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(22/06/2017) El gobierno no tiene vuelta atrás. En vez del diálogo y consenso mínimo, escaló su enfrentamiento contra la sociedad. Se propone someterla a un control absoluto o desaparecer en el intento.

Por Simón García  En Tal Cual

No sólo cierra definitivamente el camino electoral sino que acentúa el desmantelamiento del aparato productivo; abandona el orden democrático; reprime salvajemente a los ciudadanos y los condena a la orfandad: que cada quien se ocupe de su sobrevivencia. La crisis económica y social no desvela a la pequeña cúpula, asfixiada en abundancias y privilegios que no dejarán voluntariamente.

Para el poder totalitario nada ni nadie tiene derecho a existir sin su aprobación. Se coloca por encima de la Constitución y sustituye al pueblo como titular de la soberanía. Su interés exclusivo es perpetuarse en el poder como sea. Aislado y reducido a condición de minoría, se hace incompatible con la libertad.

La única respuesta eficaz que tienen los ciudadanos es la desobediencia pacífica y la intensificación de la protesta democrática contra un poder que se rebela contra la Constitución. El pueblo, desarmado y sin recursos, tiene que derrotar a la dictadura con inteligencia, con organización, ampliando sus alianzas y redefiniendo su visión sobre la calle.

Un hecho cambia los datos de la política posible. El poder se fracturó. Aunque nos cueste admitirlo, ha emergido un chavismo que es demócrata. Siempre estuvo allí, latente y encapsulado por el vigilante control autoritario, alérgico a la menor disidencia.

La lucha para impedir la realización de la Asamblea Constituyente es una responsabilidad de la MUD y del chavismo democrático. A pesar de los prejuicios mutuos y la falta de reconocimiento del otro, están condenados a sellar un compromiso mutuo. Sin este acuerdo resultará más difícil, costoso y prolongado el restablecimiento del Estado de Derecho y de un orden social capaz de superar las actuales calamidades de la gente.

Un nuevo formato de la lucha es indispensable si se piensa estratégicamente en la activación del 350. Un plan presidido por una alianza nacional y plural, entre factores políticos y sociales, para iniciar una transición negociada, la formación de un gobierno democrático de unidad y la complicada labor de reconstruir al país, refundándolo.

El madurismo no defiende principios, sino cuentas bancarias.

Ya no tiene proyecto de país que defender porque están atareados en saquearlo. Aunque parezca una descalificación, al contemplar el país que están dejando, se podrá concluir que es una descripción benévola. Maduro debe abandonar la escena.

La ruptura entre la mayoría de la sociedad y el régimen es irreversible. Habrá diálogo, pero no con Maduro sino con los sectores constitucionalistas que están emergiendo como expresión del chavismo democrático. La Fiscal General y la Asamblea Nacional son los símbolos del país que merecemos y vamos a tener.

La insurrección armada del totalitarismo contra la República debe ser sometida a fuerza de paz, unidad y con una lucha que la dictadura no podrá detener.

Por Simón García  En Tal Cual

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