Nevada”; “Expropiaciones de bienes” y pare Ud. de contar. Eslóganes de campaña electorales como “Ese hombre sí camina”, “Dónde están los reales”, “Jaime es como tú” (comentan que era adicto al alcohol), “No volverán”, “patria, socialismo o muerte”, “El presidente obrero”, entre otros. En definitiva, nuestra Venezuela camina enceguecida. Hoy, mientras otras naciones crecen en desarrollo, Venezuela anda sin horizonte, sin futuro cierto. Una crónica aterradora que debe tener un final feliz y en sana paz.  Eso auguramos.     

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Alfredo Monsalve López

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