maduro_lameculo(10/06/2017) El anuncio de Nicolás Maduro, de que “la nueva Constitución saldrá a referendo consultivo para que el pueblo diga si está de acuerdo…o no”, es un coitus interruptus en la lucha de clases del país.

Después de interminables arengas del “Presidente Obrero” sobre la lucha contra la guerra económica imperialista y la construcción del socialismo, y todo un crescendo retórico hacia el clímax de la gran transición revolucionaria, ahora Maduro y su grupo abruptamente preparan su exilio.

Su conducto de salvavida y boleto de viaje es la Asamblea Constituyente sometida a referendo. De esta manera, saldrían como grandes demócratas que dejan el destino del país en manos del pueblo y mártires del Socialismo del Siglo 21, que fracasaron por la maldad del imperialismo, como ya pregonan sus panegíricos. De hecho, abandonarán la escena histórica como entraron: cual lameculos oportunistas y payasos del poder; dejando a una Venezuela destruida, en manos de la oligarquía, de Miami y del Gran Capital global extractivo y financiero.

Manosearon no sólo a la Patria, como decía Alí Primera, sino también a la esperanza del futuro: al socialismo. Y, al no lograr consumar la violación de las condiciones objetivas, optan por el ardid del coitus interruptus político en la lucha de clases tropical: la descarada huida hacia el exilio vía la llamada Asamblea Constituyente.

¿Por qué ahora y no en el “Diálogo?”

La pregunta obvia es, ¿por qué no aprovecharon la oportunidad del “Diálogo” para huir “con decoro” y protegidamente del desastre que habían generado? La respuesta es evidente: estaban convencidos de que iban a ganar la batalla contra la derecha, confiando en el poder de las bayonetas, de la Internacional Socialista y el prestigio del Papa Francisco.

Era, por supuesto, un pronóstico idiota, “tipo Trump”, sobre la evolución de la correlación de fuerzas, su capacidad de prolongar la falacia del “diálogo” y los tiempos objetivos del futuro. Cuando la realidad desveló su “bluff”, a precio de muertos y destrucción, lo sustituyeron con otro cínico ardid que llamaron “Asamblea Constituyente”.

Fue entonces, cuando se produjo el cambio de fase del sistema y su elaborado constructo de dominación y mentiras hizo implosión. El creciente malestar en las FANB, el colapso económico, la intervención gringa-criolla y la rebelión pública de la fiscal general Luisa Ortega abrieron fisuras en la superestructura del poder, que ya no podían cerrar.

Y, finalmente, la camarilla gobernante, ya con la soga al cuello, entendió que el cuatrienio de su show de “socialismo circense” había terminado: que los animales tenían que regresar a sus jaulas y los payasos a sus camerinos. Fue entonces, cuando Maduro inyectó al juego político-petrolero mantuano una nueva ficha con obsolescencia programada y cero valor de origen: una Asamblea Constituyente instantánea (a elegirse el 30 de julio¡!) para “el perfeccionamiento” de la Constitución de 1999 (que no lo requiere), con referendo consultivo (si Dios quiera) y con la “Primera Combatiente” en la trinchera de combate.

La perpleja “izquierda” criolla

La convulsa situación venezolana se ha convertido en un catalizador de comentarios que reflejan el deplorable estado de inteligencia teórica de la llamada “izquierda” global y criolla, que confunde cada vez más sus propios constructos ideológicos, intereses de mercado y falta de ciencia, con la realidad.

El socialdemócrata chileno Fernando Mires, típico ejemplar de la castrada socialdemocracia criolla post-dictatorial del Cono Sur, califica al régimen de Maduro como “un proyecto corporativo-fascista”, agregando: “castrista dicen otros: es lo mismo”.

Mientras tanto, Atilio Borón, intelectual del genéticamente estalinista Partido Comunista de la Argentina (PCA), tuvo un repentino ataque de jacobinismo tardío, pregonando públicamente, que “… la única actitud sensata y racional que le resta al gobierno del presidente Nicolás Maduro es proceder a la enérgica defensa del orden institucional vigente y movilizar sin dilaciones al conjunto de sus fuerzas armadas para aplastar la contrarrevolución y restaurar la normalidad de la vida social…Y si una fuerza social declara una guerra contra el gobierno se requiere de éste una respuesta militar…”

La castrada “izquierda” criolla

La ceguera ideológica y el odio de clase del ex Mirista Mires llega a tal grado que concibe un fascismo sin uso del terrorismo de Estado. Trata de crear una zona gris política-conceptual que borra interesadamente los límites entre el carácter opresivo general de todo Estado burgués y el sistema de represión del Estado de excepción.

El terrorismo de Estado latinoamericano, cual recurso sistemático de dominación, no existe en Venezuela, ni en Cuba, ni en Nicaragua; contrariamente a lo que afirma Mires demagógica- y cínicamente, probablemente para complacer a su clientela reformista y demócrata-cristiana germánica.

Viviendo en Alemania, a un lado de la ex fascista Italia, y habiéndose escapado de la dictadura pinochetista, le debería ser fácil demostrar los miles de torturados, desaparecidos, fusilados y encarcelados del “proyecto fascista” de Maduro, que son “daño colateral” de todo proyecto burgués-fascista. Que al calor de las batallas de calle en Venezuela el discurso utilice semejante “histeria” conceptual, es comprensible. Pero, que Mires, desde sus cómodas condiciones del Primer Mundo europeo, practique esa descarada distorsión de los hechos, sólo puede entenderse como un tributo a su función pro-imperialista. O, ¿acaso el ex Mirista ha criticado el papel clave del imperialismo alemán en la remilitarización anti-rusa de Europa y su activa participación criminal en la guerra de agresión en Afganistán?

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La burrada de Borón

El aparato de represión que creó Hugo Chávez, al igual que el de Fidel y Raúl y del Sandinismo, tanto en su componente militar como policiaco, nunca se basó en el terrorismo del Estado como recurso de dominación del grupo en el poder. Fue fundado sobre la normatividad de un Estado de Derecho con el legítimo monopolio de represión (Max Weber). A diferencia, por ejemplo, del Estado colombiano de Uribe y Santos, del salvadoreño, guatemalteco y hondureño, o de los regímenes militares del Cono Sur. Y esta diferencia cualitativa con los Estados de Seguridad Nacional sigue vigente hasta el día de hoy.

Este hecho y las condiciones objetivas actuales revelan la idiotez de la propuesta de Borón. Ni las FANB ni la policía están dispuestos a “aplastar” militarmente a la “fuerza social” opositora, por la sencilla razón, de que no fueron formados para esto. Tal, como el ejército soviético no estaba preparado para organizar golpes de Estado o que el ejército cubano no está formado para matar al pueblo, tampoco lo son las fuerzas de seguridad venezolanas.

No se trata de los genocidas argentinos o chilenos del National Security State gringo y Maduro tampoco es, por las razones que sean, un “asesino fascista” al estilo de Viola o Pinochet. Si el régimen venezolano hoy día fuera el típico régimen burgués latinoamericano ya hubiera destruido de “manera fascista” el movimiento de masas opositor, tal como hicieron los asesinos de las oligarquías criollas, al servicio de Washington, en El Salvador, Colombia, Uruguay, Argentina, etcétera. No hay nada en el patrón de comportamiento de los aparatos de seguridad de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que se asemeje al patrón de actuación de un Estado de excepción burgués-fascista, como pretenden los panegiristas de la democracia liberal.

Tontera pragmática-ética estalinista

La recomendación de Borón a Maduro carece de todo sentido común y moral. De sentido común, porque, si el 80% de la población está en contra del gobierno de Maduro, ¿qué porcentaje propone “aplastar” Borón “para restaurar la normalidad de la vida social”? No creo que Atilio quiera dar la respuesta que dio Franco a esa interrogante, pero se “encalla” precisamente en esa antinomia irresoluble éticamente.

La decisión de matar en la historia siempre es extremadamente compleja éticamente. Y, de todos modos, la finalidad del uso de la violencia siempre es un elemento trascendental en el juicio ético que se vuelve praxis. En consecuencia: ¿en Venezuela, para que se mataría?

No existe una dictadura revolucionaria como en los inicios de la Revolución Cubana; no es una guerra justa contra un agresor externo, como en el caso de Vietnam. Lo que existe, es un rechazo generalizado a un gobierno socialdemócrata burgués inepto, anti-democrático y corrupto, que desconoce la Constitución y la voluntad popular y arruina el país cada día más. No existen, ni siquiera remotamente, condiciones objetivas, que pudieran justificar la aplicación legítima del monopolio del poder estatal “para aplastar”. La propuesta de Borón es espuria desde el punto de vista pragmático e inmoral desde el juicio ético.

Corrupción sistémica de intelectualidad criolla

La represión que ha ejecutado el Estado venezolano es la respuesta “normal” de un Estado burgués bajo asedio de la mayoría de la población, agravado por una subversión armada ilegítima e ilegal, del tipo de las Revoluciones Naranjas. Ni más, ni menos.

Sería inmoral escamotear el hecho, de que el principal responsable de esta situación es la inepta camarilla del poder, encabezada por Maduro y Cabello. No obstante, múltiples factores objetivos y subjetivos impiden que el Estado venezolano salga de esa vía normal de opresión de los Estados burgueses, para convertirse en terrorista o fascista. Crear memes propagandísticos con fines pro-capítalistas, que es el negocio de liberales y socialdemócratas criollos como Mires, o hacer propuestas idiotas e inmorales como Borón, sólo ayuda a los intereses monroeistas y oligárquicos.

Sin embargo, que se puede esperar de los confundidos intelectuales orgánicos criollos, que hace décadas han dejado la ciencia crítica para disfrutar las dulces mieles de las cortes del poder de la socialdemocracia estatal latinoamericana.

Aporrea

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