dialogo_en_venezuela_2017

(17/09/2017) No hay voluntad política en Venezuela para llegar a una mesa de diálogo, que abra las puertas de la gobernabilidad y detenga la atroz violencia ejercida contra niños sin atención médica, ancianos humillados para cobrar la mísera pensión, enfermos de Sida que no reciben tratamiento, afectados de enfermedades de cáncer sin recibir quimioterapia o radiaciones porque no hay ni los químicos ni los aceleradores lineales funcionando.

No hay voluntad política cuando el presidente de la República designa como figura del diálogo a los hermanos Rodríguez. Nadie duda que Delcy y Jorge sean políticos hábiles e inteligentes. Hemos visto a Jorge Rodríguez en su programa, dirigiéndose a Julio Borges, por ejemplo, en un tono de amenaza, de que contará lo que hablaron, las veces que se encontraron y dónde lo hicieron.

Ahí uno entiende que no hay ningún acuerdo entre caballeros, que lo importante no es el pueblo que sufre y el país que padece la terrible inflación y escasez. Y también el país ha visto a una astuta y bien hablada Delcy, que no tiene un ápice de diplomacia, haciendo gala de ese verbo duro y descalificador. Y Roy Chaderton, el mismo que dijo que una bala en la cabeza de un opositor suena hueca.

Cuando son esas las primeras figuras del Gobierno que aparecen a representar al presidente en el diálogo, no hay duda que eso no tiene futuro. Y menos aún cuando personajes como Manuel Rosales, Luis Florido y Julio Borges, que no representan a ese saco de gatos que es la Oposición, son la contraparte; Rosales hace mucho rato se desinfló como líder, Florido no logró ni ganar la candidatura en Lara y Borges es un personaje descalificado por Jorge Rodríguez. No hay en ese diálogo ni la voluntad política ni los interlocutores válidos. Este país necesita de líderes dispuestos a entenderse de verdad.

Sebastiana Sin Secretos

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