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(01/04/2017) Una máquina implantada en el cerebro de una persona parece ser el futuro que destella en el horizonte inmediato de la ciencia. Así lo piensa Elon Musk (Tesla, Space X), cuando hace público su apoyo a la empresa tecnológica Neuralink.

La nueva compañía de investigación médica, con sede en California y fundada el pasado mes de julio, busca la interconexión de la inteligencia artificial y la inteligencia humana con implantes de electrodos que, en un principio, podrían ayudar a reparar los daños causados por enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer

El objetivo de Neuralink es crear lo que se conoce como cordón neuronal artificial, que ayudará a potenciar las capacidades del cerebro humano. Serán una especie de computadoras craneales con un software que nos asistirá permanentemente y hará nuestros cerebros más inteligentes.

Aunque todavía hay que esperar por el lanzamiento oficial de la nueva empresa para que desvelen sus objetivos, el planteamiento de la firma es crear una interfaz cerebro-computadora potenciada por una capa de inteligencia artificial.

Otro entusiasta de la neurociencia es el fundador del sistema de pagos electrónicos, Bryan Johnson, que el pasado año fundó la empresa tecnológica Kernel. Con un fondo de 100 millones de dólares ,esta “startup” pretende especializarse en implantes de memoria en el cerebro humano.

Mientras estos “Julio Verne” del siglo XXI nos hacen soñar con nuevas aventuras cerebrales y desean llevar al ser humano a nuevos umbrales del conocimiento, nos sorprende una noticia científica sucedida en Ohio. Un paciente llamado William Kochevar, paralizado hace diez años víctima de un accidente, pudo beber y comer patatas sin ayuda, tras serle implantados dos chips en el cerebro y 36 electrodos en su brazo derecho.

“Cuando el paciente quiere moverse sus neuronas envían una señal a los chips que tiene implantados en el cerebro y estos la procesan con un algoritmo que comanda a los 36 electrodos del brazo. Así se evade la lesión medular que impide la transmisión de señales eléctricas entre el cerebro y los miembros del cuerpo”, explicó Bolu Ajiboye, ingeniero biomédico de la Universidad de Case Western Reverse.

Por otra parte, el Financial Times publicó que existen investigaciones muy avanzadas sobre la interacción entre el cerebro humano y una computadora sin necesidad de comandos. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) tiene un prototipo de interfaz cerebro-computadora que permite al ser humano interactuar con una máquina a través de su pensamiento.

“Con esta técnica lo único que hay que hacer es utilizar la mente, no hay que entrenarse para pensar de una forma determinada, la computadora leerá los pensamientos de la persona”, explicó Daniela Rus, directora del Laboratorio de Informática e Inteligencia Artificial del MIT.

Estamos viviendo un momento de gran auge de las empresas que investigan la inteligencia artificial. Estas compañías recaudaron cerca de 5.000 millones de dólares de las chequeras de importantes mecenas en 2016. Hemos visto como las gigantes tecnológicas, también a golpe de talonario, se han hecho con varias empresas del sector. El portafolio de Google se amplió hasta 11 firmas relacionadas con la inteligencia artificial, Intel compró tres empresas el pasado año y Apple adquirió dos.

El campo que abren estos avances para la neurociencia es muy amplio. Los resultados no serán inmediatos porque implican muchas facetas de las ciencias y las tecnologías situadas en el borde del conocimiento humano, en un área tan desconocida como es el funcionamiento del cerebro.

Diario Las Américas

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