(30/11/2016) Nada se puede hacer por una sociedad cuando se ha perdido la sindéresis desde el poder. La soberbia y la arrogancia se han convertido en las más nefastas consejeras del gobierno. Venezuela está sumida en la más profunda crisis económica, política y social.

Contrario al decir de los agentes del madurismo, la verdad es que no existe producción de alimentos, ni medicinas, y menos de bienes. La prueba más fehaciente de esta debacle está al intentar encontrar un medicamento en un hospital o en una farmacia, porque significa morir en el intento.

El dólar que mide la escasa actividad económica del país ha triplicado su precio en unos pocos días, lo cual nos coloca en una hecatombe social. Maduro recibió el valor de la moneda extranjera en un dígito y logró en sólo tres años pervertir, o mejor dicho, asesinar la moneda nacional al colocar su valor en términos de excremento. Hemos alcanzado la inflación anual de los cuatro dígitos.

Eso implica que no existe aumento salarial que pueda ganarle la carrera a los precios. Los pocos alimentos que han llegado se venden a precios astronómicos, es decir, no son accesibles para la mayoría de la población. Comprar un kilo de azúcar, una bolsita de café (si logra hallarla), un litro de aceite, unos pocos granos, algunos enlatados y unas contadas verduras, representan la aniquilación de la quincena de la mayoría de los trabajadores.

Atrás, muy atrás quedaron los tiempos en los cuales, la temporada decembrina era sinónimo de optimismo por un año mejor. Este fin de año se ha convertido en una pesadilla de lo que será el próximo. Sólo las cúpulas del madurismo hablan de un país en “crecimiento”, cuando lo único que está creciendo es la delincuencia, la corrupción y la impunidad. Los pranes son los dueños de las calles y avenidas del país.

Controlan las bandas en sus anchas con la complicidad de cuerpos policiales y efectivos militares que se venden al mejor postor, violando su juramento para defendernos de la inseguridad y sobre quienes invaden nuestro territorio. Los atracos, homicidios y hasta masacres, como las ocurridas en Guayana, Cariaco o Barlovento cuyos protagonistas son parte de la fuerza armada están a la orden del día.

El contrabando está regido por las mafias del narcotráfico, la gasolina, la cabilla, el cemento, el oro, y la explotación irracional de los minerales.

Las cúpulas del partido oficialista se reparten el país, como si Venezuela fuera una hacienda particular, y los habitantes de los pueblos, sus esclavos. Todo el madurismo huele a azufre. No hay espacio del poder que se encuentre intacto ante la barbarie social, a la cual nos han sometido como ciudadanos. Nuestra ciudadanía ha sido vejada, humillada y ultrajada en todas sus dimensiones.

Desde el bebé que no puede ser alimentado con los nutrientes mínimos o tener un pañal como vestimenta, hasta el ancianito que carece de alimentos o medicinas quien no puede satisfacer tales necesidades por las razones descritas, o porque simplemente, cuando tiene que escoger, tiene que decidir entre comer un trozo de pan o ver agravada su salud. Eso no es socialismo. Eso es un holocausto psicológico y biológico contra la población.

El madurismo considera que la llamada “mesa de diálogo” le dará oxigeno político para hacer clientelismo con la entrega de viviendas o carros a futuro. Comprar conciencias, o hasta rearticularse como partido. Pretende repetir el libreto fallido de 2015, sin comprender que la inflación ha sido históricamente el factor que ha tumbado gobiernos en Venezuela, ha hecho perder elecciones, e incluso ha puesto en jaque a los gobernantes de turno.

¿Cómo pretende el madurismo que los venezolanos voten por ellos, sí nos han llevado a la miseria y la humillación social? ¡Hipócritas!

Fidel Castro y Hugo Chávez están muertos. La ideología no se come en tiempos de crisis económica, máxime sí ésta ha sido originada por los factores del poder político del Estado. La ideología genera efectos morales, sí y sólo sí, sus proponentes se sacrifican al lado del pueblo en sus sufrimientos y dolores, y en este caso, mientras la gente llora porque carece de lo esencial para vivir, los burócratas rojos viven como jerarcas y omnipotentes capitalistas. Eso revela cualquier cosa, menos ideología. Es traición.

El madurismo se ha convertido en la letrina de la historia. Sus componentes están impregnados de la bazofia seudo-socialista. El madurismo rechaza la aletiología, porque la praxis que conjuga tiene los aromas del Averno. El pueblo se está muriendo, pero se equivoca el madurismo, si piensa que en su corpus saldrá ileso luego de contagiar la anomia. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

Clíve Alcalá en BienDateao

Militar

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