suicidio-electoral

“Guarda silencio ante el Señor y espera en El. No te alteres cuando veas que los perversos se salen con la suya. En el tiempo exacto, en el lugar preciso, cuando todo parezca perdido, Dios mostrara Su poder y todo va a estar bien”. Salmos, 37,7.

La oposición venezolana está hoy en su propio muro de los lamentos. Achacándose culpas, desorientados por lo que se creyó iba a ser un rotundo triunfo y resultó en un petardo con causas conocidas y culpables identificados. Mientras, el oficialismo celebra un triunfo ganado con ventajismo, arbitrariedades e impudicias, conductas ya conocidas y practicadas con anterioridad pero esta vez sobrepasando límites de legalidad y decoro.

Agotada por cuatro meses de sangre y fuego en las calles, con la protesta aún gritando en las gargantas, se convoca a un “plebiscito”, sin valor vinculante pero con un efecto mediático altamente estimulante y provechoso para la oposición. El gobierno responde pasando sobre la constitución y la voluntad de los venezolanos instalando una constituyente fraudulenta que solo representa al chavomadurismo. Pero el golpe anímico sobre la oposición fue devastador, así como los dimes y diretes sobre diálogos entre el gobierno y la MUD y las oferta de hora cero que nunca se concretó. Aprovechando esta desazón de la oposición y la crítica creciente a la MUD, el gobierno actúa como un solo bloque, convocando unas elecciones de gobernadores a través de la ANC, obedecidas por el CNE, protegidas por los militares, respaldadas por el TSJ.

La campaña, como siempre, tuvo amplia ventaja para los candidatos del régimen. Las páginas web de organismos públicos se llenaron de publicidad electoral de los suyos; la asistencia de los empleados públicos -aun los que estaban de vacaciones- era obligatoria para actos de campaña. La red de televisión y radio que pertenece al Estado venezolano transmitió la campaña de los candidatos rojos 24×7, violando la norma con la bendición de las rectoras. La red de autobuses rojos dejaron de prestar servicio al público para ser transporte permanente a los actos de campaña. El dinero fluyó para engrasar todos los ejes que se resistieran.

Confiados en los extraordinarios resultados de las parlamentarias de 2015, donde la oposición sacó el 67% de los votos contra el 33% del oficialismo; en la abrumadora concurrencia del plebiscito, donde 7 millones y medio se manifestaron en contra del gobierno; y sobre todo en el masivo apoyo nacional e internacional contra Maduro, la MUD decidió concurrir a esas elecciones para demostrar una vez más que la oposición es mayoría, con la seguridad de que el mapa de Venezuela se pintaría de azul.

Ganar las gobernaciones debió ser punto de honor para la oposición democrática. Y sin embargo, no lo fue. Pesó mucho más el pesimismo (“nos van a hacer trampa”, “ de todas maneras ellos no van a gobernar”), la crítica a la dirigencia ( “la MUD nos traicionó”, “están negociando”, “congelaron la protestas por unos carguitos de gobernadores”), los abstencionistas (“dictadura no sale con votos”, “no vamos a legitimar la ANC”) y las disputas entre miembros de uno y otro partido, que afectaron la campaña, el discurso, la participación en las mesas.

El CNE para lavarle la cara a la ANC, dijo acatar su orden de celebrar unas regionales, cuando han debido hacerlo en diciembre pasado. El medalaganismo se extendió a la convocatoria, los partidos tuvieron que inscribir sus candidatos a la carrera, sin haber celebrado primarias ni consensos, confiando que legalmente el CNE debía retirarlos cuando declinasen en el candidato único. No fue así. Aparte de no aceptar la tarjeta de la Unidad, el CNE permitió un tarjetón donde estaban otros candidatos que ya no participaban, lo cual confundía al elector.

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Constituyente, CNE y Fanb actuaron en bloque para usar todo el poder del gobierno para obstaculizar a los electores de oposición y favorecer la victoria del PSUV, su partido.

Miembros de mesas y testigos de oposición sacados de los centros por el Plan República bajo amenaza de ponerlos presos si protestaban, para así apoderarse del proceso, permitir el voto asistido, votar con cedulas ajenas, sin tinta indeleble, movilizando votantes con vehículos y dineros públicos, puntos rojos en la salida de los centros donde se entregaban bolsas clap y chequeaba la asistencia mediante el carnet de la patria, bandas de motorizados atemorizando a las filas de votantes, exhibición descarada de propaganda oficial.

El colmo fue la migración de casi 800.000 votantes a última hora, trasladados a centros electorales alejados, de difícil acceso, sin transporte. Casualidad: los centros migrados sumaban 80% de votos opositores.

La MUD no tuvo el tiempo, el liderazgo ni las palabras precisas para convencer sobre la importancia de ganar estas elecciones, cuando el mundo entero ya está claro acerca del régimen que tiene Venezuela. El voto debió ser contra el gobierno, no contra la MUD. El suicidio de la oposición venezolana, ocasionado por mala conducción, cansancio, abstención y también la ausencia de más de 2 millones de venezolanos que emigraron.

Los números hablan: 5.571.859 votos para el PSUV, 4.858.353 votos para la oposición. En relación a las parlamentarias de 2015, el PSUV recuperó 600.000 votos, mientras que la oposición perdió 2 millones 300 mil votos. Ya sabemos por qué y dónde se quedaron los votos faltantes de la oposición. En Carabobo la campaña calificada de loca, showsera, desbocada, de Rafael Lacava obtuvo 52.75% contra el 45,62% de la campaña seria, con mensaje y decencia de Alejandro Feo La Cruz. ¿Por qué? Sencillo: los centros fuertes de la oposición estuvieron vacíos. La abstención en Carabobo fue la tercera más alta del país.

En un país donde hasta los zamuros se mueren de hambre, es difícil digerir estos resultados.

El fraude electoral no tiene pruebas contundentes. Los votos están allí, pero el detalle está en cómo los capturó el oficialismo. Ahora queda preguntar a la MUD, cuál será su próximo paso. Evidentemente, nadie quiere votar en estas condiciones, con ese CNE y este gobierno. Pero tampoco nadie abandona un juego en el quinto inning porque va perdiendo. Y en este match terrible que juega Venezuela puede haber hasta extra inning y hay que tener el brazo fuerte para optar al triunfo.

La oposición debe asumir colectivamente la responsabilidad por este revés electoral. Los líderes se equivocan, los electores, los abstencionistas y los críticos también. La experiencia debe enseñar que sólo la unidad da el triunfo. Habrá elecciones municipales en diciembre. El gobierno aprovecha así su racha victoriosa y el desánimo y división de la oposición. Suicidarse o vivir para triunfar. Los demócratas venezolanos deben escoger su opción ya.

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@charitorojasp

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