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(9/9/2016)Traemos a la página este artículo acerca de Alfredo Peña escrito por Antonio Sánchez García que aunque no dice mucho del ex alcade se debe reconocer que describe algunos eventos que son verdades.  No está claro el porqué de la dedicatoria a Bonis Simonovis. Como caballero que es debió dedicar este post a Simonovis pero no lo hizo así.  Lastima que no es mas explícito y deja algunos temas por definir como ocurre en muchos de sus articulos pero aqui está:

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Alfredo Peña: A Boris Simonovis

No conocí ni jamás socialicé con Alfredo Peña. Seguí sus tortuosas ejecutorias al frente del principal y más influyente periódico del país y su peñonazos por Venevisión. Sufrí la aspereza de su desembozada campaña en contra de Carlos Andrés Pérez y a favor del golpismo que lo defenestrara, responsable de la devastación que hoy sufrimos todos los venezolanos. Esfuerzos gratificados con un puesto en la Asamblea Constituyente, cuando brincara del periodismo a la política activa, un ministerio arrebatado a su comadre Carmen Ramia con todas las malas artes de la inescrupulosidad y la mendacidad de que podía ser capaz, y la alcaldía de Caracas que, justo es reconocerlo, obtuvo en buena lid con una abrumadora y aplastante mayoría de votos. Sus caminos coincidían con los de un pueblo desmemoriado, enloquecido y extraviado. ¿Habrá soñado en algún momento de su vida con alcanzar la presidencia de la República, como también lo deseara con ardor y pasión su otro yo, el también periodista y político José Vicente Rangel?

Viví, como todos los venezolanos medianamente informados, su distanciamiento del régimen y su deslizamiento sibilino y tortuoso hacia las fuerzas opositoras. No era el primero ni sería el último. Ya había sido anticipado, pero de una manera desembozada y frontal por Jorge Olavarría y en medio de la primera crisis del chavismo por sus mejores conciencias: Luis Miquilena, Alejandro Armas y la escasa decencia que en medio del vendaval había corrido a guarecerse bajo el árbol más sombreado de la política nacional. Creo que el único y muy fugaz encuentro que tuviéramos tuvo lugar en el Centro Comercial San Ignacio, en Chacao, una noche en que se celebraba allí una pequeña concentración – creo que en defensa de los medios, pues si mal no recuerdo uno de los oradores era mi amigo Miguel Henrique Otero. Caminaba discretamente y en solitario por los pasillos del San Ignacio acompañado por su fiel comisario, Henry Vivas. Todo ello sucedió a escasas horas de que se escapara del país, dejando a su gente en la estacada. Aún están presos. Él acaba de morir, a los 72 años y tras una larga y torturante enfermedad, en la ciudad de Miami.

No es un tema grato de ventilar. Suena a adaptación para una mala telenovela venezolana de la maravillosa obra de Dostoievski,Crimen y castigo. Sería una suerte de remake de Por estas calles o su continuación bajo las nuevas coordenadas nacionales: no un caudillo en la gloria, sino un sátrapa en la cloaca; no un pueblo delirante y enloquecido, sino acosado por el hambre y la muerte; no un palacio presidencial en el foco de la escena mundial sino asediado por el pavor de una toma sangrienta; no unas hijas en pleno despliegue de un glamour propio de la Revista Hola sino unos sobrinos presidenciales a punto de ser sentenciados a perpetuidad por narcotraficantes.

Toco el tema ante el temor al olvido, mal congénito de la inconsciencia nacional. Para que no se nos traspapele el siniestro papel jugado por los medios en los prolegómenos del asalto al Poder por la barbarie asesina del chavismo castrista, por el flaco favor que le hiciera el periodismo a nuestra herida democracia, por el arribismo político y la irresponsabilidad de un pueblo en crisis. Ya se sabe: quien olvida el pasado corre el riesgo de repetirlo.

Por Antonio Sánchez García @sangarccs

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