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(22/07/2017) Difícil de creer en una sociedad democrática, que debería ser protegida por la Fuerza Pública, que utiliza armas compradas con el dinero de las arcas nacionales o canjeadas por petróleo, para masacrar al venezolano. Un armamento que ha contribuido con la impagable deuda externa, un gasto astronómico que hicieron para, según ellos, contrarrestar el ataque del imperialismo.

En estos momentos el imperialismo es cada venezolano que sale a la calle a defender la libertad o que se queda en la casa viendo como cada día tiene menos medios de comunicación para entender lo que está pasando o que tiene que verse obligado a dejar su trabajo sin terminar para salir a marchas del gobierno donde se le exige su asistencia, so pena de quedarse sin empleo.

En Venezuela hemos llegado a un punto donde la función de la Fuerza Armada es al revés. Parte de ellos, aupados u obligados por el mismo gobierno, actúan como delincuentes. Por supuesto que no todos, unos más salvajes que otros que quizás se ven obligados a formar parte de este batallón del crimen. Ellos no solo tienen armas, ellos atacan sin miramientos, respaldados por una horda de matones denominados colectivos, también alimentados con las arcas nacionales. Son gente peligrosa formada para matar.

Difícil creer, pero no disparan solamente a la gente que está en la protesta, en la calle, la mayoría que tienen como ideal máximo la libertad con todo lo que esto implica, no solamente les pasan por encima con tanquetas, utilizando todo su armamento. El gobierno los autoriza a matar a quien no lo respalde y en consecuencia los dotan de toda clase de armas. En varias oportunidades el Dictador ha dicho públicamente y sin miramientos, lo que no hagamos con los votos, lo haremos con las armas

Difícil creer, pero entran a las casas, golpean y disparan a la gente, no importa la edad ni el sexo, los ahogan con bombas lacrimógenas. Destruyen todo a su paso, invaden, atacan a las personas quienes quizás solo han visto la batalla de lejos o que se han escondido para no ser asesinados. Todo es un desbarajuste que al final deja muertos, heridos, siempre a los indefensos.

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En Venezuela estamos ante un escenario donde una oposición mayoritaria, ha demostrado civismo y lucha con el voto en la mano en una jornada llena de esperanza, de buenagentismo, de organización. Una jornada que en poco tiempo demostró que se puede vencer al gobierno porque es demasiado malo, que utiliza una batalla campal de propaganda y cadenas oficiales, sin importar el tiempo de transmisión por radio y televisión y que también representan gastos para el menguado presupuesto del país.

La oposición ha demostrado que no es violenta, pero ante el ataque, de una u otra manera tiene que defenderse, aunque sea con armas irrisorias si se compara con el armamento que maneja la fuerza Armada, acompañada de colectivos.

Agresión salvaje, cada vez más intensa, con víctimas que cada día ascienden en números inimaginables de muertos, heridos, apresados, torturados, en un país que según dicen sus gobernantes, está en paz, donde no hay escasez, ni torturas, ni despilfarro y corrupción.

Cada día, cada noche los asaltos se ven en cualquier lugar en cualquier ciudad, dondequiera que se haga una protesta. A veces han disparado a quien solo lleva una bandera o toca un violín, o que pasa por la calle para ir de un sitio a otro sin nada en la mano.

En las calles de Venezuela se ven barricadas, la gente se organiza, sin propósito de violentar. Solo con la intensión de llamar la atención sobre lo mal que estamos. Es la forma de gritar ante la nación y el mundo que aquí las cosas andan mal, muy mal.

Todo consiste en desviar el tránsito, impedir la circulación por unas horas, gritar consignas contra el gobierno. Toda una población que no tiene intención de agredir, pero se defiende aunque en el medio de todo termine asesinada, maltratadada, aprisionada.

Por Nancy Colina en Noticiero Digital

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