(13/11/2016) Yo creo que uno de nuestros problemas fundamentales que enfrentamos como sociedad es la ausencia de los ciudadanos dentro de los contenidos de nuestra discusión pública. Así uno se encuentra con una realidad odiosa. Los políticos, parecen colocar sus intereses particulares por encima de los intereses de la sociedad en tanto que colectivo. Eso explica la pobreza de nuestra discusión pública. No es necesario desarrollar categorías para argumentar sobre las cosas que nos interesan. De manera que acá se habla mucho de política pero hay un énfasis insuficiente en los asuntos referidos a los ciudadanos.

En general, no escuchamos a las partes prestarle atención al país profundo, a ese país silente que no se muestra con facilidad pero que es necesario interpretar. Estamos acostumbrados a quedarnos dentro de una zona de confort que nos resulta cómoda, allí se elaboran los discursos correspondientes, los que resuenan en los oídos de la nomenclatura. Se olvidan que la gente está cansada de casi dos décadas de polarización.

Los ciudadanos se han retirado de la vida pública. No quiero decir que no asistan a las marchas. En efecto lo hacen, lo que digo es que no existen formas de organización que transformen la molestia manifestada en las marchas en una acción política concreta que permita reducir las penas de tantos, materializar el bienestar de todos. La construcción del país requiere la definición de alternativas viables a la locura en la cual nos encontramos.

Estamos inmersos en una absurda confrontación política al mismo tiempo que se deteriora la calidad de nuestra vida. Acá se ha hecho política, se han realizado mítines, reuniones, proselitismo; se han organizado partidos, se ha protestado y se ha prometido, mientras se ha reducido el margen de funcionamiento de la democracia, se han deteriorado los servicios públicos, se ha instalado el hambre. Somos un país cada vez más pobre y cada vez menos democrático.

Creo que la discusión que tenemos pendiente los venezolanos de este tiempo es aquella que está referida a los problemas del bienestar. Al final de la historia vivimos cada día peor. Uno se pregunta por el futuro de un país en el cual la salubridad es cada día de menor calidad. Cómo podemos esperar que una población sana crezca en medio de la suciedad y la escasez.

Los venezolanos hemos visto cómo se reducen las garantías de nuestra libertad. No solo en lo que respecta a nuestras libertades sustantivas: libertad de expresión, de asociación, de participación; sino también nuestras libertades instrumentales. Piénsese por ejemplo que la falta de anticonceptivos implica, por definición, una restricción a la libertad reproductiva de las mujeres, con lo cual se las somete a la posibilidad de un embarazo no deseado, a la abstinencia o a depender de la voluntad de su compañero en cuanto a usar o no un preservativo.

Otro tanto habría que decir en lo que tiene que ver con las limitaciones al uso de unas vías públicas sucias, llenas de huecos e inseguras, se limita el libre tránsito. La lista es infinita. Estamos construyendo una sociedad cerrada con un sistema parainstitucional que responde a quienes ejercen el poder. Un sistema en el cual la ciudadanía se encuentra desguarnecida.

La verdad es que en nuestra discusión pública se discute el pasado. El pasado que representa la MUD que no es más que una coalición electoral sin un proyecto alternativo y el pasado que representa este gobierno ineficiente que en 18 años no solo no ha logrado resolver los problemas sustantivos que enfrentamos como sociedad sino que los ha agravado.

Reconstituir el espacio de lo político como un espacio para la convivencia colectiva pasa por la definición de un proyecto de país que se nos muestre como una alternativa a la locura colectiva que vivimos. Acá es necesario reconstituir el espacio de funcionamiento de las instituciones desde la lógica de la imparcialidad. El país no le pertenece a una parcialidad política, sino a todos nosotros. Es tiempo de dejar a un lado la frivolidad y el desencanto de estos tiempos complejos que vivimos. Es necesario redefinir desde una perspectiva contractual los contenidos de nuestra convivencia con los demás. Es necesario determinar los mecanismos que nos permitan incrementar las oportunidades de realización de los ciudadanos, es necesario superar el rentismo como modelo de organización de la economía.

Hay demasiadas tareas pendientes en nuestro devenir. Lo estrictamente político es importante, pero mucho más lo relativo a la gente, su quehacer, sus problemas y su futuro. La verdad es que nos hemos equivocado vilmente en cuanto a los contenidos de las cosas que debemos discutir. Estamos perdidos entre el marasmo y la estupidez.

Por Miguel Ángel Latouche en Efecto Cocuyo

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