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(22/03/2017) Sí, siento rabia. Mucha rabia. Leo sobre las expropiaciones de las panaderías (asaltos a mano armada, porque ya sabemos lo que pasa con las “expropiaciones” en este país) y me subleva el pensar que los dueños -que sólo ellos saben con cuánto trabajo levantaron sus negocios- han perdido toda una vida de esfuerzos y sacrificios sólo porque un gobierno inepto quiere lavarse la cara por un rato. Y digo “por un rato” porque ya sabemos el destino de las empresas “expropiadas” por el régimen: la nada, después de haber hecho rico a uno o más funcionarios inescrupulosos.

Una caricatura de la semana pasada del cada vez más genial Edo, mostraba a un sepulturero cavando una fosa al lado de dos tumbas: la primera, la de las empanadas socialistas. La segunda, la de las areperas socialistas. Un hombre le pregunta al excavador de quién es la tercera tumba y éste responde “de las panaderías socialistas”.

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Si hay algo que los rojos no conocen es el trabajo. Son reposeros, flojos e indolentes. De lo que sí saben es de guisos. En eso son expertos. Quieren hacerse ricos de la noche a la mañana, sin trabajar, por supuesto, y ya muchos lo han logrado. Por eso estoy segura -y siento cada vez más rabia- de que las panaderías socialistas terminarán en otra fosa, olvidada y con muchas tristísimas historias de personas que dieron todo y no obtuvieron nada. Porque si hay algo que requiere trabajo es una panadería.

Sobre este tema, quiero citar un texto de mi amiga María Alejandra López en su muro del Facebook:

Como si fuera poco ahora hay que mirar a venezolanos en la puerta de panaderías expropiadas en un éxtasis de exaltación xenófoba. Grita la mujer: “¡esos portugueses vivieron a robarnos!”. Un señor de afro entrando en canas, con traje de una Caracas que ya no existe y una amabilidad que me ayuda a seguir respirando, le dice a la señora:” ellos vinieron fue a trabajar, los ladrones están en Miraflores”. Malas noticias, la señora del éxtasis entra en paroxismo, ahora el vecino que compra en esa panadería es también su enemigo. Enemigo de la patria, la revolución y la canilla que me pienso robar. Que desgracia violenta y oscura es el encuentro de la ignorancia y el fundamentalismo.

Dos días tiene que no abre la panadería, la misma que tomaron con algarabía. Supongo están enseñando a hacer pan en un curso express como quien esquía sin nieve. Me pregunto cuánto se tardará en enseñarles a unos parásitos sociales a madrugar todos los días y trabajar hasta la noche. Me dolió colocar esas palabras. Pero leí el otro día si es un perro hay que llamarlo como es, un perro. Y si, parasitismo social. No produzco, no trabajo, no hago nada, espero La Bolsa, la misión, la beca, que tomen la panadería y si no, me lo robo, lo agarro y me lo llevo. Porque tengo derecho a todo, porque soy pobre. No quiero derecho a la educación , al trabajo, a la dignidad, quiero derecho a tomar tus derechos. Que se joda el portugués y el trabajo de su vida. Yo quiero ese pan, no quiero hacerlo, lo que quiero es tomarlo ya. Falta que hace un verdadero movimiento para darle dignidad al pueblo. Por mejores empleos, por educación de calidad, por gestiones progresistas que conlleven a una mejor calidad de vida. Ya basta de esta malandrería rapaz y vergonzosa. No, amigo revolucionario, no tienes razón. Eres cómplice de la destrucción del país. Del robo sistemático del trabajo de otro. Mi cariño a los portugueses, a esos trabajadores portugueses, que no les van a dar un premio por amables y simpáticos, pero como trabajadores no hay quien se les pare al lado. Décadas dándole pan a este pueblo, que gracias a Dios en minoría, se comportan como unos malagradecidos.

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Ese parasitismo social del que habla María Alejandra es lo que nos tiene fregados y nos seguirá fregando hasta que no nos demos cuenta de que en el mundo civilizado fuera de Venezuela, donde es verdad que también hay corrupción, la vida se construye y se gana a punta de trabajo. En esos países  los corruptos son perseguidos y castigados, no premiados, condecorados y felicitados por el gobierno, como sucede en Venezuela.

Si no cambiamos esa mentalidad de parásitos, eso es lo que seguiremos siendo, cada vez obteniendo menos, porque la danza de los millones se acabó y hay muchos queriendo terminar de raspar la olla. Basta mirarse en el ejemplo de tantos países africanos: pillaje, corrupción y hambruna. Como esos parásitos que hoy toman las panaderías y pretenden darles unas canillas tiesas al pueblo mientras ellos llenan sus cuentas en paraísos fiscales. Después, que se frieguen. Una vez las alforjas llenas se acabó el amor por los pobres.

En Venezuela tenemos un PhD en ignorantes e ignorancia, con todas las consecuencias que ello reviste. Por eso al régimen le conviene perpetuarla. Termino con un pensamiento de Derek Bok, ex Presidente de la Universidad de Harvard: “si usted cree que la educación es cara, entonces pruebe con la ignorancia”. La hemos probado y la estamos padeciendo. Lo que es obvio es que para salir de ella tenemos primero que salir de ellos…

Por Carolina Jaimes Branger  en El Estímulo

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