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(05/09/2016) Un hecho espantoso ocurrió mañana del domingo 28 de agosto de 2016, en los alrededores de la calle Terepaima, en la parte alta de El Marqués, municipio Sucre del estado Miranda, que describe con mucho realismo Lysaura Fuentes del portal web El Cooperante.

Manuel Jesús Barrios u abuelo de 84 años y buen vecino se encontraba en el porche de su quinta de cinco niveles, llamada “Luisa” limpiando las verduras de la sopa que le haría a su esposa, Luisa Salazar de Barrios (80). Mientras la octogenaria se encontraba dentro de la vivienda sentada en una sillita-ya que le costaba caminar-esperando que su esposo le hiciera el caldo, que a ella tanto le gustaba.

En las afueras de la vivienda de la familia Barrios, tres jóvenes no mayores de 20 años, vestidos con suéter y blue jeans, se encontraban merodeando por la zona, daban vueltas y vueltas por los alrededores de la quinta Luisa, tenían tiempo haciendo lo mismo, hasta que decidieron cortar con una segueta las concertinas (alambrado de seguridad) de la cerca para ingresar a la propiedad.

El ruido del horror

Luisa de Barrios estaba en su sillita cuando escuchó como si estuvieran segueteando (trabajar con la segueta) algo en la zona, el ruido le generó sospecha y le dijo a su esposo Manuel lo que había percibido. El abuelo le dijo a la dama “eso no es nada mujer” y se retiró al porche a continuar limpiando las verduras para la sopa.  

Luego de pasar unos minutos, los tres sujetos con una mirada endemoniada sorprendieron al abuelo en el pórtico y a punta de empujones y sometimiento lo obligaron a ingresar a la sala de la quinta, mientras su esposa observaba atónita y atemorizada aquella escena de horror.

Dos de los hampones les decían a Manuel que los llevara a buscar los objetos de valor, que se encontraban en la casa, pasaron por la cocina y los sujetos al abrir la nevera dijeron:“hasta tienen tres pollos éstos viejos”, y cargaron con ellos. Luego llevaron al octogenario a empujones hasta el cuarto matrimonial y lo obligaron a abrir la caja fuerte, para llevarse todo lo que había en ella. Mientras el longevo era sometido por los dos antisociales, el tercer sujeto se encontraba con Luisa en un baño de la quinta, donde la mantenía cautiva. El individuo le decía a la abuela “tú te pareces a mi mamá, viejita me voy a quedar a vivir contigo”.

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Desde el baño, Luisa comenzó a gritar a los otros dos hampones, que se encontraban con Manuel, que “llévense todo, pero no me maten a mi viejo”, sin saber que durante el recorrido que hizo el abuelo con los otros delincuentes, estos aprovecharon para degollarlo, con el mismo cuchillo que estaba usando el señor Barrios para limpiar las verduras del caldo, en la sala de su vivienda.

Un descubrimiento sangriento

Cuando ya los antisociales se habían marchado de la casa de la familia Barrios con el motín, Luisa comenzó a gritarle a su esposo, para conocer su estado, lo hizo varias veces, y el octogenario nunca le contestó, asustada y con temor por la vida de su amado, salió como pudo del baño, donde se encontraba cautiva y comenzó a subir lentamente, uno por uno, los escalones hasta llegar al quinto nivel de la propiedad. Al observa que allí no se encontraba su ser querido, bajó los escalones hasta llegar a la sala de la residencia y en este punto encontró a su esposo sin vida sobre un charco de sangre. La abuela quedó pasmada, comenzó a llorar incontrolablemente. Era de esperarse, su compañero de vida estaba inerte, su corazón ya no palpitaba, el látigo de la delincuencia se llevó a ese ser que tanto adoraba. Se imaginaba que iban a morir juntos, tranquilos, bajo el abrigo de su cama, pero la situación fue diferente, el hampa llegó a su hogar sin aviso y le dejó una herida que nunca sanará.

El Cooperante

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