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(28/04/2017) Nunca antes me había sentido tan optimista como en estos últimos días. Desde luego han sido momentos trágicos, difíciles, sumamente dolorosos para quienes creemos en el derecho a la protesta y en el respeto de los derechos humanos.

He visto la represión muy de cerca. He olido “gas del bueno”,  escuchado el accionar de las armas de los organismos represores –léase,  de los contemplados en la ley- y de los paramilitares, que involucran a los colectivos y milicianos. No me lo han contado, lo he vivido. Me solidarizo y me uno al duelo que aflige a la familia de los caídos por esas manos criminales patrocinadas por el régimen del oprobio. Esas muertes no quedarán impunes. Ningún ser humano con principios y valores puede ser indiferente ante lo que ocurre.

Me siento orgullosísimo de los estudiantes. De esa juventud valiente que con arrojo defiende sus derechos. Que no le tienen miedo ni a “animal ni policía”, que desgraciadamente, con contadas excepciones -los represores del régimen-, se confunden o dejan mal parado al reino animal,  que nunca atacan sin motivo. No puedo dejar de comentar la actuación encomiable de nuestros alumnos de medicina de la Universidad de Carabobo, que sin estar en las protestas de manera activa, han conformado un equipo de socorro situados muy cerca de donde se desarrollan las protestas, para atender a los que son víctimas de la brutal represión. Para ellos nuestro eterno agradecimiento.

Inmensamente optimista

A pesar de la brutal represión (bueno, no esperemos algo distinto de la naturaleza de los represores), nadie retrocede, al contrario, cada día son miles los ciudadanos que se unen a las manifestaciones y movilizaciones. Ya no hay diferencias odiosas entre clases sociales. Somos un solo país, los del norte y los del sur, los del este y los del oeste. Ricos y menesterosos gritan ¡libertad!

Somos optimistas. Quizá por primera vez en estos largos 18 años vemos el sentimiento venezolano que le hace honor al himno nacional,  Gloria al bravo pueblo. Quienes hoy protestan lo hacen convencidos de que si no es ahora no será nunca. Los laboratorios del régimen pretenden confundir con falsos audios y bolas de rumores, los cuales son opacados o desmentidos –a pesar del cerco mediático- por lo que vemos a diario con nuestros propios ojos. Todos los rincones del país están alzados.

Así como lo leen: alzados contra la tiranía, y están dispuestos a no abandonar las calles hasta verla caer. Muchos pensaban que los ciudadanos no aguantarían tantos días en la calle, pero se equivocaron esos pronósticos, pues en una suerte de inspiración natural se multiplican y están dispuestos a todo. Luchar hasta vencer, con las únicas armas que son la fortaleza espiritual y la inspiración de miles de jóvenes literalmente en el campo de batalla. Por cierto, una batalla espiritual la que motiva a nuestra gente: la batalla del bien contra el mal.

La gran pregunta es: ¿Y los militares qué?

Siempre he dicho y lo mantengo que sin el apoyo de la Fuerza Armada Nacional, es imposible desalojar a estos vagabundos del poder. Muchos me han respondido que no contemos con ellos, porque todos están muy bien. Les contesto: ¡falso de toda falsedad! No son todos, apenas es un mínimo porcentaje de los cuatro componentes. Sobre todo de la Guardia Nacional. Pero ya las cosas están cambiando. Porque al igual que lo decían cuando Pérez Jiménez, también recuerdan, como lo dijeron la víspera del 23 de enero del 58, que: “el pescuezo no retoña”.

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Transición sin elección.

Aquí no es el momento de estar pidiendo elecciones, ni mucho menos de pretender apagar las calles ante un eventual anuncio de doña Tibisay  de un cronograma electoral. Amigos el tema ya dejó de ser electoral para convertirse en una estrategia de cambio, distinta a esa modalidad. Con responsabilidad de lo que veo en las calles y de mi convencimiento, que algún sector opositor intente aceptar esa sugerencia de quienes siempre han estado a espaldas de los ciudadanos, será tildado de entreguista. Por eso mucho cuidado.

Cierto, Venezuela reclama unidad, pero nuevamente recurro a lo que he dicho siempre, esa unidad es de propósito y no de alcanzar parcelitas de poder. Es la hora de los ciudadanos y los ciudadanos gritan ensordecedoramente ABAJO LA DICTADURA. Les digo a los que se pudieran ver tentados a aceptar ir a elecciones, los ciudadanos están ganando la batalla, y no me refiero a la batalla de haber vencido el miedo, sino la más importante: haber vencido la indiferencia, no se equivoquen con burlarse del sentimiento popular, pues éste también los arrollará.

Presencia en la calle es indispensable

Tengan la plena seguridad de que de esto vamos a salir, y muy pero muy pronto. Los muñecos se mueven más rápido de lo que se imaginan. Maduro está rodeado porque no cuenta con pueblo que lo proteja. Solo le queda una caterva de mercenarios, un grupete muy reducido de Guardias Nacionales, y uno que otro infante de marina. Sabe que en los cuarteles hay un ambiente de insubordinación general, que únicamente están esperando el momento adecuado para hacerlo. Créanme que estamos en las horas finales, habrá transición, y si somos sensatos debemos actuar con sentido de la oportunidad manejando escenarios difíciles para los radicales (me cuento en ese lote, con el entendido que ser radical no es ser irracional). No es cuestión de pactos irresponsables, sino para la tranquilidad del país.

No nos sorprendamos de una eventual huida de Maduro y de sus principales colaboradores y luego de un breve gobierno de transición donde la Asamblea Nacional, no como la que quería Maduro, con él en Miraflores sino una que, sustituya los poderes constituidos (incluido Nicolás Maduro) se convoque un proceso constituyente como vía jurídica y ciudadana de reinstitucionalizar el país. Uno de los acuerdos deberá ser, luego del fin de la tiranía, nombrar una Comisión de la Verdad para atender el resarcimiento a las víctimas de esta cruenta dictadura y desde luego para hacer justicia, porque la justicia siempre comienza con conocer la verdad de los hechos sin disfraces mediáticos. Esa Comisión de la Verdad debe estar conformada por personas creíbles y de elevada condición moral.

Finalmente hay que tener claro algo: NO PODEMOS ABANDONAR LAS CALLES. Hoy más que nunca es muy importante que estemos activos. La calle ha sido factor determinante para lograr que el régimen esté en sus estertores. Solo falta darle la estocada final.

Por Pablo Aure @pabloaure

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