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(07/01/2017) No me importa si el número de carnet de la patria presentado por el presidente Nicolás Maduro coincide o no con su número de cédula de identidad. No voy a sumarme a las especulaciones con respecto a su nacionalidad. Como lo he dicho otras veces, quien tenga pruebas de que el Jefe del Estado no es venezolano que las presente y punto. Mi punto es otro, y tiene que ver con algo muy profundo.

Me refiero a que ese nombre que le han dado a la tarjeta de racionamiento del siglo 21 es cuando menos una incitación a dividir una vez más a los venezolanos, entre los que son patriotas y los que no lo son. Y se trata entonces de que quienes lo tienen ya cuentan con una certificación de patriotismo vedada para quienes no quisieron o no pudieron ponerse en ese documento.

Iniciativas como esa generan muchos sentimientos. Para los aun creyentes en que el gobierno actual representa una opción de cambio en positivo, el poseer el carnet de la patria es un privilegio. Una constancia de buena conducta revolucionaria que le abrirá las puertas del racionamiento, de la posibilidad de recibir una bolsa de comida, cosa a la cual no deberían o no tienen derecho quienes se oponen a la revolución. Ese carnet es en buena medida la recompensa a la incondicionalidad, a la actitud no crítica. Y se respeta ese punto de vista. Esa posición, que seguramente tiene su asiento en la creencia de que llegamos a la bolsa de comida como consecuencia de la guerra económica.

Pero hay una franja se venezolanos que por mera necesidad tragará grueso y contará hasta diez para gozar de un supuesto beneficio y aparentar que apoya “el proceso”. Todo por una bolsa de comida. Es triste esa realidad , pero eso es lo que hay, como dice la salsa .Los que apoyan al gobierno y gozan del “beneficio” de la bolsa de comida son tan pobres como los que fingen apoyarlo pero necesitan comer. En resumen, ambos son el mismo pueblo sometido a una forma de dominación que a la larga no es sostenible.

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Es terrible que los habitantes de un país petrolero deban resignarse a depender de burócratas que cada quince días les den el “beneficio” de obtener una bolsa de comida. Más terrible es que la realidad le tape la boca o nos tape la boca a quienes nunca quisimos admitir que Íbamos en camino a imitar un modelo socialista que estaba basado en el racionamiento, en las colas y en la supresión de la iniciativa privada, en la criminalización del emprendimiento. Lo cierto es que vamos en ese camino. Para quienes nos gobiernan es motivo de orgullo la existencia de los llamados comités locales de abastecimiento y producción, conocidos por sus siglas CLAP. Son, a mi humilde modo de ver, mecanismos de dominación a través del control del hambre de la gente más pobre.

Tanto luchar durante tantos años por un mundo mejor y lo que resulta de ese sueño es un mecanismo aberrante que reduce al ciudadano a un cuidador de una bolsa de comida, por la cual debe renunciar a su condición de individuo crítico. Por eso le pregunto a quienes hoy gobiernan si en el fondo de su alma existe una real satisfacción por lo que se está viviendo. Si efectivamente lo que hoy padecemos es el paradigma de nueva sociedad. ¿No creen que existe una manera diferente de hacer las cosas? ¿Un modelo de país que no tenga como objetivo buscar la igualdad sobre la base de empobrecer?

En mi humilde opinión el único carnet de la patria que debe existir es la cédula de identidad. Cualquier otro carnet, como el que se anuncia, promueve la división entre los venezolanos, y eso es inaceptable. ¿A quién se le habrá ocurrido una cosas como esa? ¡Qué pena con ese señor!

Vladimir Villegas

2 de Enero de 2017

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