(17/10/2016) “En Venezuela hay hambre, que no era el caso de Perú cuando Fujimori disolvió el Congreso en 1992”, afirma Jorge del Castillo, diputado al Parlamento peruano, cuando compara el llamado Fujimorazo con la crisis venezolana. “En cuanto al desabastecimiento esto no tiene parangón. El gobierno ha matado la industria venezolana, la ha reducido a su mínima expresión. No conozco ningún caso en que un país rico, como Venezuela, termine en la más absoluta pobreza”.

Del Castillo es secretario general del Partido Aprista Peruano, preside la Comisión Democracia y Derechos Humanos en el Congreso y coordina el colectivo ciudadano Amigos de Venezuela. En su opinión, en lo que sí se parecen los gobiernos de Alberto Fujimori y Nicolás Maduro es en la violación de los derechos humanos  “Lo que pasa es que Fujimori fue más sutil. Maduro, de manera burda, mete preso a sus opositores por el solo hecho de pensar distinto”.

Declaró, por teléfono, que en Venezuela lo que hay es un remedo de democracia. “Por eso los países del Mercosur no han tolerado que Maduro asuma la presidencia, porque sería premiar al prepotente, al dictador”.

El diputado recordó que Fujimori hizo un Congreso a su medida, controló el Poder Judicial y las instituciones públicas, violó los derechos humanos, compró la prensa y acumuló una enorme corrupción, que después se demostró. “De una u otra forma esta situación se repite en Venezuela. Del gobierno que se eligió democráticamente no queda nada. No hay respeto a la independencia de los poderes públicos y cuando el pueblo le cambia la ruta utiliza uno de los poderes para impedir que la Asamblea Nacional funcione debidamente”.

—¿Cómo se sale de esta situación?

—Los hechos de corrupción cuando Fujimori fueron escandalosos. Fue el detonante. En Venezuela se huele la corrupción del gobierno a leguas. Tengo la impresión, permítame decirlo, que es un aspecto del que todavía no se ha tomado conciencia. Es una de las cosas que más atenta contra la gente. Mientras muchos pasan hambre algunos que ocupan el poder se enriquecen. Y como son tan soberbios se aventuran incluso a otras formas de corrupción. El poder omnímodo hace creer a estos sujetos que ese poder es eterno y harán lo posible por no perderlo porque saben que su destino será la cárcel y no otro.

—En el caso de Perú, ¿fue importante la solidaridad internacional?

La solidaridad internacional fue muy importante. Inclusive llegó un momento en que la OEA creó una mesa de diálogo entre el gobierno, la oposición y la sociedad civil. Eso permitió abrir unas líneas de comunicación. Todos los procesos no son iguales, pero son importantes la presencia de la solidaridad internacional con Venezuela, la lucha de su pueblo en las calles y la conciencia de ese mismo pueblo.

—¿A qué se debe apostar para superar la crisis en Venezuela?

—Es una suma de actividades: el pueblo en las calles, la denuncia permanente de la corrupción, el tema de los derechos humanos y la solidaridad internacional son la fórmula. Espero que la sociedad civil venezolana como la propia Fuerza Armada tome conciencia de que el país es llevado al despeñadero. El proceso de recuperación va a ser lento, pero no tengo dudas de que se va a dar porque no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista

El Nacional

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