(30/11/2016) A continuación el reportaje publicado por el diario The New York Times, en el que narra desde Curazao, lo que hacen los venezolanos para huir de su país y escapar del colapso económico.

WILLEMSTAD, Curazao — Los contornos oscuros de la tierra acababan de iluminarse cuando el contrabandista los obligó a lanzarse al mar, publica The New York Times.

Roymar Bello gritó. Ella formó parte de los 17 pasajeros que en julio se subieron a un barco de pesca sobrecargado y de motores viejos, esperando escapar del desastre económico de Venezuela para iniciar una nueva vida en la isla caribeña de Curazao.

Por miedo a las autoridades, el contrabandista se negó a acercarse a la costa. El hombre le ordenó a los pasajeros que se metieran al agua, mientras les señalaba la orilla lejana. Presa del pánico, Bello gritó cuando fue arrojada por la borda, en medio de la oscuridad del amanecer.

Ella no sabía nadar.

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Cuando empezó a hundirse bajo las olas, un compañero la agarró por el pelo y la remolcó hacia la isla donde se lavaron en un acantilado rocoso. Golpeados y con sangre, los emigrantes subieron mientras rezaban para conseguir trabajo, dinero y algo de comer para volver a empezar sus vidas.

“Valió la pena el riesgo”, dijo Bello, de 30 años, y añadió que los venezolanos, “vienen buscando una sola cosa: comida”.

Venezuela fue uno de los países más ricos de América Latina, su riqueza petrolera atrajo a inmigrantes de lugares tan variados como Europa y Medio Oriente.

Pero después de que el presidente Hugo Chávez se comprometiera a acabar con la élite económica del país y redistribuirle la riqueza a los pobres, la clase media y los ricos huyeron hacia países más acogedores, creando lo que los demógrafos describen como la primera diáspora de Venezuela.

Ahora está en marcha una segunda diáspora, con menos ricos y ciudadanos que en muchos lugares no son bienvenidos.

Más de 150.000 venezolanos han huido del país en el último año, la cifra más alta en más de una década, según los estudiosos que analizan el éxodo.

Y mientras la revolución de Chávez colapsa por la ruina económica que provoca una grave escasez de alimentos y medicinas, los nuevos emigrantes incluyen a los ciudadanos de escasos recursos que las políticas venezolanas debían ayudar.

“Hemos visto una gran aceleración”, dijo Tomás Páez, profesor de inmigración en la Universidad Central de Venezuela. El experto dijo que unos 200.000 venezolanos se han marchado en los últimos 18 meses, impulsados por lo difícil que es conseguir comida, trabajo y medicinas, sin mencionar la delincuencia que la escasez ha desatado.

“Los padres dicen: ‘Prefiero despedir a mi hijo en el aeropuerto que en el cementerio’”, dijo.

Decenas de miles de venezolanos desesperados también están llegando a Brasil, a través de la cuenca amazónica. Otros inventan complicadas estafas para escabullirse por los aeropuertos de las naciones caribeñas que en el pasado los aceptaban libremente. En julio, Venezuela abrió su frontera con Colombia solo por dos días y 120.000 personas se precipitaron a comprar comida, según los funcionarios. Un gran número de ciudadanos se quedó en ese país.

Ahora lo más sorprendente es que los venezolanos huyen por mar, una imagen simbólica que recuerda a las peligrosas travesías para escapar de Cuba o Haití, pero eso no sucedía en Venezuela, una nación petrolera.

“Todo ha cambiado totalmente”, comentó Iván de la Vega, sociólogo de la Universidad Simón Bolívar. Este año se incrementó en un 60 por ciento el número de venezolanos que huyeron del país en comparación con el año pasado, añadió.

“Los ingresos de estas personas son bajos”, dijo De la Vega sobre los migrantes más recientes. “La única opción que les queda es irse a los países cercanos, los que pueden llegar a pie, en balsas o en barcos con motores pequeños”.

La inflación llegará a casi un 500 por ciento este año y se proyecta un alucinante 1600 por ciento para 2017, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional. Esto reduce los salarios y crea una nueva clase de venezolanos pobres que han abandonado sus carreras profesionales por llevar una vida precaria en el extranjero.

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Los venezolanos como yo vienen a Brasil por una simple razón: es más fácil sobrevivir aquí”, dijo Reinier Salazar, de 30 años, un ingeniero industrial que se mudó a Brasil el año pasado. Ahora cocina en un restaurante de comida rápida por unos 400 dólares al mes, mucho más de lo que ganaba en Venezuela.

El éxodo se desarrolla tan rápido que desde 2015 unos 30.000 venezolanos se han trasladado a la región fronteriza del estado brasileño de Roraima, según las autoridades. Ahora el ejército brasileño está desplegando patrullas a lo largo de carreteras y ríos para disuadir más llegadas.

“Estamos en el inicio de una crisis humanitaria sin precedentes en esta parte del Amazonas”, dijo el coronel Edvaldo Amaral, jefe de la defensa civil del estado. “Ya vemos abogados venezolanos trabajando como cajeros de supermercados, venezolanas que recurren a la prostitución e indígenas de ese país que piden limosna en las intersecciones de tráfico”.

Algunos le pagan 1000 dólares más por persona a los contrabandistas para llegar a ciudades como Manaos y San Pablo, dicen las autoridades, mientras que otros simplemente cruzan la frontera hacia Brasil. En Pacaraima, una pequeña ciudad fronteriza brasileña, cientos de niños venezolanos están matriculados en escuelas locales y familias enteras duermen en las calles.

Es difícil encontrarle una solución a este problema porque involucra al hambre”, dijo el alcalde, Altemir Campos. “Venezuela no tiene suficiente comida para su gente, así que algunas personas se vienen para acá”.

Las pequeñas islas caribeñas vecinas de Venezuela son mucho menos hospitalarias y simplemente aclaran que no pueden absorber esa ola migratoria. Las más cercanas a la costa venezolana, Aruba y Curazao, le han cerrado las fronteras a los venezolanos pobres desde el año pasado, los obligan a mostrar 1000 dólares en efectivo antes de poder entrar —esa cifra equivale a más de cinco años de sueldo en un trabajo de salario mínimo—.

Ambos países han aumentado el patrullaje y las deportaciones, y Aruba ha reservado un estadio para albergar hasta 500 emigrantes venezolanos después de ser capturados, según las autoridades.

La suerte le cambió de forma dramática a los venezolanos, que en el pasado reciente viajaban a Curazao para gastar dinero como turistas, no para pedir trabajo.

“Todos dicen: ‘Usted es de Venezuela. Usted es de un país rico que lo tiene todo’”, dijo Bello sobre sus encuentros con los ciudadanos de la isla. “Y les respondo: ‘Eso ya no es así’”.

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