SeptimaPlaga_CharitoRojas(10/06/2017) Maduro creyó encontrar la puerta mágica de escape de una inminente salida suya del poder, inventando una constituyente ajustada a su deseo de que su minoría se impusiera a la mayoría que lo quiere fuera de Miraflores.

La constituyente de Maduro es inconstitucional, violenta el espíritu del legislador y la progresividad de los derechos, al robar al poder originario, que es el pueblo, el derecho a convocar una asamblea constituyente. Cualquier leguleyería inventada por mercachifles del derecho, es un atropello a la soberanía del pueblo, único que puede decidir si quiere o no cambiar la constitución.

El aquelarre constituyente lo prepara con la complicidad de las rectoras del CNE y el consentimiento de los juristas exprés de la sala constitucional del TSJ. El fin único es impedir, como vienen haciéndolo desde el revolcón inolvidable de las parlamentarias 2015, que los venezolanos vuelvan a votar en su contra. En dos horas aprobaron la solicitud presidencial de revocatorio, en un día anunciaron abierto el proceso, en dos abrieron una preinscripción para los aspirantes, para que luego Jorge Rodríguez, el cerebro de los trucos electorales y jefe maquiavélico del comando Zamora 200, anunciara que se habían inscrito por internet en apenas 3 días, 55.314 aspirantes a desechar la constitución de su amado comandante eterno por un bodrio que entregue el país a la comandita de usurpadores de la democracia.

Los magistrados cumplen su papel de obrarse en la constitución de Chávez, autorizando con su autoasignado poder supraconstitucional, que Maduro haga una constituyente. Es su patente de corso, la de todos, para no pagar cuentas pendientes. Así, Tibisay agarró el canal de 200 y ya está recibiendo los documentos de los aspirantes a candidatos. Mientras los peticionarios del referendo revocatorio debieron esperar tres meses por el formato de las planillas para recoger las firmas, sorprendentemente los aspirantes a constituyentes ya tienen las suyas. No tendrán que pasar por un proceso de inspección severísima sino por un “chequeo aleatorio” para confirmar la autenticidad de las firmas que lo proponen.

De esta forma, los poderes ejecutivo, judicial y electoral han incurrido en gravísima falta contra el pueblo y contra la constitución vigente. Los motivos son clarísimos: impedir cualquier proceso electoral, distraer la atención del foco central que es la petición mayoritaria de un cambio de gobierno, acabar con los poderes constituidos, disolviendo la opositora Asamblea Nacional y sacando de la Fiscalía a Luisa Ortega Díaz, quien ha decidió en los últimos tiempos no sumarse al grupo que en un futuro no lejano será reo de La Haya.

La jugada de la constituyente es redonda. Introducirán en la carta magna todo lo que es calificado por los venezolanos y por el mundo de ilegal, inconstitucional o inmoral. Centralizarán el poder, anularán lo que les estorba: gremios, sindicatos, derechos de propiedad, libertad de expresión, libre mercado, educación electiva, empresa privada. El modelo cubano a seguir será el de un solo partido, un solo periódico, una sola educación, propiedad comunal. Y un gobernante hasta la muerte.

“¡No chico, yo no creo, Venezuela no es Cuba!” decían los venezolanos cuando los cubanos de Miami señalaban los terroríficos parecidos de la revolución chavista con el régimen de La Habana. Ahora son pocos los que dudan que Maduro aplica el manual cubano, con la aspiración de quedarse sempiterno como los Castro. Lo apoyan todos los vividores, corruptos, narcos e idiotas que creen aún en ese sueño del socialismo del siglo XXI.

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En las últimas semanas, hemos visto como los llamados “fundadores” del chavismo, se deslindan de los métodos bárbaros de reprimir la justa protesta popular y de la imposición de una constituyente que dejará el legado de Chávez en la basura. Mientras el régimen parece indetenible en su proyecto constituyente, sus marchas son cada vez más raquíticas, el apoyo social más tibio. Solo los malandros y los radicales siguen vociferando amenazas e insultos, cada vez más apagados sus sonidos, arropados por el griterío en las calles de Venezuela exigiendo libertad.

Ya no están ni Chávez ni Fidel para imponerse a la locura de sus desaforados y desangelados herederos. Están de su cuenta y se nota en la torpeza de su accionar, en su sordera y ceguera ante el inmenso tsunami de una revuelta de indignados, en su temeraria indiferencia ante la muerte y el dolor.

Venezuela está pagando caro no haber tomado a tiempo medidas correctivas de esta tragedia. Está pagando haber escuchado el canto del de Sabaneta y el silbido del heredero, que no sabemos su procedencia. Todo ha estado mal acá desde que Chávez se lanzó a su última campaña sabiendo que jamás ejercería a la presidencia, sabiendo que engañaba a sus votantes porque le quedaba poco de vida. Y él lo sabía y mintió y engañó. Su proyecto jamás fue democrático sino una dictadura unipersonal con visos marxistas, populistas y disfraz de democracia. Carecía de gente brillante que supliera su atrevida ignorancia porque no podía permitir que lo opacaran. Por eso los cabello, los jaua, los chacon, los isturiz, los maduros y flores, medrando a su alrededor. Por eso la economía venezolana se fue a pique, por eso la educación desmejoró, por eso Venezuela dejo de ser un país en vías de desarrollo para convertirse en la nueva rica ordinaria que dilapidaba sus recién adquiridas riquezas buscando socios fuera de casa que lo mantuvieran en el poder.

El proyecto planetario del finado fracasó, murió dejando a Venezuela no solo en puertas de la debacle económica sino dividida, sembrada de un odio de clases y una ´bajeza moral jamás vistas. Los herederos han superado con creces la maldad precedente. A tal punto, que nadie les quiere. No hay sitio en el planeta que les reciba gustosos. Un gobierno que permite que los bebés mueran al nacer por falta de oxígeno en un hospital, que no le importa que los viejitos fallezcan por carencia de sus medicinas, que los niños tengan graves problemas de desnutrición, que los venezolanos pierdan peso por hambre y angustia, que los jóvenes sean asesinados buscando su libertad o que se vayan del país. El régimen ha ofendido a los venezolanos, separado a las familias, irresponsable totalmente ante lo que sucede en las calles.

Si cree que con el invento de la constituyente se calmará el país, equivocó la jugada. La constituyente será la última plaga sobre Venezuela. Después de esto, como sucedió en Egipto, vendrá la libertad.

Por Charito Rojas  @charitorojas

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