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(13/12/2016) No importa lo que diga el papa Francisco o lo que recomienden los cancilleres de América Latina sobre un diálogo adormecedor e inmoral. Basta con mirar al país para darse cuenta de la realidad: un payaso en Miraflores, militares y familiares de Maduro como narcotraficantes, burócratas corruptos, decisiones económicas y sociales absurdas, saqueos del erario público y expropiaciones de la propiedad privada.

Venezuela es hoy un gran juguete de los ineptos. Los resultados están a la vista: miseria, la basura como alimento, la salud destruida, la educación prostituida. Mientras Cuba ya se ha arrepentido de sus 60 años perdidos y de sus tres generaciones sacrificadas, Venezuela se empeña en repetir esa tragedia.

País masoquista

Frente a los venezolanos solo se abren dos caminos: la esclavitud o la rebelión. Cada día que el chavismo permanece en el poder es la comprobación de nuestra mediocridad como sociedad. Parecería que mientras más inepto y corrupto es el régimen más sumisa se muestra la sociedad. Un chofer reposero se permite actuar como dictador. ¿Qué clase de país tolera este insulto?

Solo hay dos caminos: la esclavitud o la rebelión. Se dice que, como el poder está en manos de una Fuerza Armada dominada por traidores y narcos, es imposible la rebelión, por lo cual solo queda abierto el camino de la esclavitud. La historia pasada nos sugiere que esa conclusión es errónea. Hoy, por ejemplo, Venezuela está mil veces en peor situación que la que tenía en 1958, cuando el país se alzó frente a Pérez Jiménez. En aquella Venezuela hasta había prosperidad para quienes “no se metieran en política”. Sin embargo, lo que también tenía la Venezuela de 1958 eran venezolanos dispuestos a correr riesgos por sus convicciones democráticas. Hoy ha sido diferente. A quien se arriesgó hace dos años y se fue a la calle para defender la democracia asaltada, sus mismos compañeros lo dejaron solo. Sin embargo, ese preso tiene hoy en las encuestas el apoyo de la mayoría de los venezolanos. ¿Cómo se puede entender esto? Yo lo veo como la muestra de que los venezolanos están dispuestos a rebelarse pero no tienen un líder o líderes que los lleven de la mano por el camino de la rebelión.

Lo que no se ha comprendido en la Venezuela de hoy es que el camino de la rebelión es también pacífico, constitucional y democrático. La rebelión de la cual hablo no es la montonera a lo siglo XIX ni un viaje a las montañas, disfrazados de guerrilleros, como la locura de la década de 1960. Hablo de una rebelión ciudadana, de una insurgencia cívica, basada en uno de los derechos humanos más básicos: el derecho a vivir en libertad, el derecho a sacudirse una dictadura. Hablo de una rebelión consagrada específicamente contemplada en la Constitución, no solo como derecho sino como deber. Porque el país ha estado violando su propia constitución, al permitir ser manejado por un régimen dictatorial, ilegítimo de comportamiento, corrupto e inepto.

El régimen chavista, apoyado por el Alto Mando Militar y un grupo de narco-generales es un tigre de papel, un espejismo de poder que mantiene al país en sumisión.

¿En qué consiste la rebelión ciudadana? En protestar masivamente, de manera perseverante y creativa en contra de ese régimen. Ello puede expresarse de maneras diversas: marchas, desobediencia civil, huelgas parciales y generales, de duración limitada o indefinida, actuaciones legislativas de desconocimiento de los poderes usurpados por el régimen, como lo son el Poder Electoral, el Poder Judicial y el Poder Ciudadano, hoy marionetas en manos de traidores. Consiste en llamar abiertamente al desconocimiento del régimen. Consiste en enjuiciar a Maduro desde la Asamblea Nacional, en nombrar nuevos rectores del Poder Electoral, en destituir a los magistrados traidores, ¿Es que van a poner presos a miles de venezolanos?

Se da por sentado que la Fuerza Armada va a reprimir de manera sangrienta al pueblo. Que morirán ciudadanos víctimas de los disparos de la Fuerza Armada. Esto es lo que se ha dicho. En justicia, yo no puedo estar seguro de que no será así. De lo que sí puedo estar seguro es que una represión armada en contra de un pueblo que está en rebelión por su democracia y su libertad y su derecho a vivir dignamente tendrá una respuesta inmediata por parte de grupos de la misma Fuerza Armada que no están de acuerdo con el alto mando militar prostituido. ¿Significaría esto una guerra civil? Probablemente pueda llamarse así pero, en el peor de los casos, duraría horas. Lo más probable es que nunca ocurra. Lo que si ocurre, silenciosamente, frente a nuestros ojos, es la muerte diaria de venezolanos. Mueren de hambre, mueren asesinados, mueren por falta de atención médica. Quienes se oponen a la rebelión por temor a la violencia no se dan cuenta de que la violencia en Venezuela ya forma parte de su vida diaria. Quienes piensan que podrían ser abaleados están hoy muriendo a pellizcos.

¿Es este riesgo a rebelarse lo suficientemente grande como para justificar la aceptación de la esclavitud? Los cubanos la aceptaron y véase el resultado. ¿Estaremos dispuestos los venezolanos a aceptar una narco-dictadura de la familia Maduro-Flores, a comer basura y a jugar monopolio con los billetes de banco?

Hasta ahora el chantaje del régimen, sus amenazas, han surtido efecto. El país está callado. Ha aceptado sentarse en una mesa de supuesto diálogo que ha resultado ser un fraude. Mientras esto ocurre el régimen sigue haciendo desastres en lo económico, en lo político, en lo educativo, en el sector de la salud, en materia petrolera. Siguen muriendo venezolanos inocentes. El mundo entero ya conoce la existencia de una crisis humanitaria en el país.

Escribo esto desde el exterior. No faltará quien me diga: véngase para acá y póngase usted al frente de la rebelión o cállese. Para ser exactos, ya me lo han dicho. Aunque fuera válida esta exigencia, que no lo es, mi descalificación no le restaría validez al contenido de mis palabras, porque consideraciones similares están hoy en la mente de miles de venezolanos. Repito que en Venezuela hay un 67% de la población dispuesta a la rebelión ciudadana. Yo solo soy un ciudadano más en busca del liderazgo quien tome la bandera de la rebelión ciudadana, la alce y se vaya a la calle.

Por Gustavo Coronel

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