Trauma_post_electoral

Estoy escribiendo este artículo el jueves 12 de octubre 2017 y saldrá publicado el lunes 16, es decir, lo escribo antes de las elecciones regionales y lo leerán mis valientes y desocupados seguidores, después de conocidos los resultados (bueno, esto último nadie en este país lo puede garantizar).

Por Tulio Álvarez en Tal Cual

El asunto es que en esas condiciones escribir un artículo llamando a votar sería extemporáneo y celebrar por adelantado sería muy riesgoso. ¿Sobre qué escribo entonces?. Si toco un tema no electoral, corro el riesgo de que nadie lo leerá por descontextualizado. ¿Qué pasará si no envío mi contribución al periódico?. Lo más seguro es que, después de 7 años ininterrumpidos publicando los lunes cada quince días en TalCual, nadie extrañará mi artículo. Esa es la buena o mala suerte de los articulistas desconocidos.

Pero cómo dice Chuito Marcano, el mascalacachimba de Marigüitar, ¿quién dijo miedo?. Dedicaré estas líneas a hacer un ejercicio de caracterización de las conductas postelectorales de ambos bandos después de conocidos los resultados. Pero no escribiré de euforias, sino de traumas producidos por un resultado adverso. Aclaro desde ya, que no lo haré sobre los abstencionistas “opositores”, ya que la verdad no sabría cuál es el resultado que los deprimiría. Para estos amigos la mayor alegría sería ver a la MUD derrotada, pero si contra sus apuestas la oposición gana las elecciones, se alegrarían si el gobierno destituye a los gobernadores opositores electos por no reconocer a la ANC. Pero vayamos a lo que vinimos.

Si es la MUD la que gana la mayoría de las gobernaciones, la reacción de los camaradas variará según su nivel de enchufamiento al poder. Los socialistas millonarios a costa del erario público son los que sufrirán el trauma más severo. Estar en las listas de sancionados y el peligro de perder la teta principal, seria agobiante para un ser humano que el único riesgo que ha asumido en la vida es no lavarse las manos después de contar como propio, el dinero ajeno. El solo pensar que tendrán que huir a Irán Cuba o Corea del Norte, los descompone. Luego están los funcionarios medios de las gobernaciones rojitas, que no han robado, sino que viven del sueldo y de las Bolsas CLAPS. Tendrán una depre distinta a los primeros. Ver derrumbarse un proyecto político que inexplicablemente apoyan de corazón, supondrá un duelo muy doloroso. Por último, están los líderes partidistas de esa tolda quienes tienen real y poder. Veamos sus posibles reacciones.

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Primera reacción: La calentera con Tibisay porque las trampas y marramucias no funcionaron. Segunda reacción: La calentera con los dedocrátas del partido porque los lanzaron como candidatos a una derrota anunciada. Tercera reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos, si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Cuarta reacción: Reclamar al gobierno un puesto “donde haiga”, como pago por el sacrificio. Quinta reacción: Comenzar a declarar en los medios públicos que se adhieren a las filas del “chavismo disidente”, como medida precautelativa ante la debacle de las presidenciales de 2018.

Desconcierto, sorpresa, tristeza y arrechera

Si el PSUV, contra todos los pronósticos y el sentido común, obtiene una victoria, esta sería la conducta de los opositores alineados a la MUD.

  • Primera reacción: desconcierto, sorpresa, tristeza y arrechera.
  • Segunda reacción: culpar al CNE por haber impedido las sustituciones, haber trasladado los centros electorales a horas del evento electoral, y por supuesto culpar a los abstencionistas por su ceguera política.
  • Tercera reacción: culpar a Ramos Allup, Borges y hasta a Leopoldo López por su ingenuidad al ir a unas elecciones amañadas y trampeadas.
  • Cuarta reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos. Si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir.
  • Quinta reacción: Darse cuenta que la pelea es peleando, sacudirse la depresión y echarle bolas para lo que viene, no sin dejar de caerle encima y verle el hueso blanco a los líderes de oposición (esto último sería opcional).

Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral.

Por Tulio Álvarez en Tal Cual

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