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(12/09/2016) Así es el caso de Carolina, una joven de 15 años, residente de San Félix, estado Bolívar, que dejó sus estudios porque tenía un novio que le daba todo. Le compraba ropa, paseos y hasta le daba dinero, le complacía los caprichos. Hasta su madre estaba encantada, no sólo por lo detallista sino por lo tranquilo y respetuoso del muchacho.

Sin embargo, debajo de esa imagen de “Niño bueno”, la madre de la joven descubrió una conversación privada en el Facebook en la cual él le sugirió a la muchacha que si su mamá no le quería prestar el carro se lo robaran entre los dos. “No seas gafa, si no te lo da, se lo quitamos”. Luego de leer el mensaje, Isaura Rodríguez, madre de Carolina, le prohibió que lo viera más, sobre todo al enterarse que el individuo era conocido porque robaba carros.

Pese a que alertó a Carolina sobre las andanzas del muchacho, ella no lo quería dejar hasta que él le propuso que le sirviera de señuelo para robar un carro. “Mi hija no aceptó y empezó a tenerle miedo. El muchacho la golpeaba y la amenazaba cuando ella no accedía a sus peticiones. En varias ocasiones le dijo para intimidarla: ‘A mí nadie me deja. Yo soy el que termina la relación y si lo haces, te mato y no estoy jugando”.

Asustada, ella le dijo que bajo esas condiciones no podía continuar. El joven la perseguía a los sitios a donde ella iba.

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‘Mi hija no podía ir a la bodega del barrio porque la seguía, y una vez tiroteó la fachada de la casa, en señal de que no estaba jugando. En ese momento dejé el miedo a un lado, porque debo pensar en la seguridad y la estabilidad emocional de mi muchacha, me la llevé a casa de una comadre en Maracaibo que nos brindó protección para salvarla de ese pran y la inscribí en otro liceo. Vendí mi casa y no regresé”, explicó finalmente la señora Rodríguez.

En lo que va de año, Anyegeimar Gil, consejera de Protección del Niño y el Adolescente del municipio Sucre, ha trabajado 30 casos de este tipo con adolescentes en edades comprendidas entre los 13 y 17 años de edad. Situaciones que son el denominador común en las barriadas de Barquisimeto, Maracaibo, el Distrito Capital y Miranda

Las jovencitas suelen buscar en un hombre el perfil del proveedor, aquel que las proteja, que las represente. En el barrio, los azotes son los que reúnen ese perfil porque son los que manejan grandes cantidades de dinero por la venta de drogas, y están en capacidad de darles lujos. Ellas, además de estatus, ganan respeto porque son las novias del malandro del barrio, el tipo popular. Luego se ven acorraladas porque si deciden terminar ellos no lo aceptan, entonces no les queda otro camino que huir”, explicó la experta.

Con información de El Nacional

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