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(20/03/2017) Primero, camarita, fueron las bodegas. Después las areperas. Luego las farmacias. Ahora el turno es para las panaderías “socialistas”. En el camino, entre tanto, quedaron otros macro-formidables proyectos, entelequias cubanas anticapitalistas como los módulos de Barrio Adentro, CDI, red de Abastos Bicentenario, Mercal, Pdval, Agropatria, Venirauto, Venezuela Móvil, Su Casa Bien Equipada, Cooperativas de insumos para transportistas y pescadores, ruta de la empanada, gallineros verticales, huertos organopónicos, agricultura urbana, empresas de producción social, motores productivos, Café Fama de América, Lácteos Los Andes y Cemex (expropiadas), Central Azucarero Ezequiel Zamora de Barinas (CAEZ) y pare usted de contar. Proyectos (negocio$) estos, como bien le consta al país (excepto a la Contraloría y a la Fiscalía) y al mundo (si lo sabrá el Departamento del Tesoro de EEUU), de cuantio$o provecho para sus administradores, gestores, proveedores, intermediarios y demás vinculados a estas “trampajaulas” socialistas.

Fracaso, despilfarro y corrupción

En efecto, la estela de éxitos, prosperidad y beneficios (que también marcan el Poder Popular, los CLAP, las OLP y la novedosa Justicia Socialista, otras concepciones luminosas, equitativas e inclusivas del castrochavismo-madurismo) se extiende ahora a las panaderías “socialistas”. Así es, camarita. Y el resultado de esta otra elucubración retrógrada será, por tanto, el mismo de las anteriores: Fracaso, despilfarro y corrupción. Amasado, sin duda, con la impericia, favoritismo y sectarismo de los “ventetú” que colocarán al frente tales negocios. Lo de siempre. Es la marca de fábrica de la revolución verdirroja-rojita. Sí, camarita, el país está ante otra burla, otra estafa de la pillocracia contra aquellos (oportunistas unos, pazguatos los otros) que siguen creyendo que, sin recursos, sin experticia y sin la materia prima indispensable –harina, levadura, mantequilla, azúcar, etc.-, podrán operar equipos y gestionar una actividad que desconocen. Y que, prodigiosamente, habrá más panes disponibles para ofertar durante todo el día, sin hacer cola, y serán más baratos.

Está clara la estratagema del régimen forajido: en medio de su desesperación por la pérdida de apoyo popular debido a la profundización de la crisis económica y social, el creciente desabastecimiento, la imparable inflación, la falta de divisas por el estancamiento de los precios petroleros, la contracción de la producción interna, el continuo cierre de empresas, el cerco financiero externo, la presión institucional internacional y la tenacidad tanto del sector político como de la sociedad civil democrática recurrió la autarquía a distintas formas de control (inspecciones, ocupaciones, multas, detenciones y expropiaciones) y al racionamiento más severo y selectivo de bienes como estrategia para vigilar, oprimir, amedrentar y reprimir a la población. También apela al radicalismo (de palabra y obra) para disimular la crisis y distraer el foco de los verdaderos problemas del país.


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En su faceta de extremistas los gerifaltes del régimen mienten, insultan, intimidan, agreden e inventan “enemigos” y “amenazas” novelescas (guerra económica, intervencionismo del imperio, golpe de Estado continuado). Lo hacen con el objetivo de ilegitimar a la Asamblea Nacional para gobernar mediante decretos, postergar elecciones, encarcelar adversarios políticos y justificar otras tropelías. También para eludir responsabilidades como proveer medios para la alimentación, salud y seguridad de los ciudadanos. Así mismo para restringir libertades y negar derechos (como el de propiedad, que desconocen a los dueños de panaderías que están expropiando). Estamos ante otro sainete barato que, en una supuesta (falsa) defensa de los derechos de los consumidores, replica, sin pudor ni conmiseración alguna, el latrocinio que constituyó el decomiso de mercancía y posterior “intervención” de empresas como Daka y Kreisel. La ocupación y confiscación de panaderías sin forma de juicio previo es otro atropello contra los comerciantes como lo fue la rebaja unilateral y discrecional de los precios de ropa, calzado y otros artículos de consumo masivo durante las dos últimas temporadas navideña.

Con estas acciones abusivas la malandrocracia regente pretende desvincularse y culpar de la crisis económica a empresarios y comerciantes tachándolos de delincuentes, acaparadores y especuladores. Cuando, en realidad, las causas del desabastecimiento y la inflación son el Socialismo del Siglo XXI y el Plan de la Patria con todas sus perversiones y desviaciones: restricciones, fiscalizaciones, regulaciones, controles (de precios y de cambio), cargas fiscales, inseguridad jurídica y la centralización de las importaciones de maquinaria, materia prima y productos terminados.

El país puede y debe reaccionar constitucionalmente contra esta guerra (verdadera, mortífera) desatada por el régimen castrochavista-madurista contra la sociedad. El esfuerzo, inaplazable, tendrá que unir a todos: partidos políticos, organismos empresariales, entidades gremiales, colegios profesionales, instituciones culturales y académicas, círculos intelectuales y demás comunidades y organizaciones sociales. Alguien debe convocar y organizar la confluencia. Presentar un plan. Un proyecto de país civilista, democrático, inclusivo, pacífico, moderno, basado en el conocimiento y con igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos. Con una economía al servicio de la gente y no la gente dependiente y postrada a los designios de los gobernantes.

Por Miguel Sanmartín. Jefe de Redacción en Diario El Universal

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