KennedyMaduro

(10/08/2017) Joseph P. Kennedy II, ex miembro del Congreso de EEUU por Massachusetts, quien durante 9 años manejó el programa de donación de combustibles que Chávez aprobó para los habitantes del noreste de EEUU, manifiestó a través de un artículo publicado en Washington Post, una dura posición frente al decadente líder de la revolución chavista.

Es tiempo que Maduro se vaya

 Por Joseph P. Kennedy II en el Washington Post / Traducción libre del inglés por lapatilla.com

El presidente Nicolás Maduro ha abusado del legado del presidente Hugo Chávez, robándole la democracia al pueblo, reprimiendo sus derechos humanos y negando a 31 millones de venezolanos su derecho a una vida decente y próspera. Es hora de que se vaya.

Mi familia tiene una larga historia de amistad con el pueblo de Venezuela. Ellos recibieron al presidente John F. Kennedy y a mi padre, Robert F. Kennedy, después del lanzamiento de la Alianza para el Progreso en América Latina, que puso el dinero no en armas y cohetes, sino en viviendas y educación y empleo. Y he visto esa calidez y amistad cuando he caminado por el barrio Kennedy de Caracas llamado así por mi padre.

Durante mis primeras visitas a Venezuela hace casi 40 años, fui testigo de cómo los gobierno ricos en petróleo le fallaron a los pobres venezolanos. Más tarde, vi cómo, bajo Chávez, se proporcionó un mejor acceso a la vivienda, a la atención de la salud, la nutrición y la educación, junto con reducciones significativas en la pobreza y un marcado incremento en la participación electoral. Su estilo de liderazgo era poco convencional y estaba lejos de ser perfecto, pero representaba un cambio bien recibido respecto a gobiernos de la élite que usaban la riqueza petrolera de Venezuela para enriquecerse a sí misma.

Los esfuerzos de Chávez para ayudar a los países de la región con el petróleo a descuento -junto con su compromiso de ayudar a las familias estadounidenses que luchan por mantenerse calientes en el invierno- eran también dignos de elogio y contrastaron con la forma en que otros países productores de petróleo, llenaban sus bolsillos a expensas de los pobres. Como presidente de Citizens Energy, estaba orgulloso de nuestro trabajo con Venezuela y su compañía petrolera Citgo para proporcionar asistencia de calefacción durante más de una década a millones de estadounidenses pobres, incluyendo tribus nativas americanas de Alaska a Maine, de más de 200 personas sin hogar y familias en apuros que luchan en más de 20 estados de EEUU

Al igual que todos los líderes políticos, Chávez tenía sus defectos, y expresé mis preocupaciones directamente con el entonces presidente sobre su guerra de palabras con el entonces presidente George W. Bush y alentarle una mayor cooperación con los Estados Unidos. Pero Chávez nunca evitó exponerse ante el pueblo en una serie de elecciones, incluyendo un referendo revocatorio. Los ideales de su Revolución Bolivariana – para liberar a los pobres y utilizar los increíbles recursos naturales de Venezuela para mejorar sus vidas – fueron loables. Pero tristemente, bajo su sucesor, la revolución se ha salido de los rieles, descendiendo a la dictadura.

Frente a la caída de los precios del petróleo, a una economía en recesión, a las protestas callejeras y a un resurgimiento de la oposición que controla la Asamblea Nacional, Maduro ha descartado el compromiso de Chávez con las elecciones democráticas y se ha dispuesto a reescribir las reglas para suprimir cualquier vestigio de poder compartido. Ha encarcelado a opositores políticos como Leopoldo López y Antonio Ledezma, controló la Corte Suprema, y negó el flujo de la tan necesaria ayuda humanitaria. Ha dado el control militar sobre sectores cruciales de la economía, ha detenido a los disidentes sin juicio y ha pospuesto las elecciones regionales. Al despojar de los poderes a la Asamblea Nacional y bloquear el referendo revocatorio, ha socavado aún más el espíritu venezolano de una democracia vigorosa.

El mes pasado, en un intento flagrante de poner fin a todo el parlamento democráticamente elegido, elaboró un referéndum para una nueva Asamblea Constituyente que reescribirá la constitución y asumirá amplios poderes, incluida la posible disolución de la Asamblea Nacional. Esto plantea una amenaza existencial a lo que queda de la regla pluralista del país. El pasado fin de semana, destituyó a la Fiscal General del país, que se había opuesto a la votación, y la reemplazó con un seguidor más complaciente.

He instado personalmente a Maduro a liberar a los opositores políticos y a trabajar con Estados Unidos para combatir el narcotráfico, el tráfico sexual y restringir el movimiento de terroristas. Ese consejo, entregado antes y después del fin de nuestro trabajo con Venezuela hace dos años, fue ignorado.

El sufrimiento del pueblo venezolano sigue siendo horrendo. Millones de personas pasan hambre, los medicamentos son escasos y la mortalidad infantil está aumentando junto con la tasa de homicidios. Es simplemente desgarrador ver a un país bendecido con riquezas naturales caer en el caos.

Si Maduro continúa su curso actual, se le impondrán sanciones globales adicionales y más duras contra él y las personas cercanas a él que se benefician del sistema corrupto. Para acelerar su salida, la comunidad internacional debería ofrecer un programa masivo de ayuda humanitaria, alivio de la deuda y nuevos capitales para reinvertir en la industria petrolera y poner en marcha la economía, todos condicionados a su renuncia.

También es esencial la liberación inmediata de los presos políticos, la plena libertad de López y Ledezma (que fueron puestos esta semana en arresto domiciliario) y la restauración de los derechos democráticos de la oposición y de los medios de comunicación. El gobierno interino debe respetar los poderes de la Asamblea Nacional controlada por la oposición y asegurar que las nuevas elecciones sean libres, justas y monitoreadas internacionalmente.

Lo más importante, debe haber elecciones para elegir otro presidente el próximo año. De no ser así, una de las naciones más grandes de América Latina descenderá aún más en el cenagal de la gobernanza militar, el malestar y la traición a la democracia y al estado de derecho.

Nuestros dos países han estado juntos desde nuestra propia revolución hace cerca de 250 años, cuando Francisco de Miranda, héroe de la independencia venezolana, luchó al lado de nuestros patriotas en la lucha de Estados Unidos por la libertad. Hoy debemos estar al lado de los patriotas en Venezuela que representan las aspiraciones de todos los venezolanos, ricos o pobres, para la democracia y la prosperidad.

La Patilla

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