juancsosaazpurua

(09/01/2017) Más allá de las explicaciones cliché, es difícil comprender el por qué se ha recurrido sistemáticamente al desprecio de oportunidades para resolver la tragedia que se devoró al país. Y soy tajante en el tiempo utilizado. Ya no puede hablarse de una nación que es devorada, en presente, porque lo que queda de Venezuela es el recuerdo y la posibilidad, pero no su vida.  No puede considerarse la existencia de una nación cuando el cuerpo que la define ha sido erradicado y sustituido por un monstruo multicefálico, cuyos brazos y piernas son los poderes públicos que alguna vez se concibieron como instituciones del Estado.  Esta bestia, inflada de petro y narco dólares, borró del escenario la estructura de valores que permite que las sociedades avancen, y hoy es posible cualquier aberración, hasta la capacidad de asombro fue erosionada, solo quedando el cinismo como su efecto colateral.

En 2016 la Asamblea tuvo todo el poder para iniciar el final de esta triste historia, y optó por dialogar con la bestia, a sabiendas que dicho diálogo no iba para ninguna parte, porque habría que ser muy necio para pensar que unos narcotraficantes iban a cumplir con nada. Fue tan irónico como abominable. Finalmente contábamos con un poder público que parecía escaparse del secuestrador, pero en lugar de embestir con fuerza contra su captor, optó por regresar a él y asumir una escandalosa sumisión, una suerte de Patty Hearst con la voz de Ramos Allup.  Usar al Vaticano como excusa, fue un golpe bajo a la inteligencia del venezolano; el chiste cruel que se le hizo a un país que otra vez se jugó la vida firmando para un revocatorio que se evaporó al calor de las mentiras.

Son ya demasiadas las cortinas de humo, los trucos que se han usado una y otra vez para extender la agonía del país, haciendo posible que el monstruo creciera, se fortaleciera y alcanzara su mayoría de edad. Dieciocho años cumplidos, cuya celebración es una foto de los jefesotes en el Ritz de París (y Madrid) – y comprando pantaletas en Roma –   mientras los niños escarban la basura para no morirse de hambre.

Haber esperado a que Venezuela fuera nada es algo que tendrán que analizar muy bien los historiadores de las generaciones futuras.  Les corresponde la tarea de escudriñar la psicología política y determinar qué tipo de ambiciones, qué clase de sombras espirituales definen a quienes obviaron confrontar el mal y erradicarlo de raíz, canjeando al mismo por un espejismo de poder que se vuelve desierto cada vez que un tirano les niega los recursos.

Llegó 2017 y allí sigue la bestia regocijándose con sus nuevos nombramientos, el Narco Estado orgulloso de serlo y sin ningún pudor para restregárselo en la cara al mundo entero.  La AN renueva su directiva y plantea una agenda que tiene un año de retraso, porque la aplicación del artículo 233 del Constitución no es nuevo, y tampoco lo es la existencia de unas fuerzas armadas a las que debe exigírsele que, en lugar de traficar con drogas y lucirse en avionetas con amantes de silicona, cumplan con la razón de su existencia.

El discurso de Julio Borges estrenándose como presidente de la AN fue acertado. Describió a la bestia y la llamó por su nombre; hizo un llamado a la reserva militar – si es que aún quedase alguien allí que valga la pena – y le pidió que cumpliera con su deber; invocó la calle como escenario de lucha; afirmó que se declarará el abandono del cargo de la primera magistratura (Art. 233 CN) y concluyó diciendo que este mismo año debería haber elecciones presidenciales para cambiar estructuralmente al sistema político.

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Son palabras que felicito, pero que suenan huecas, como un traje de bodas para una novia inexistente.  Tienen demasiados años en mora. Las fuerzas armadas ya no son las mismas, y Maduro envejece en un cargo que nos robó a los millones que en mayoría elegimos una opción legítima. Son años de destrucción sistemática, que la mafia ha usado para fortalecer sus tentáculos y profundizar el hoyo donde enterró al país.  Por eso, acciones para resolver la pesadilla, que en tiempos pretéritos eran viables, hoy ya no tienen las mismas posibilidades de éxito; y esto tienen que saberlo quienes hacen las promesas. Si tienen un mínimo de vergüenza – y esto a pulso lo han puesto en duda – deberían guardar el sombrero de mago, soltar en el jardín a los conejos y ponerse serios, rellenando lo hueco de verdad, para que la novia aparezca y se ponga su traje.

En este hipotético escenario, la AN tendría que actuar sin perder un minuto de tiempo y los pasos a seguir serían los siguientes:

  1. Declarar el abandono del cargo (Art. 233). Un presidente al margen de la constitución, abandona sus funciones presidenciales. La Asamblea puede hacer esto sin la intervención de ningún otro poder del Estado.
  2. Mostrar las pruebas del fraude que se llevó a cabo al truncar la partida de nacimiento de Maduro. Este delito anula todos los actos presidenciales del estafador, incluyendo por supuesto el nombramiento del vicepresidente.
  3. Decretar el golpe de Estado institucional dado por el régimen al secuestrar al Tribunal Supremo de Justicia y hacerle sentenciar violando la Constitución Nacional. Esto pasa por decretar el desconocimiento a unos magistrados que no cumplen con los requisitos para serlo.
  4. Invocación formal a las FAN a desconocer toda orden emanada de un poder ejecutivo secuestrado por una mafia de estafadores.
  5. Hacerle un llamado al país para manifestar en las calles de Venezuela el apoyo a las decisiones tomadas por el único Poder Nacional que tiene legitimidad de origen y de ejercicio: La AN. (Art. (333 y 350 CN).
  6. Juramentar al presidente de la AN como Presidente interino de la República.
  7. El presidente interino deberá activar los procesos necesarios para poner orden en el país e iniciar la transición hacia la democracia, restituyendo la vigencia de la Constitución Nacional.

Estas medidas no pueden postergarse.  Continuar con una pantomima – argumentando excusas leguleyas – es inaceptable.  La promulgación de leyes dentro de una tiranía de mafiosos es un teatro del absurdo que cuesta vidas, y ya no podemos seguir tolerándolo, el cementerio es toda la nación.

Venezuela no puede permanecer en un hoyo mientras en la superficie montan una obra de teatro llamada democracia.  La Asamblea Nacional fue electa para ponerle fin a esta tragedia, no para excusarse diciendo que la tragedia no se lo permite.

Que los diputados entiendan esto. De no hacerlo, “Dios, la patria y el pueblo” se lo demandarán y la historia lo juzgará… y no será amable.

Por Juan Carlos Sosa Azpúrua @jcsosazpurua

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