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(30/04/2017) Venezuela vive una crisis política de dimensiones colosales. Se trata de una crisis económica por el agotamiento del modelo del socialismo del siglo XXI, pero fundamentalmente es una crisis política.

En Venezuela están, por ahora, canceladas las elecciones como instrumento de expresión de la soberanía popular. El nuestro es el único país del mundo donde  los procesos electorales no tienen un calendario establecido.

Los comicios se han trasformado en una especie de misterio cuya resolución depende de la voluntad de una persona: Tibisay Lucena. Ella se ha transformado en una persona que ha creado una especie de enigma en torno a sus actuaciones. Primero, para anunciar las fechas de las elecciones cuando éstas se realizaban y segundo cuando toca dar los resultados de esas elecciones. Una atmósfera de misterio y suspenso rodea lo que ella diría. Con la cara congelada inicia el proceso de subir por la rampa del edificio del CNE hasta la sala de prensa donde, luego del suspenso, habla esta señora.

Habiéndose cumplido la mitad de mandato presidencial del presidente Maduro, era legal que se pudiera activar el proceso de referendo revocatorio de su mandato. Hizo Lucena lo posible y lo imposible para retardar ese proceso de recolección de las formas para activar ese mecanismo constitucional.

Cada semana había agresiones en las puertas del CNE cuando acudíamos a buscar las planillas para que el pueblo manifestara su voluntad por el revocatorio. Luego, recogidas esas firmas, ella procedió a invalidar buena parte de las mismas y hubo que revalidar las firmas, con todos los obstáculos inimaginables. Pasado ese trago amargo, consorciada Lucena con el PSUV finalmente liquidó una vía constitucional de cambio y con ello fue abriendo el camino a la inestabilidad.

Las elecciones de gobernadores que debían realizarse en diciembre de 2016, no se efectuaron porque ella, siguiendo órdenes del PSUV,  optó por no hacerlas, siempre buscando un subterfugio. Con ello fue agregando más leña al fuego de la ingobernabilidad.

En octubre de 2016, Tibisay Lacena en su última comparecencia pública, dijo que las elecciones pendientes de gobernadores se realizarían en el primer semestre de 2017 y la de alcaldes durante el segundo semestre de este mismo año. Con el objeto de retrasar la derrota del PSUV y en connivencia con el TSJ inventó la nueva legalización de los partidos cuando elecciones y legalización son dos procesos independientes.

Así, llegados a finales de abril del 2017, Tibisay Lucena no ha vuelto a aparecer, no hay cronograma electoral y el país está inmerso en una conflictividad altamente costosa en vidas humanas, porque ella contribuyó a cancelar el voto como ejercicio de ciudadanía. A un pueblo que se le niega el derecho a votar, no le queda otra que manifestarse en la calle, con lo cual también se abre un espacio muy amplio para cualquier aventurero. Por esto te acuso, Tibisay Lucena.

La Patilla

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