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(06/01/2017) El sabio Marañón en sus escritos afirma que no hay peor enfermedad que ser víctima del autoengaño. Diagnóstico que apreciamos en él -por ahora- inquilino de Miraflores.

Nunca antes el empeño en ocultar la verdad se llevó a cabo desde el poderoso Ejecutivo nacional. Se borran las estadísticas y cifras de los registros vitales para lograr una acertada conducción de la nación. Ya no se publican, ni se leen los números que arrojarían la imprescindible luz sobre la realidad que lastimosamente vive hoy un país que progresaba por buen camino gracias a sus riquezas naturales; y como no se puede tapar al sol con un dedo, los datos sobre Venezuela van apareciendo en diversas publicaciones serias e irrefutables, como es el informe anual del Fondo Monetario Internacional. Señala el FMI en sus números y estadísticas la trágica realidad, como la contracción del producto interno bruto en 12% o la tasa de inflación superior a 500% y la caída de las reservas internacionales en más de 5.000 millones de dólares.

PDVSA vive con angustia los venideros vencimientos de sus bonos y para hacer frente a esas obligaciones deja de pagar a proveedores y contratistas generando quiebras y desempleo internamente. El equivocado camino de la revolución ha conducido a la empresa que fue orgullo de los venezolanos en la privatizadora soterrada y engañosa que hipoteca hasta las joyas de nuestra corona.

Escribió Salvador de Madariaga, en sus ensayos sobre el Quijote, que la peor prisión era la pobreza porque acaba la imaginación y la esperanza. De ser así, nuestro pueblo es víctima de ese Leviatán que traicionó la Constitución.

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Invocar al bien común para justificar el abuso de los derechos previstos en nuestras leyes y tratados internacionales, es inaceptable.

Cuando oteamos el futuro podemos, a pesar de no poder predecirlo, imaginar que nos depara mayores problemas de los vividos hasta la fecha. Sabemos que la crisis actual generará mayores y más complejos problemas.

La secuela de lo que se sembró con la semilla de la corrupción en el surco del futuro de la nación será difícil de erradicar. Para quienes deseamos respeto a la libertad y la justicia será una confrontación que demandará valentía, constancia y unidad para lograr la salida del Leviatán de Miraflores, monstruo que jamás debió imponerse.

Le dijo don Quijote a Sancho: “La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros de la tierra ni del mar, por la libertad, así como por la honra se puede y se debe aventurar la vida”, o dejemos que nuestra pobreza sea la justificación para entregar la libertad.

Por Leopoldo López Gil en El Nacional

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