Felipe-Perez-Marti

(23/03/2017) El economista Felipe Pérez Martí considera que el rentismo es una “enfermedad” que, además de incidir sobre la sobrevaluación de la moneda y la inestabilidad macroeconómica, genera lo que se conoce como el caza-rentismo.

“En torno a la renta se organizan unas mafias cuyo propósito es capturarla, y que se hacen tan fuertes que capturan a los gobiernos y los Estados de estos países, a tal punto que mueven los hilos de la política comprando líderes de todos los partidos relevantes”, dijo el también exministro de Planificación de Hugo Chávez en un foro organizado la semana pasada por Werner Corrales en la Asamblea Nacional.

Partió del hecho de que el rentismo en Venezuela es una enfermedad cuya solución técnica es relativamente fácil pero que desde el punto de vista político, no lo es.

“El rentismo se da en los países que producen un commodity, como el petróleo, el gas, o un mineral (diamante, oro, cobre). El problema surge porque la ganancia que genera ese commodity viene más que todo de la propiedad sobre el recurso y no del trabajo de producirlo. Se trata entonces de la renta sobre ese recurso escaso, que establece un poder de mercado de facto a favor del propietario”.

El rentismo, o la llamada “maldición de la abundancia” tiene tres consecuencias: 1. La enfermedad holandesa; 2. la inestabilidad macroeconómica; y 3. el caza-rentismo.

La enfermedad holandesa surge del hecho de que los dólares de la renta por la venta del commodity en el exterior entran al país de origen y compran moneda local, produciendo un efecto tan grande que terminan sobrevaluándola notablemente. Normalmente el tipo de cambio en un país refleja, en una economía relativamente pequeña y abierta, la relación entre la productividad interna y la externa. La presencia de una inmensa masa de dólares adicionales establece un tipo de cambio sobrevaluado, no relacionado con la productividad.

La enfermedad holandesa, además, estimula las importaciones en detrimento de la producción local. En el caso nuestro, dice, nos cayó una maldición adicional: el control de cambios desde 2003 que contribuyó a sobrevaluar artificialmente nuestra moneda, y así, el gobierno desde entonces es un médico que no sólo no curó la enfermedad holandesa sino que la empeoró con sus remedios.

Sobre la inestabilidad macroeconómica, expresa Pérez Martí que los países que la sufren presentan altos gastos en períodos de altos ingresos fiscales, y de bajos gastos cuando hay ingresos bajos. “Esto, por supuesto, tiene un gran impacto macroeconómico. Y establece ciclos económicos ajenos a los ciclos que corresponden a la actividad productiva. El rentismo, de hecho, establece un ciclo adicional: el de los ciclos políticos”.

La inestabilidad macroeconómica tiene su origen en la volatilidad de los precios de los commodities que se traduce en ingresos fiscales inestables, porque además esos países normalmente tienen una baja carga impositiva, por razones de economía política, por lo que, dependiendo del peso relativo de la renta en el resto de la economía, estos shocks pueden ser muy impactantes.

“En Venezuela, en los últimos años, el problema se ha exacerbado pues los ciclos han sido ampliados con una política fiscal pro-cíclica de los gobiernos tanto de Chávez como de Maduro. En la época del boom petrolero, por ejemplo, que comenzó en el 2004, el gobierno no sólo gastó todo el inmenso ingreso adicional sino que se endeudó para gastar más. El gobierno de Maduro contrajo brutalmente el gasto en período de vacas flacas, cuando el precio bajó de $100 a la cuarta parte. No se ahorró en tiempos de vacas gordas. Y en tiempos de vacas flacas se contrajeron las importaciones de manera muy grande para garantizar el pago de esa deuda externa en que se incurrió”.

Sobre el caza-rentismo, Pérez Martí asegura que en torno a la renta se organizan unas mafias cuyo propósito es capturarla, y que se hacen tan fuertes que capturan a los gobiernos y los Estados de estos países, a tal punto que mueven los hilos de la política comprando líderes de todos los partidos relevantes.

A continuación entró a considerar las consecuencias del caza-rentismo. En primer lugar, tiende a debilitar la democracia; pues, ese sistema político, además de ser un mecanismo de toma de decisión social, es una herramienta para controlar la gestión del gasto público.

En segundo lugar, el caza-rentismo es un fenómeno asociado a la corrupción, que se potencia enormemente al tener un Estado centralizado, al tener pocos controles y al ser muy grande el premio de la actividad, lo que permite cubrir los “costos” asociados a la compra de jugadores claves de la política tanto del gobierno como de la oposición.

“Se ha calculado que, si se deja de regalar divisas mediante el régimen cambiario para el sector privado, para las importaciones públicas, para la distribución de esas importaciones; si se sube el precio de la gasolina a niveles que impidan el contrabando; si se deja de subsidiar a Cuba; si se suben algunos precios de telefonía, electricidad, agua, se recaudaría alrededor de 14% del PIB. Con eso se cubre el déficit por completo (que el año pasado estaba en alrededor de 7% del PIB), y sobra para otorgar transferencias directas a cada venezolano por un año para compensar los aumentos de la gasolina y los servicios públicos”.

En tercer lugar Pérez Martí menciona la tendencia hacia centralización territorial de la gestión pública; que, a su parecer, se trata de un fenómeno común en los países que padecen esta enfermedad, y esto porque la descentralización es un mecanismo que mejora la gerencia administrativa y mermaría la ganancia de los caza-rentas.

“Se ha dado el extremo de que, luego de procesos de descentralización durante los gobiernos de la República civil, los gobiernos de Chávez y de Maduro, capturados como nunca por los caza-rentas, aumentó la centralización y hasta crearon gobiernos regionales y municipales paralelos para controlar lo que se transfería fiscalmente, con el objetivo de controlar políticamente el gasto con fines clientelistas para permanecer en el poder y seguir experimentando los beneficios de convivir con unos gobiernos tan directamente utilizables para sus intereses”.

El centralismo administrativo es la cuarta consecuencia del caza-rentismo, ya que, al igual que la descentralización territorial, la descentralización administrativa constituye un mecanismo de mejora en la gestión del gobierno y del Estado.

“La independencia de poderes garantiza un balance necesario, y el gobierno central es quien lleva la parte de ejecución de gastos. Por eso, la independencia de poderes es un enemigo de los caza-renta. Es claro que han comprado instituciones como el CNE, TSJ, entre otras. Y han desconocido de facto la Asamblea Nacional como mecanismo contralor político por excelencia”.

En quinto lugar, Pérez Martí menciona el militarismo; pues, a su juicio, en los países rentísticos, se da el fenómeno de la hipertrofia del estamento militar y el abandono de su función; para terminar convirtiendo a la institución que defiende a los caza-rentas y sus organizaciones.

Considera el tema de la cultura rentística a nivel ciudadano en sexto lugar, y, en ese sentido, dice que la ganancia de la renta, además, estimula el clientelismo político.

“Los partidos en el gobierno, para permanecer en el poder, hacen regalos a sus clientes políticos, no teniendo tan en cuenta los criterios que se usan en otros países, como lo de la igualación de oportunidades a través de la educación, la salud, los subsidios directos a los menos favorecidos. Además, el ejemplo dado por las altas esferas del liderazgo político y los funcionarios de alto nivel, permea hacia niveles medios y bajos de la sociedad; teniéndose incluso como una virtud el aprovecharse de dineros mal habidos”.

FND

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