heridas_de_abril

(01/05/2017) El miércoles 26 de abril la marcha pacífica en la que participábamos fue reprimida con violencia y brutalidad por los cuerpos del Estado. En los Chaguaramos, de Caracas, nos lanzaron gran cantidad de gases lacrimógenos. Más allá de agredir a los manifestantes, cerrándonos el paso y atacando sin ningún tipo de mediación, las fuerzas represivas gasearon con inclemencia a los residentes de la zona. El gas tóxico llegó hasta una escuela.

Como ya había sucedido en la clínica Las Mercedes o en el mismo Maternal de El Valle, en días anteriores, la saña represiva escaló más allá de los manifestantes y acabó afectando a unos niños. Los padres acudieron al llamado de emergencia para evacuar a sus hijos, muchos ya intoxicados por las lacrimógenas. Mientras hacíamos frente a la represión, intentando llamar a conciencia a los efectivos sobre la escuela, a la vez que nos esforzábamos en ayudar a las personas que sacaban a sus hijos de un colegio que acababa de transformarse en una zona de guerra, la indignación nos embargó. ¿Cómo afectará a los niños esta experiencia? ¿Cuál son a secuelas que deja esto en la comunidad? ¿Cómo tener confianza en los cuerpos de seguridad del Estado, luego de estos actos criminales? Y sobre todo ¿cómo es posible que la exigencia de derechos básicos de alimentación, cese de la violencia y elecciones conviertan a la gente, a toda la gente, en blanco de agresiones, represión y muerte?

Es ya un hecho que el régimen madurista se ha agotado y que mientras más se aferra al poder, la represión y violencia que está generando produce cada vez más tragedias de este tipo. Ese mismo miércoles Juan Pablo Pernalete, de 20 años, fue asesinado al recibir el impacto, en el corazón, de una cápsula de gases lacrimógenos. Su muerte causó un inmediato repudió y consternación entre los venezolanos que, en este convulso mes de abril, están hartos de los desmanes de una política represiva que ha asesinado a más de 20 personas. Personas, no manifestantes: padres, hijos, hermanos, sobrinos, amigos que ya no están con nosotros.

El régimen no puede normalizar su estruendoso, y criminal, fracaso. El régimen madurista, en estas condiciones de represión y desastre social, económico y político se ha vuelto inviable. No hay forma de que seamos una sociedad sana, productiva y pacífica bajo este estado de las cosas que pretende imponerse. Muy por el contrario, las condiciones básicas para el establecimiento de una sociedad, como mínimos acuerdos de convivencia, confianza y efectividad de las instituciones, independencia de poderes públicos y el control de la violencia en todas sus formas, han sido desintegradas por el régimen de manera consciente, con el único objetivo de mantenerse en el poder en detrimento de la vida de los venezolanos.

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Vivimos momentos confusos y dolorosos, en los que estamos buscando salidas que produzcan el cambio en la situación. Ante la violencia del régimen madurista, hacemos esfuerzos para responder con dignidad y no contribuir desde la rabia y el miedo con la espiral de muerte, dolor y daño que genera la dictadura. Para ello nos mantenemos pacifica, pero firmemente en la calle, manifestamos y hacemos presión para volver a cauces democráticos y rescatar las virtudes de solidaridad y apoyo que nos caracterizan verdaderamente como venezolanos.

La validación por parte del Estado de las actuaciones de llamados “colectivos” a la par de las fuerzas de seguridad, la represión criminal e ilegal que ha causado muerte, agresiones y miedo, el ataque a hospitales y escuelas por fuerzas policiales y militares, las burlas contantes que desde el poder se hacen a tragedias humanas que se están produciendo por la represión salvaje del descontento popular, son heridas y traumas. Y van agravándose y dejando secuelas en la sociedad. Gran parte de nuestro trabajo será el de abocarnos a curar esas heridas, para posibilitar un futuro para nuestro país.

Las muertes sucedidas en este mes de abril, no solo deben ser recordadas y homenajeadas. También debemos trabajar y presionar sin descanso para que los asesinos sean llevados a la justicia y procesados debidamente. Debemos también impedir la impunidad de quienes permitieron y validaron esas muertes desde el poder, y cuestionar y cambiar a los cuerpos e instituciones involucradas para que estas tragedias no continúen y se reproduzcan. Debemos también apoyar y solidarizarnos con los familiares y comunidades víctimas de la represión para demostrar con contundencia que rechazamos la visión de país de muerte, indiferencia y olvido que el régimen se esfuerza en imponernos.

Habrá un después del régimen madurista, sobre el que debemos ser conscientes de los daños causados y de la profundidad de las heridas que se están sucediendo en estos momentos. Deberemos luchar contra la rabia, la humillación y la violencia con la que Nicolás Maduro y los suyos han empantanado al país. Y sobre todo deberemos hacer un enorme esfuerzo de convivencia y solidaridad que nos permitirá reencontrarnos y sanar.

Por Roberto Patiño Coordinador de Movimiento Mi Convive Miembro de Primero Justicia

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