(16/10/2016) Otra noticia importante para los venezolanos nos llega desde Roma. Primero fue la designación, hace unos cuantos días, de Baltazar Porras como nuevo Cardenal de la Iglesia Católica. Ahora la buena nueva es que ha sido designado Padre General de la Compañía de Jesús -el llamado Papa Negro- un venezolano, Arturo Sosa Abascal. La Iglesia Católica, de alguna manera, tiene los ojos en Venezuela. El Cardenal, el Papa Negro… ¿Y eso cómo se traduce a efectos de la vida de los venezolanos en estos tiempos tan convulsionados?

Sosa Abascal es politólogo, autor de una obra importante sobre el devenir político de nuestro país en el siglo pasado. Mención especial merece, por ejemplo, su sesudo y profundo estudio sobre Rómulo Betancourt. Sosa tiene ya unos cuantos años fuera del país, pero nunca ha perdido el contacto directo con lo que somos, y claro que conoce a fondo los vericuetos de nuestra realidad política actual. Es un intelectual de valía, de primera línea.

Baltazar Porras, por su parte, es un obispo que ha mantenido una actitud vertical frente al proceso cada día más autoritario y dictatorial lleva adelante el régimen. Comentamos, en la oportunidad de su designación como Cardenal, que muchos de los ataques de Hugo Chávez contra la Iglesia y los curas eran, en rigor, contra Baltazar Porras.

Ojalá y estas designaciones se traduzcan en paz, apertura, luz, inteligencia y calidad para el abordaje de los problemas de un país que cada vez más luce más oscuro, cerrado, violento y embrutecido.

Pasando la página, creo que no tiene sentido volver sobre lo que dicen los voceros del régimen. Total, es más de lo mismo siempre. Y ya, como decíamos ayer, la palabra democracia se desbarató y en su lugar quedaron solo con esas letricas d, i y las dos a con las que se escribe dictadura.

La Asamblea Nacional, que en este momento está recibiendo la más feroz andanada posible por parte del régimen, convoca, según el gran titular de El Nacional, a la sociedad civil para defender la Constitución. “El legislativo aprobó desconocer la autoridad y vigencia de los actos del Poder Ejecutivo y de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia que contraríen los valores, principios y garantías democráticos y lesionen los derechos fundamentales”. En otras palabras, se descara la situación. No podemos aceptar la arremetida dictatorial del régimen –dicen los diputados-, y llamamos entonces a ese país que votó por nosotros –el pueblo, la llamada sociedad civil- para actuar todos en un gran bloque ante la arremetida dictatorial.

En la sesión de ayer en la Asamblea Nacional también se abordó  la designación de Baltazar Porras. Pero en un debate sobre un asunto de paz, un diputado oficialista que responde al nombre de Hugbel Roa, perdió la compostura. El diputado cuestionaba la designación con el argumento de que el obispo Porras es homosexual. Absurdo, sí, insólito y ridículo. Cuando algunos diputados, entre ellos Juan Miguel Mateus, le exigió respeto. Roa, convertido en energúmeno, no pudo contenerse, arrancó el micrófono y se lo lanzó a Mateus. Pero le falló la puntería y el artefacto dio con la humanidad del diputado Marco Bozzo. No contento con esto, el salvaje diputado, encolerizado hasta el colmo, trató de arrancar la laptop para tirársela también a sus adversarios. Parlamentarismo puro, digamos.

  ¿Usted sabe cuánto cuesta una laptop? Evidentemente, el iracundo Roa no pagó la suya, el micrófono tampoco.

  Lo de ayer no es una anécdota menor, prescindible. En realidad dice mucho. Se está hablando de paz y un malandro arremete con violencia. Se está hablando de salidas democráticas y un malandro arremete con violencia. Se está hablando de democracia y varios malandros arremeten con violencia. Roa no es una excepción entre sus pares, él es su perfecta representación.

Bienvenida la designación de Arturo Sosa como Padre General. Ojalá Arturo nos ayude desde Roma a salir de un poco de este tiempo de oscuridad.

Bienvenida la designación de Baltazar Porras como nuevo Cardenal. Ojalá su labor pastoral nos ayude a salir de este tiempo terrible y violento.

Hugbel Roa, insisto, no es un caso aislado, él procede como proceden sus compañeros de partido y de ideología. Ese es el dilema del país: razón y luz frente a violencia, brutalidad y oscuridad.

Por Cesar Miguel Rondón

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