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(20/12/2016) Ser invisible no consiste en que no puedan verte, sino en que no quieran mirarte. Algo de eso hay en el oficio del humorista, obligado a describir con seriedad la realidad, tal y como la percibe, y generar en el público el placer de la risa. Sorprendido de ver gente tomándose un café bajo los toldos en Barcelona, mientras España sigue sin gobierno, el politólogo, metido a humorista, es tomado como rehén por periodistas venezolanos que le abordan en la entrada del hotel. Con ellos comparte gratos minutos de conversación, antes de descansar porque le espera una presentación en el Teatro Apolo ¡a las 11 de la noche! Un motivo más para el asombro.

 “Sí, en Venezuela es cada vez más difícil hacer humor”, admite Laureano Márquez a una de las  preguntas de los colegas Claudia Delgado, Antonio Fernández Nays, Sandra La Fuente Portillo, Omar Pineda y Brenda Berrocal en un conversatorio organizado por Venezuelan Press, sección Barcelona, y donde gravita la preocupación del compatriota que reside afuera y la inquietud de quien, como él, sabe que regresará a un país más deteriorado. “Para mí sería muy fácil emular al Presidente y preguntarle a alguien que está flaco si está haciendo la dieta de Maduro, lo que además de burla comporta un acto de crueldad, particularmente de quienes gobiernan y pueden viajar con sus dólares para conseguir los alimentos y las medicinas que les hacen falta a los demás”. Por eso, explica que en sus shows el humor inevitablemente cruza la línea de la crítica, porque aunque no dedica ni un minuto para hablar de Maduro o de Cabello, intenta crear conciencia en un público que supone son venezolanos en un 90%. “El otro 10% son los esposos de venezolanas, quienes les obligan a ir a mis presentaciones pero que no son ajenos a las luchas internas del PSUV o a la designación de viceministros para cada rubro alimenticio por parte del general Padrino López”.

Las preguntas van directo a temas controversiales: el diálogo con el gobierno, el revocatorio, la salud interna de la Mesa de Unidad o la pregunta que se hace cualquier vecino en el ascensor ¿qué va a pasar? Para Márquez en principio nadie debe temerle al diálogo y confiesa que le preocupan los tuits de quienes opinan que no se debe negociar con malandros. “Cuando alguien, en su buena fe, dice eso, yo le recuerdo que la situación de Venezuela es como la de secuestro exprés… Yo a veces pienso que los venezolanos tenemos una pistola apuntándonos en la sien. Cuando uno está secuestrado (y mira que yo pasé por eso), a uno no le queda más que negociar con el malandro, porque además el gobierno es el que tiene las armas y apunta hacia quienes nos oponemos a sus desmanes. Digo que estamos en una situación límite en la que debemos ser inteligentes sin ceder a nuestros principios”.

EL HUMOR, ÚLTIMO REFUGIO DE LA LIBERTAD

Laureano Márquez advierte que no se siente un privilegiado al utilizar el humor para decir lo que le de la gana. Al contrario, “pienso muy bien lo que escribo. Sí digo lo que pienso, pero en algunas oportunidades tengo que buscarle la vuelta al cómo lo digo. Hay personas que no nombro, porque me voy a meter en problemas, ya todo el mundo sabe eso. Uno tiene que escribir como budista, porque uno sabe que el garrote está ahí para cualquier brutalidad que se le antoje”. Se trata a su juicio de una situación preocupante porque observa que el humor le está quedando más patético. “Mi problema que tengo en esa búsqueda es que cada vez es más difícil hacer humor. Un gran escritor dijo: “Una obra humorística queda mejor cuando más se acerca a la seriedad”. A mi particularmente se está acercando a la seriedad. Y eso no me agrada. Algunas veces no hago reír a la gente sino que las hago llorar y me digo, bueno, ¿la idea no era hacer reír a la gente? Es como si los estuviera estafando, porque me estoy vendiendo como humorista y estoy haciendo un análisis filosófico, histórico; claro juego hábilmente con el humor para que esté siempre presente, pero yo creo, que eso solo pasa en Venezuela: que tú vas a ver a un cómico y lloras.

Son estas reflexiones de diagnóstico del país, las que se cuelan en las presentaciones deLaureano Márquez, aunque él se niegue a servirse del humor para hacer mitin político. “Pero, qué quiere que te diga. Vivimos un periodo muy triste, debido a las medidas populistas y demagógicas que ofrecen cosas imposibles y terminan destruyendo a los países. Lo que está pasando Venezuela en estos momentos es la peor crisis que puede atravesar un país. Porque se trata de una crisis económica, alimentaria, sanitaria, de infraestructura uno siente que tenemos pocas posibilidades de salidas democráticas, ya que los organismos electorales y judiciales cierran las salidas electorales democráticas, y eso lo sabe la gente, sean chavistas u opositores, que van a mis shows”.

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 -¿Y la respuesta de la MUD?

Uno piensa, ¿cómo se va a discutir con ese malandro que te está apuntando a la cabeza y que además te tiene secuestrado? Esa es la situación del diálogo con el gobierno. Una cosa está clara: el gobierno no tiene interés en dialogar; para el gobierno le resulta más fácil apuntar con sus armas. Por eso creo que es muy inteligente la estrategia de la MUD de dialogar pero sin abandonar las protestas que, por otra parte, surgen de manera espontánea, por la misma gente.

 -¿Nos estás diciendo que no hay salidas democráticas?

-Perdón. Yo lo que digo es que se están cerrando las salidas democráticas. El gobierno las está cerrando. No digo que no las haya, creo que sí hay, pero las vamos a ver cuando tú pongas la plata que el secuestrador quiere para dejarte libre

-¿Y cómo reunimos esa “plata” para quedar libres?

-Nuestra única plata es la fuerza y la presión que podamos ejercer para hacerles comprender a los malos gobernantes, a estos malandros que nos están apuntando en la frente, que también nosotros los que nos oponemos a ellos, somos fuertes y que vamos a resistir. Te pongo un ejemplo: cuando a mí me secuestraron, un amigo llevó la plata para que me soltaran, y ese amigo estuvo en riesgo de que le quitaran la plata y nos mataran a todos, pero corrió el riesgo. Igual él fue, porque tenía la esperanza de que iba a vivir. Por eso digo que estamos en una situación límite y extrema y tenemos que apuntar a la esperanza.

-Pero ¿con qué contamos?

-¿Con qué contamos? Solo un pequeño detalle: somos el 80% de la población. Es pequeño para el pesimista, pero es grande que jode. Eso me indica que casi todo el país está en contra de Maduro. Y yo me digo, si yo luché cuando éramos un 20%, un 30%, un 40% y un 50% ¿voy a tirar la toalla cuando somos 80%? Tengo que ingeniármela para que ese 80% se transforme en fuerza de  presión, nacional e internacional, que promueva la salida de Maduro

 –La clave parece ser saber controlar las emociones y no pisar el peine que pone el gobierno…

-Sí, porque su estrategia es decirte siempre: no vas a poder. Yo he utilizado como estrategia, para entender cómo debe ser la lucha, el preguntarme qué quiere el gobierno de mí. El día de la gigantesca marcha del 1S, ¿qué es lo que el gobierno anhelaba? Que esa marcha de la oposición se terminara en violencia callejera. Es lo que buscaba el gobierno. Y es ahí cuando la oposición piensa, “no le vamos a dar eso” y nos fuimos retirando de la marcha a eso de las 2 de la tarde. Ellos pueden decir son unos cobardes. Pero resulta que esos “cobardes” lo que querían era evitar que se formara lo que quería el gobierno: hechos de violencia.

Yo regalo esperanzas

“Soy consciente que el propósito de mi oficio de humorista es hacer reír al público, pero no por ello no renuncio a que la gente analice las causas históricas de lo que nos está pasando como país. Que la gente entienda la responsabilidad personal que debe tener en el cambio del país. No puede esperar el gran cambio, ni el mesías con soluciones mágicas. El gran cambio lo haces tú cuando te levantas y decides qué clase de país vas a practicar. Si tu vas a buscar dólares, te vas a meter a corrupto, que no te importa el otro, al final del día será ese el país que dejarás a tus hijos; pero si practicas lo otro, lo más civilizado y educativo de nuestra historia ese es el país que tendremos. Por eso trato en mis espectáculos sobre la esperanza. Porque la esperanza para nosotros los venezolanos no debe ser que el petróleo suba, sino la esperanza está en que el corazón civil suba, que el ciudadano suba, que el civil se exprese. Que rompamos con los atavismos de nuestra historia, de riqueza fácil, poco apego a lo institucional, de la búsqueda de un líder, de un caudillo, de un superhéroe. Para acabar con estos atavismos es indispensable un proceso de educación cívica del alma venezolana. Tenemos con urgencia que educar al ciudadano, no tenemos país porque no tenemos ciudadanos educados, porque no hemos formados a ciudadanos. Y hay que formarlo de lo elemental. Sería feliz haciendo campaña de formación moral y cívica en Venezuela, cuando pase esta catástrofe que estamos viviendo”.

Por Laureano Márquez en Tal Cual Digital

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