ser_comunista

(13/04/2017) Mientras que por estos días nuestros vecinos venezolanos atraviesan uno de sus peores momentos, luchando para salir de la dictadura socialista que los tiene esclavizados, a uno de los columnistas de un renombrado diario colombiano: El Espectador, se le ocurre escribir un texto titulado “¿Qué es ser comunista?” y a este medio de comunicación, se le ocurre publicarlo. Y no digo yo que haya que prohibir la publicación de columnas ridículas, solo me asombra tal descaro. Es que hay que ser muy sinvergüenza para afirmar lo siguiente:

 “Así que ser comunista —hoy como ayer— , para decirlo con sencillez,  significa caminar en pro de la justicia social, de la construcción de una sociedad que no sea monstruosa como la que con sus tentáculos económicos, políticos, mediáticos y otros, esclaviza a tanta gente.”

¿Será que el señor Spitaletta, el autor de la columna en cuestión, ignora que no ha habido ningún país socialista en el que no reine la penuria y los individuos sean reducidos a esclavos del dictador?

Hace bastante no veía una columna que me causara tal repulsión, y es que el autor hace toda una descripción romántica de lo que, según él, significa ser socialista. Al parecer hay quienes son capaces de ver romanticismo en un balde de estiércol.

“Ser comunista es estar del lado del progreso”. Reto al señor Spitaletta a que me diga un solo país comunista que haya progresado. Tal vez él, y quien decidió publicar su columna en El Espectador, no se han percatado de que los países más ricos son los que tienen mayores libertades económicas, los que se apartan de la economía centralizada que defiende el columnista.

Es probable que Spitaletta tenga la conocida maña de la izquierda de cambiarle el nombre a todo. Quizás para él lo que hay en Cuba es “progreso”. Es posible que afirme que el progreso es tener educación de mala calidad y migajas en la mesa, como sucede en la isla de la que muchos intentan escapar aun arriesgando su vida. Y en tal caso debería él irse a vivir a uno de esos países con tanto “bienestar”, a los que curiosamente nadie va más que para vacacionar, porque en general a la gente no le gusta vivir en la miseria.

Una de las más conocidas características de los socialistas es que son incapaces de reconocer las consecuencias de sus actos y de asumir culpas. “Es mi culpa”: la frase que nunca encontraremos en el repertorio de un socialista. Para Spitaletta, por ejemplo, la culpa de que la palabra “socialista” sea mal vista, es de los capitalistas y los neoliberales.

“Los adalides del capitalismo y de la explotación humana a ultranza la han decolorado, desprestigiado, convertido en desecho”, afirma refiriéndose a la palabra “socialista”. Sí, señor Spitaletta, seguramente nada tiene que ver la historia… Lo sucedido en Camboya con el maoísta de Pol Pot, que se calcula que asesinó a más de 2.000.000 personas, o los crímenes de Stalin, uno de los peores asesinos socialistas que haya visto la humanidad, no tienen nada que ver con que la gente hable mal del socialismo.

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Si el socialismo tiene algo de mala fama no es porque los capitalistas hayamos convertido en “desecho” la palabra, es porque no ha existido en la historia de la humanidad un país socialista en el que no haya reinado la miseria y la esclavitud. Y digo “algo” porque, en mi opinión, los socialistas gozan de muy buena fama si consideramos el daño que causan sus ideas. No le veo yo sentido a que alguien salga a la calle con una camisa del Che o de Stalin y no sea tratado, y señalado, como lo sería quien osara exhibir una prenda Nazi. Después de todo las dos son ideologías asesinas, solo que el comunismo ha causado más muertos y aún sigue causando estragos.

Los socialistas, eso sí, hablan bonito. Romántico, como el señor Spitaletta. Por eso, a pesar de los millones de muertos que ha causado su ideología, siguen conquistando seguidores. Son además sinvergüenzas, pueden salir como Nicolás Maduro a decir que en un país no hay pan porque lo panaderos son malvados. Apelan a los sentimientos y no a la razón, porque de hacerlo perderían la batalla. Si se ponen a hablar de cifras e indicadores no tienen cómo defender sus ideas.

Los seres humanos tenemos mala memoria y nos gusta que nos hablen bonito. El temor a la incertidumbre muchas veces nos hace caer en los brazos de quienes nos prometen techo, comida, educación, salud y hasta amor. Lastimosamente se puede ignorar la realidad, pero no las consecuencias de hacerlo. Y lo cierto es que por muy romántico que hablen los socialistas, la puesta en marcha de sus políticas, siempre, termina en miseria y esclavitud.

Eso sí, yo, como buena capitalista, como liberal de las de verdad (no como la socialista Piedad Córdoba) reconozco que nosotros hemos fallado en nuestro intento de conseguir seguidores. Que durante años hemos intentando convencer a la gente de las bondades del libre comercio y la iniciativa privada mostrando cifras e indicadores. Mientras tanto, los socialistas, como Spitaletta, están escribiendo columnas románticas afirmando que su ideología se trata de ser más humanos, de ayudar a los pobres.

Mientras que nosotros sacamos estudios sobre el impacto negativo de la regulación en los mercados, ellos están haciendo películas y canciones. Y han logrado cosas tan increíbles como que la comunidad LGTBI salga a marchar con la imagen del Che en sus camisetas, el mismo personaje que odiaba a los homosexuales y que auspició la creación de campos de concentración para que “ el trabajo los hiciera hombres”.

Los socialistas son románticos, hablan bonito, comunican bien, pero son mentirosos o no saben nada de economía. No existe otra explicación para que alguien defienda un modelo económico que le ha arruinado la vida a millones de personas y que solo ha llevado muerte y miseria a donde llega. Quien defiende el socialismo, o bien desconoce la historia y el funcionamiento de la economía, o es un mentiroso que se beneficia de vender una ideología criminal.

Por Vanesa Vallejo  en Panampost

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