(20/11/2016) Teníamos varias semanas que  no traíamos noticias de sucesos a esta página por la preponderancia que ha tenido el acontecer político en los últimos días, sin embargo hemos decidido traer esta noticia publicada con mucho detalle por la periodista Lysaura Fuentes en El Cooperante porque refleja el exceso de maldad que pueden llegar a tener algunas personas para apropiarse de sus pertenencias dejando de ser personas para convertirse en verdaderos demonios que asechan al ciudadano común.

El pasado domingo 13 de noviembre a las 12 del mediodía José Gregorio Álvarez, de 47 años de edad, no se imaginaba que iba a acabar tirado en el pavimento llenó de sangre y con sus huesos partidos en cuatro pedazos. Buscaba una salida, alguien a quien pudiera gritarle o decirle el horror que estaba viviendo.

Su vida acabó como nadie hubiese querido acabar, sin poder despedirse de su madre, solo rodeado de unos buenos samaritanos que lo llevaron al Hospital Miguel Pérez Carreño, donde dio su último aliento.

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José Gregorio no soportaba el hambre que tenía ni las torturas que vivía a diario en su propio hogar. Se sentía en la peste, en la inmundicia en su apartamento, situado en el piso 6 del edificio 21 de julio, en la Cota 905, por ello, ese domingo decidió escapar de sus verdugos saliendo por la ventana de su apartamento para llegar al piso 4, pero algo salió mal, se resbaló y cayó al vacío.

Los demonios que ocasionaron la muerte a José Gregorio

Álvarez no deseaba morir de esa manera pero no le dejaron más opción. Meses atrás se encontraba solo en su hogar, ya que su madre, que vivía con él, se fue al apartamento de su hermana en Ciudad Mariche para ayudarla ya que sufría de cáncer y Zika. En eso llegó una pareja con su bebé, enviada con muy malas intenciones por su cuñado, Elías José Rivas , quienes se quedaron a vivir de forma obligada en su vivienda y lo sometieron a los tratos más crueles que se puedan imaginar. Convirtiendo su hogar en un infierno.

Esta pareja dejó a José Gregorio en la calle, no le permitían dormir en su casa, una situación que molestó a los vecinos de la zona, quienes fueron a reclamarle a los inquilinos y estos, viendo que nos les favorecía dejar en la intemperie a la víctima, lo encerraron en su cuarto.  Fue en ese momento en que su martirio aumentó. Los verdugos del infortunado no le daban de comer, lo obligaban a hacer sus necesidades en su cuarto, lo torturaban verbalmente y presuntamente lo dopaban con pastillas.

El demonio detrás de la tragedia. El cuñado, Elías José Rivas

Martha Álvarez, de 55 años de edad, quien era hermana de José Gregorio, falleció en Abril tras padecer complicaciones por un cáncer de mama y Zika. Fue en ese momento, en que su pareja llamado Elías José Rivas, aprovechó para hacerse cargo del apartamento de la fémina, situado en Ciudad Mariche, Miranda y el de la Cota 905.

Por ello, Rivas le impuso a José Gregorio los dos inquilinos “para apoderarse de las propiedades”, así lo manifestó una vecina de la víctima.

El occiso sufrió en carne propia los embates de un perverso, quien al mismo tiempo causaba pesares a su madre llamada Mercedes Pérez, de 86 años que se había quedado con Elías Rivas-tras la muerte de su hija-en el apartamento de Ciudad Mariche.

Mercedes estuvo encerrada por varios meses en Ciudad Mariche, bajo el yugo de Elías, quien la llevaba solo a cobrar su pensión para quitarle su dinero. Ella aprovechaba esa oportunidad para lanzar papelitos con mensajes de ayuda en la calle, pero este sujeto se dio cuenta y la amenazó con cortarle los brazos con un machete si lo volvía a hacer.

Tras la muerte de José Gregorio, los vecinos denunciaron el hecho ante los funcionarios de la policía municipal de Sucre (PoliSucre), quienes se activaron para buscar a la señora Mercedes, logrando rescatarla.

La mente maestra del infierno que vivieron hijo y madre desapareció al igual que los inquilinos macabros.

Por Lysaura Fuentes en El Cooperante

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